El Remanente De Israel

¡Cómo amo Tu Toráh, O YAHWEH!Medito en ella todo el día.Tú me has hecho más sabio que mis enemigos,porque Tus mitzvot son míos para

siempre.Tengo más entendimiento que todos mis maestros porque Tu instrucción es mi meditación,Entiendo más que los ancianos,porque

guardoTus mandamientos.Aparto mis pies de todo camino maligno,para guardar Tus Palabras.No me aparto de Tus juicios,porque Tú me has

instruido.¡Qué dulce a mi gargantason Tus oráculos,verdaderamente más dulce que miel en mi boca!De Tus mandamientos adquiero

entendimiento;por esto odio todo camino de injusticia

Con esta Senal venceras

Xριστου-Christo

SECCION II LA JUSTIFICACION POR LAS OBRAS

A los adoradores de Nimrod y su reina se les consideraba como

regenerados y purificados del pecado por el bautismo, bautismo

que recibía su virtud de los sufrimientos de estas dos grandes

divinidades babilónicas. Sin embargo, con respecto a la justifi-

cación, la doctrina caldea era la de que por medio de las obras y

de los méritos de los mismos hombres, era como ellos debían

ser justificados y aceptados por Dios. Las siguientes notas de

Christie en sus observaciones anexadas a los Misterios Eleusinos

de Ouvaroff, demuestran que eso era lo que se pretendía. “El

señor Ouvaroff ha sugerido que uno de los grandes objetivos de

los Misterios era el de presentar a los hombres caídos los medios

para su regreso a Dios. Estos medios eran las virtudes catárticas

(es decir, las virtudes por medio de las cuales se quita el peca-

do), por cuya eficacia iría a ser vencida la vida corporal. En

efecto, los Misterios recibieron el nombre de Teletae, ‘las per-



53

HUMBOLDT,Investigaciones Mejicanas, vol. I. p. 185.



228

Lo Que Usted Debe Saber


fecciones,’ porque se suponía que ellos inducían a la perfección

de la vida. A los que eran purificados por ellos se les decía

teloumenoi y tetelesmenoi, es decir, ‘llevados... a la perfección’,

lo que dependía de los esfuerzos del individuo.”

54En la Metamorfosis de Apuleyo, quien fue iniciado en los misterios de Isis,

encontramos expresada claramente la misma doctrina de los

méritos humanos. Allí aparece la diosa dirigiéndose de esta

manera al héroe de la fábula: “Si te haces MERECEDOR a la protección de mi divinidad por la obediencia asidua, la devoción religiosa y la castidad inquebrantable, te convencerás de que a mí, y solamente a mí, me es posible prolongar tu vida más allá de los límites que han sido señalados para ella por el destino.”

55

Cuando el propio individuo ha recibido una prueba del

supuesto favor de la divinidad, los espectadores expresan así sus

congratulaciones: “¡Dichoso, por Hércules!, y bendecido tres

veces el que haya MERECIDO por la inocencia y la probidad de

su vida pasada, tan especial auspicio del cielo.”56Así era en vida.

Pero también en la muerte el gran pasaporte en el mundo

desconocido, seguía siendo los méritos de los mismos hombres,

aunque el nombre de Osiris se les daba, como lo veremos pron-

to, a aquellos que morían en la fe. “Cuando [en Egipto] los

cuerpos de las personas notables,” dice Wilkinson, citando a

Porfirio, “eran embalsamados, les sacaban los intestinos y los

ponían en un recipiente, sobre el cual uno de los embalsamado-

res (después de haberse realizado algunos ritos por el muerto)

pronunciaba una invocación al sol en nombre del difunto.” La

fórmula, según Eufanto, quien la tradujo del original al griego,

era la siguiente: ¡Tú, oh Sol, nuestro señor soberano!, y todas las

deidades que le han dado la vida al hombre, recíbanme, y denme

una morada con los dioses eternos. Durante todo el curso de mi

vida he adorado escrupulosamente a los dioses que mi padre me

enseñó a adorar; siempre he honrado a mis padres, que engen-



54OUVAROFF, pp. 183,184.

55Metamorfosis, cap. 11.

56Metamorfosis, cap. 11.

57WILKINSON, vol. V. pp. 463,464.



229

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre



draron este cuerpo; no he matado a nadie, no he estafado, ni

hecho mal a ningún hombre.”

57

Así, los méritos, la obediencia,

o la inocencia del hombre constituían la gran súplica. La doctri-

na de Roma con respecto al artículo fundamental de la justifica-

ción del pecador es la misma. Por supuesto, probaría poco por

sí misma con relación a la afiliación de los dos sistemas (el babi-

lónico y el romano), pues, desde los días de Caín en adelante, la

doctrina del mérito humano y de la propia justificación han sido,

en todas partes, connaturales al corazón de la humanidad desca-

rriada. Pero lo que es digno de observarse con respecto a este

asunto es que, en los dos sistemas, está simbolizada

exactamente de la misma manera. En las leyendas papales se dice que el

arcángel San Miguel tiene a su cargo la balanza de la justicia de Dios,

58y que en los dos platillos de la balanza se ponen los mé-

ritos y los desmerecimientos del difunto, para que puedan ser

pesados imparcialmente los unos contra los otros; y que, cuando

la balanza se inclina del lado favorable o desfavorable, él pueda

ser justificado o condenado, según el caso. Por su parte, la doc-

trina caldea de la justificación, como nos lo aclaran los monu-

mentos de Egipto, está simbolizada exactamente de la misma

manera, con la excepción de que, en la tierra de Cam, los plati-

llos de la justicia estaban a cargo de Anubis, en lugar del arcán-

gel San Miguel, y que las buenas obras se pesaban por separado

de las malas, dándose un informe distinto de cada grupo para

que, cuando se contabilizaran y se hiciera el balance, se pronun-

ciara el juicio en consecuencia. Wilkinson dice que Anubis y

sus platillos están representados con frecuencia y que, en algu-

nos casos, hay alguna diferencia en los detalles.Pero es eviden-

te, por sus relatos, que lo principal

no varía. El siguiente es el relato que él hace de uno de esos lugares

del juicio previo para la admisión del muerto en el paraíso. “Cerbero

está presente como guardián de las puertas, cerca de las cuales se

levantan los platillos de la justicia; y Anubis, el director de la pesada, después de

poner un jarrón que representa las buenas acciones del difunto

en un platillo, y la figura o emblema de la verdad en el otro,

procede a averiguar sus peticiones para la admisión. Si, al ser


230

Lo Que Usted Debe Saber


pesado, se le encuentra falto, es rechazado y Osiris, el juez de

los muertos, inclinando su cetro en señal de condenación, pro-

nuncia el juicio sobre el difunto, y condena su alma a regresar a

la tierra bajo la forma de un cerdo o de algún otro animal inmun-

do... . Pero cuando en la SUMA señalada por Tot [que ayuda a

señalar los resultados de las diferentes pesadas de Anubis], sus

virtudes PREDOMINAN hasta el límite que le da derecho a la

admisión en la mansión de los bienaventurados, Horus, toman-

do en su mano la tablilla de Tot, lo lleva a la presencia de Osiris

que está en su palacio, acompañado por Isis y Neptuno, y se

encuentra sentado en su trono en medio de las aguas, de las cua-

les emergen los lotos, que tienen sobre sus flores abiertas los

cuatro genios de Amenti."

59

La misma forma de simbolizar la

justificación por las obras había sido usada, evidentemente, en

la misma Babilonia; y, por tanto, tiene mucho valor la escritura

divina en la pared cuando se efectuó la sentencia de Belsasar:

“Tekel,” “Has sido pesado en la balanza, y hallado falto.” En el

sistema persa, que fue tomado grandemente del caldeo, el prin-

cipio del peso de las obras buenas contra el peso de las obras

malas se desarrolló plenamente. “Durante tres días después de

la muerte,” dice Vaux en su Nínive y Persépolis, al hacer un

recuento de las doctrinas persas con respecto a los muertos, “se

supone que el alma vuela en torno a su vivienda de barro, con la

esperanza de la reunificación; al cuarto día aparece el ángel Seroc

y la lleva al puente de Chinevad. En esta estructura, de la que se

asegura que une al cielo con la tierra, se sienta el Angel de la

Justicia, para pesar las acciones de los mortales; cuando preva-

lecen las buenas obras, el alma es recibida en el puente por una

figura deslumbrante que dice: ‘Yo soy tu ángel bueno; yo era

puro originalmente, pero tus buenas acciones me han hecho más

puro’; y pasando su mano por el cuello del alma bienaventurada

la conduce al Paraíso. Si predominan las iniquidades, el alma es

recibida por un espectro horrible, que grita: ‘Yo soy tu genio del

mal; yo era impuro desde el principio, pero tus malas acciones

me han hecho más impuro; por ti seguiré siendo miserable hasta



59WILKINSON,Los Egipcios, vol. V. p. 447.

60VAUX, p. 113.



231

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


la resurrección;’ entonces, el alma pecadora es arrastrada al in-

fierno, donde Ahrimán se sienta para vituperarla por sus críme-

nes.”

60

Así es la doctrina del persianismo. Lo mismo ocurre en

el caso de China, donde el obispo Hurd, al referirse a las des-

cripciones de las regiones infernales y de los símbolos que se

relacionan con ellas, dice: “Una de ellas siempre representa un

pecador y un par de platillos, con las iniquidades en uno de ellos,

y sus buenas obras en el otro.” “Nosotros encontramos algunas

de estas representaciones,” añade, “en la mitología griega.”

61

Así

describe Sir J.F. Davis el funcionamiento de la norma en China:

“En una obra de alguna importancia sobre las costumbres, lla-

mada Méritos y Deméritos Examinados, un hombre es inducido

a llevar consigo mismo una relación de débitos y créditos de las

acciones de cada día, y a liquidarlas al final del año, si el balance

es a su favor, éste sirve como base para un capital de méritos

para el año siguiente; y si en su contra, deben ser liquidados por

obras buenas futuras. Se dan algunas listas y tablas comparati-

vas, tanto de las acciones buenas como de las malas en las dis-

tintas relaciones de la vida; y se inculca celosamente la benevo-

lencia primero con respecto al hombre, y después con respecto a

las bestias de la creación. Causar la muerte a alguien se cuenta

como un ciento en lado del demérito; en tanto que un solo acto

de caridad descarga las cuentas en uno en el otro lado.... Salvar

la vida de una persona se clasifica en la obra antedicha como el

exacto equivalente del acto opuesto de quitarla; y se dice que

esta acción de mérito prolongará la vida de una persona en vein-

te años.”

62

En tanto que tal forma de justificación es completamente co-

rruptora, por una parte, por la misma naturaleza del caso; por la

otra, nunca se podría despertar, por medio de ella, ningún senti-

miento verdadero de consuelo o de seguridad en el corazón de

ningún hombre cuya conciencia permanezca despierta, en cuan-

to a sus perspectivas en el mundo eterno. ¿Quién podría decir

alguna vez, por bueno que fuese en concepto de sí mismo, si la



61HURD,Ritos y Ceremonias, p. 64, col. I.

62DAVIS,China, vol. II. cap. “Religión - Budismo.”



232

Lo Que Usted Debe Saber



suma de sus buenas acciones” podrían compensar, o no, la can-

tidad de pecados y transgresiones que su conciencia le pudiera

imputar en su contra? Cuán diferente es el plan bíblico, el plan

divino de la “santificación por la fe,” y por la “fe sin las obras de

la ley”, prescindiendo absolutamente de los méritos humanos,

simple y solamente por medio de la justicia “de Dios por la fe de

Jesús el Cristo, para todos y sobre todos los que creen en él.” y

que libera “de toda condenación,” a los que reciban del Salva-

dor inmolado, y están unidos vitalmente a El por la fe. No es la

voluntad de nuestro Padre del cielo que Sus hijos en este mundo

estén alguna vez en duda y en tinieblas en cuanto al punto vital

de su salvación eterna. Indudablemente, incluso un santo, si es

necesario, puede estar abatido por un tiempo por muchas tenta-

ciones, pero esto no es lo normal, ya que el estado normal y

natural del cristiano vital, es el de que conozca la plenitud y la

libertad de las bendiciones del Evangelio de la paz. Dios ha

puesto el más sólido cimiento para que todo Su pueblo diga con

Juan: “Y nosotros hemos CONOCIDOy creído la caridad que

Dios tiene en nosotros”(1 Juan 4:16); o con Pablo: “por lo cual

estoyCIERTOque ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni princi-

pados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni

lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar de la caridad de

Dios, que es el Cristo Jesús, Señor nuestro”(Romanos 8:38,39).

Por esto, ningún hombre puede decir nunca que procurará “esta-

blecer su propia justicia”(Romanos 10:3); que buscará, de alguna

manera, ser justificado por sus propias obras. Tal seguridad, tal

consuelo sólo puede resultar de una dependencia simple y cre-

yente en la gracia libre e inmerecida de Dios, dadoen y junto

con Cristo quien es el don indescriptible del amor del Padre,.

Esto fue lo que hizo que el espíritu de Lutero fuera, como él

mismo lo dijo, “tan libre como una flor del campo”63 cuando,

completamente solo, fue a la Dieta de Worms para enfrentarse a

todos los prelados y a los potentados allí reunidos con el propó-

sito de condenar la doctrina que él sostenía. Esto fue lo que hizo

que, en todas las épocas, que los mártires fueran con tan notable

heroísmo no sólo a la prisión, sino a la muerte. Esto es lo que



63Citado en la Revista de Edinburgo, enero, 1839.



233

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


emancipa el alma, lo que restaura la verdadera dignidad de la

humanidad, y corta de raíz todas las pretensiones abusivas de la

intriga sacerdotal. Es solamente esto lo que puede producir una

vida de obediencia amante, filial, sincera a la ley y a los manda-

mientos de Dios; y que, cuando se acabe la naturaleza, y cuando

el rey del terror esté cerca, puede permitirle a los pobres hijos de

los hombres decir todavía, con el más profundo sentimiento de

humildad: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh

sepulcro, tu victoria?... . Mas a Dios gracias, que nos dio victo-

ria por el Señor nuestro Jesús, el Cristo”(1 Corintios 15:55,57).

Para tan plena confianza en Dios, para tal seguridad en la salva-

ción, el despotismo espiritual de todas las épocas, tanto pagano

como papal, se ha mostrado siempre hostil. Su gran objetivo ha

sido siempre el de mantener alejadas las almas de sus seguido-

res de un trato directo e inmediato con un Salvador viviente y

misericordioso; y, por lo tanto, de la seguridad de Su favor, para

inspirar el sentimiento de la necesidad humana de la mediación,

erigiéndola así sobre las ruinas de la esperanza y de la felicidad

del mundo. Considerando las pretensiones de infalibilidad ab-

soluta que tiene el papado y los poderes sobrenaturales que atri-

buye a las funciones de sus sacerdotes con respecto a la regene-

ración y al perdón de los pecados, podría haberse supuesto, como

cosa natural, que todos sus seguidores se sentirían estimulados

para regocijarse con la seguridad sin límites de su salvación per-

sonal. Pero es todo lo contrario. Después de todos los alardes y

de todas las arrogantes pretensiones, se inculca como una obli-

gación la duda perpetua sobre el asunto de la salvación del hom-

bre al término de su vida, decretándose perentoriamente por el

Concilio de Trento, como artículo de fe, “que ningún hombre puede

conocer con infalible seguridad de fe queHA CONSEGUIDO

la gracia de Dios.”64 Este mismo decreto de Roma, aunque diametralmente opuesto a la Palabra de Dios, imprime sobre sus soberbias exigencias

el sello de la impostura, pues si ningún hombre que haya sido regenerado

por su bautismo, y que



64Concilio Tridentino,Decretum de Justificatione.Articulus IX. Ver SARPI,

Historia del Concilio de Trento, traducido al francés por COURAYER, vol. I. p. 353.



234

Lo Que Usted Debe Saber


haya recibido la absolución de sus pecados puede tener, sin em-

bargo, después de todo eso una seguridad indudablede que le

haya sido conferida“la gracia de Dios,” ¿cuál puede ser el méri-

to de su opus operatum? Sin embargo, busca mantener a sus

seguidores en continua duda e incertidumbre en cuanto su esta-

do final, pues esto “es prudente de acuerdo con su generación.”

En el sistema pagano, el sacerdote era el único que podía antici-

par el funcionamiento de la balanza de Anubis; y, en el confesio-

nario había, de cuando en cuando y en cierto modo, un ensayo

mímico del terrible pesaje que tenía lugar al final en la escena

del juicio ante el tribunal de Osiris. Allí, el sacerdote se sentaba

para juzgar las buenas y las malas acciones de sus penitentes y,

como su poder e influencia se fundamentaban en grado máximo

en el mero principio del terror abyecto, tenía el cuidado de que

la balanza se inclinara generalmente del lado equivocado para

poder tenerlos más sometidos a su voluntad, echando una buena

cantidad de buenas acciones en el platillo contrario. Como él

era el gran juez de lo que pudieran ser estas obras, estaba intere-

sado en señalar lo que fuera mejor para la egoísta exaltación de

sí mismo, o para gloria de su orden; y de esta manera era como

pesaba y contrapesaba méritos y deméritos que siempre dejaban

un gran balance por liquidar, no sólo para el hombre mismo,

sino para sus herederos. Si a cualquier hombre se le hubiera

permitido con antelación creerse absolutamente seguro de la glo-

ria, los sacerdotes podrían haber estado en peligro de ser despo-

jados de sus derechos con respecto a la muerte, beneficios estos

para ser protegidos por todos los medios. Los sacerdotes de

Roma han copiado en todos los conceptos a los sacerdotes de

Anubis, el dios de la balanza. En el confesionario, cuando tie-

nen algo que ganar, hacen que los pecados y las transgresiones

pesen bastante; y luego, cuando tienen que tratar con un hombre

influyente o poderoso, o rico, no le darán la más leve esperanza,

hasta conseguir echar en el otro platillo cuantiosas sumas de di-

nero, o la fundación de una abadía, o algún otro objetivo en el

cual hayan puesto su corazón. En la famosa carta del padre La

Chaise, el confesor de Luis XIV de Francia, al hacer un relato

del método que adoptó para lograr la aquiescencia de ese mo-

narca disoluto para la revocación del Edicto de Nantes, que con-



235

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


cedía grandes beneficios y privilegios a los hugonotes, vemos

cómo el temor a la balanza de San Miguel obró para producir el

resultado deseado: “Hace mucho tiempo,” dice el culto jesuita,

refiriéndose a un atroz pecado del cual había sido culpable el

rey, “hace mucho tiempo, cuando lo tuve en confesión,

sacudí el infierno en sus oídos, e hice que se lamentara, temiera y tembla-

ra, antes de darle la absolución. Por esto, vi que él todavía sen-

tía inclinación hacia mí para tenerlo bajo mi dominio; así puse

las bases para la acción ante él, contándole toda la historia, y

cuán mala era, y que no podía ser perdonada hasta cuando él

hiciera alguna buena acción para BALANCEARLA, y expiar el

crimen. Después de esto, él me preguntó, por fin, qué debía

hacer. Le dije que debía arrancar de raíz a todos los herejes de

su reino.”65Esta fue la “buena acción” para ser echada en la

balanza de San Miguel, para “BALANCEAR” su crimen. El rey,

a pesar de lo perverso que era – apesarado y en contra de su

voluntad – accedió; y la “buena acción” se echó en la balanza, y

los “herejes” fueron exterminados, y el rey fue absuelto. Y sin

embargo, no hubo tal absolución, pues cuando el rey terminó su

camino en la tierra, todavía quedaba mucho por echar antes de

que la balanza pudiera ser cabalmente balanceada. De este modo,

el paganismo y el papismo hacen por igual “mercadería... de

almas de hombres”(Apocalipsis 18:12,13). De este modo, el uno

con la balanza de Anubis, el otro con la balanza de San Miguel,

responden exactamente a la descripción divina de Efraín en su

apostasía: “Es mercader que tiene en su mano peso falso, ama-

dor de opresión”(Oseas 12:7). El Anubis de los egipcios era pre-

cisamente el mismo Mercurio de los griegos,66 el dios de los

ladrones; y San Miguel, en las manos de Roma, resulta ser exac-

tamente de la misma calaña. Por medio de él y de su balanza y

de la doctrina de los méritos humanos, han hecho que se llame a

la casa de Dios nada menos que “cueva de ladrones.” Despojar

a los hombres de su dinero es malo, pero es infinitamente peor

robarles también sus almas.



65MACGAVIN,El Protestante, p. 841, col 2.

66WILKINSON,Los Egipcios, vol. V. pp. 9,10.



236

Lo Que Usted Debe Saber


A los antiguos paganos se les pedía, para asegurar su justifica-

ción, que pusieran en la balanza de Anubis no sólo las buenas

acciones propiamente dichas, sino acciones de austeridad y de

automortificación impuestas sobre sus propias personas para

aplacar la ira de los dioses.

67La balanza de San Miguel exige inflexiblemente ser balanceada

de la misma manera. Los sacerdotes de Roma enseñan que cuando

el pecado es perdonado, el castigo no se suprime completamente por esto.

No obstante lo perfecto que pueda ser el perdón que Dios, por medio de los

sacerdotes, pueda otorgar, aun así, el castigo, grande o pequeño

que los hombres deben sufrir para“satisfacer la justicia de Dios,”

persiste todavía. Muchas veces se ha demostrado que el hombre

no puede hacer nada para satisfacer la justicia de Dios, pues está

irremediablemente en deuda con esa justicia, ya que no “tiene”

absolutamente “nada con que pagar,” por esto, de parte de todos

los que dependen de él, Cristo ha puesto fin a la transgresión,

acabando con el pecado, “el cual fue entregado por nuestros de-

litos, y resucitado para nuestra justificación. Justificados pues

por la fe, tenemos paz para con Dios por el Señor nuestro, Jesús,

el Cristo; por el cual también tenemos entrada por la fe a esta

gracia en la cual estamos firmes”(Romanos 4:25-6:2). Roma insis-

te todavía en que todo hombre debe ser castigado por sus pro-

pios pecados, y que Dios no puede ser satisfecho68sin gemidos

y suspiros, sin laceraciones de la carne, sin torturas del cuerpo, y

sin panaceas sin cuento de parte del ofensor, por mucho que sea

el quebrantamiento del corazón, por muy contrito que pueda es-

tar. Tomando simplemente las Escrituras, esta perversa exigen-

cia de la autotortura por parte de aquellos para los cuales Cristo

ha hecho una completa y perfecta reparación, parecería algo com-

pletamente extraño pero, teniendo en cuenta el verdadero carác-

ter del dios a quien el papado ha puesto para adoración de sus

engañados seguidores, no hay, por lo menos, nada extraño en




67Ver lo que se dice sobre la penitencia en relación con el confesionario

en el Cap. I.

68Obispo HAY,El Cristiano Sincero, vol. I. p. 270. Las palabras del obispo Hay son:

“Pero El exige perentoriamente que, mediante obras penitenciales, nos CASTIGUE-

MOS nosotros mismos por nuestra espantosa ingratitud, y satisfagamos a la justicia

divina por el ultraje a Su misericordia.” Las formas de “castigo” establecidas, como

es bien sabido, son tales como están descritas en el texto.



237

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


esto. Ese dios es Moloc, el dios de la crueldad y de la sangre.

Moloc significa “rey;” y Nimrod fue el primero que, después del

diluvio, violó el sistema patriarcal, y se erigió como “rey” sobre

sus compañeros. Al principio, fue adorado como el “dispensa-

dor de la bondad y de la verdad,” pero pronto se cambió su culto

para que estuviera de acuerdo con su obscuro semblante y con

su temperamento repugnante. Originalmente, el nombre de

Moloc no sugería cosa distinta a crueldad y terror; pero ahora

los bien conocidos ritos asociados con tal nombre han hecho de

él, en el transcurso de los tiempos, un sinónimo de todo lo que es

más odioso para el corazón de la humanidad, y justifica amplia-

mente la descripción de Milton:

“Primero Moloc, horrendo rey, embadurnado con sangre

Oh, el sacrificio humano, y las lágrimas de los padres,

Aunque el ruido estrepitoso de tambores y panderetas

Haga inaudibles los gritos de sus hijos pasados por el fuego

Para su dios siniestro.”

69En casi toda la tierra prevaleció el culto sanguinario, la “horren-

da crueldad,” mano a mano con la superstición abyecta, que lle-

naron no sólo “los lugares obscuros de la tierra,” sino también

las regiones que hacían gala de su civilización. Grecia, Roma,

Egipto, Fenicia, Asiria, y nuestra propia patria bajo los salvajes

druidas, adoraron al mismo dios y de la misma manera, en un

período o en otro de su historia. Sus ofrendas más agradables

eran las víctimas humanas; los gemidos y el llanto eran la músi-

ca más dulce para sus oídos, y se decía que las torturas humanas

deleitaban su corazón. Su imagen llevaba un látigo

como símbolo de “majestad,”70 y en algunas de sus fiestas se les exigía a

sus adoradores que se flagelaran despiadadamente con látigos.

“Después de las ceremonias del sacrificio,” dice Heródoto, ha-

blando de la fiesta de Isis en Busiris, “toda la asamblea, en nú-



69El Paraíso Perdido, lib. I. ll. 392-396, p. 13.

70Ver la imagen de Osiris en la Fig. 18.

71

HERODOTO, lib. II. cap. 61, p. 127, A



238

Lo Que Usted Debe Saber


mero de muchos miles, se flagelaba; pero no estoy en libertad de

revelar en honor de quien se flagelaban.”71

Este sigilo empleado generalmente por Heródoto, tiene que ver con su juramento comoiniciado; pero las investigaciones subsiguientes no dejan duda

con respecto al dios “en cuyo honor” tenían lugar las

flagelaciones. En la Roma pagana, los adoradores de Isis obser-

vaban la misma práctica en honor de Osiris. En Grecia, Apolo,

el dios delio que se identificaba con Osiris,72

era propiciado con panaceas similares por los marineros que visitaban su sepulcro,

como sabemos por los siguientes versos de Clímaco en su himno a Delos:


“Tan pronto llegan a tus aguas bajas, a un mismo tiempo

Bajan las flojas velas y todo el aparejo náutico.

La nave es anclada; y la tripulación no se atreve

A abandonar tus sacros límites, hasta cuando pasan



72Ya hemos visto que el egipcio Horus sólo era una nueva encarnación de Osiris o

Nimrod. Ahora, Heródoto le da a Horus el nombre de Apolo (lib. II. p. 171, C).

Diodoro Sículo (lib. I. p. 15) también dice que “A Horus, el hijo de Isis, se le repre-

senta como Apolo.” Parece que Wilkinson, en una ocasión, puso en duda esta identi-

dad de Horus y Apolo; pero, por otra parte, admite que la lucha de Apolo “con la

serpiente Pitón se deriva evidentemente de la mitología egipcia” (vol. IV. p. 395),

aludiendo a la representación de Horus, donde éste atraviesa la serpiente con una

lanza. Por diversas consideraciones, puede demostrarse que esa conclusión es co-

rrecta: 1. Horus u Osiris, era el dios-sol, como lo era Apolo. 2. Osiris, a quien Horus

representaba, era el gran Revelador; el Apolo pitio era el dios de los oráculos. 3.

Osiris, en el carácter de Horus nació cuando, según se decía, su madre era perseguida

por la perversidad de sus enemigos. Latona, la madre de Apolo, era fugitiva por una

razón similar, cuando nació Apolo. 4. De Horus se decía, según una versión del mito,

que había sido despedazado como Osiris (PLUTARCO, vol. II.,De Iside,p. 358, E).

En la historia clásica de Grecia, esta parte del mito de Apolo se mantenía general-

mente en segundo plano, y se le representaba como el vencedor en una lucha con la

serpiente; pero, aun allí, se admitía algunas veces que él había sufrido una muerte

violenta, pues Porfirio decía que la serpiente lo había matado, y Pitágoras afirmaba

que había visto su tumba en Tripos en Delfos (BRYANT, vol. II. p. 187). 5. Horus era

el dios de la guerra. A Apolo se le representaba de la misma manera como el gran

dios que trae Layard, con el arco y la flecha, que era evidentemente el dios babilonio

de la guerra, habiéndose tomado ciertamente de esa fuente el término “Arcitenense,”

“El portador del arco,” el bien conocido título de Apolo. Fuss nos dice (pp. 354, 355)

que Apolo era considerado como el inventor de disparar con el arco, lo que lo identi-

fica con Sagitario, cuyo origen ya hemos visto. 6. Por último, por Ovidio (

Metam.

,

lib. I. fab. 8, l. 442, vol II. p. 39) sabemos que, antes de pelear con Pitón, Apolo había

usado sus flechas solamente en los corzos, en los ciervos, etc.; todo lo cual prueba

suficientemente su identificación substancial con el poderoso Cazador de Babel.

73CALIMACO, en el original, v. 318-321, vol. I. p. 134.



239

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


Por una horrible panacea; con el áspero látigo

Flagelados tres veces en torno a tu altar.”


73Además de las flagelaciones, había también laceraciones y cor-

taduras de la carne exigidas como ritos propiciatorios por parte

de los adoradores. “En la solemne celebración de los Miste-

rios,” dice Julio Firmico, “los jóvenes o tenían que hacer todas

las cosas en orden o sufrían la muerte.”74

Osiris fue despedazado; por tanto, para imitar su hado, hasta donde lo podían hacer

los hombres vivientes, se exigía que cortaran e hirieran sus propios cuerpos.

Por tanto, los sacerdotes de Baal para lograr el favor de su dios, e inducirle a realizar el milagro deseado cuando contendieron con Eliseo, “clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre,

hasta chorrear la sangre sobre ellos.”75

En Egipto, los nativos en general, aunque liberales en el uso del látigo, parece que se abstenían del cuchillo; pero, aun allí, había hombres que también

imitaban en su propia persona la desmembración de Osiris. “Los

cairinos de Egipto,” dice Heródoto, en la parte ya citada, “se

tratan a sí mismos con mayor severidad todavía en esta solemni-

dad, porque se cortan en la cara con espadas.”76

No puede haber duda que sobre esta práctica hay una alusión directa en el man-

damiento de la ley mosaica que dice: “Y no haréis rasguños en vuestro cuerpo por un muerto.”77

Estas cortaduras en la carne se practican grandemente en la adoración de las divinidades hindúes, como ritos propiciatorios o panaceas meritorias. Es bien

sabido que se practicaban en los ritos de Belona,78 la “hermana”

o la “esposa de Marte, el dios romano de la guerra,” cuyo nom-



74JULIO FIRMICO, p. 18.

751 Reyes 18:28.

76HERODOTO, lib. II. cap. 61, p. 127, A y B.

77Levítico 19:28. Se creía que toda persona que moría en la fe se identificaba con

Osiris, y era llamada por su nombre. – WILKINSON, vol. IV. p.167, Nota.

78“Los sacerdotes de Belona,” dice Lactancio, “sacrificaban no con la sangre de

ningún otro hombre, sino con la suya, lanceándose los hombros; y, blandiendo con

ambas manos espadas desnudas, corrían y saltaban de un lado a otro como locos.” –Lib. I. cap. 2, p. 52.



240

Lo Que Usted Debe Saber


bre “La lamentadora de Bel,” prueba claramente el origen de su

esposo, cuya genealogía rastreaban los romanos con tanta afi-

ción. Los ritos se practicaban también de una manera más sal-

vaje en las exhibiciones de los gladiadores, en las cuales se de-

leitaba tanto el pueblo romano, con toda su ponderada civiliza-

ción. Los desdichados hombres que eran condenados a comba-

tir en estas exhibiciones sangrientas, no lo hacían, por lo gene-

ral, por su propia y libre voluntad. Sin embargo, el principio

que regía tales espectáculos era exactamente el mismo que indu-

cía a los sacerdotes de Baal, siendo celebrados como sacrificios

propiciatorios. Por Fuss nos enteramos que “los espectáculos

de gladiadores estaban consagrados” a Saturno;79y leemos en

Ausonio que “el anfiteatro aclamaba de buena gana a sus gladiadores cuando,

a fines de diciembre, ellos PROPICIABAN con su sangre al Hijo del Cielo que portaba la hoz.”80

En elpasaje siguiente, Justo Lipsio, que cita esto, lo comenta así: “Don-

de usted observará dos cosas, y en ambas, que los gladiadores

combatían en la saturnalia, y que lo hacían así con el propósito de aplacar y de

PROPICIARa Saturno.”81“Supongo que la razón de esto,” añade, “sea la de que Saturno no estaba entre los dioses celestiales, sino entre los infernales.

Plutarco, en su librode “Epítomes,” dice que ‘los romanos consideraban a Cronos

como un dios subterráneo e infernal.’”82

No puede haber duda de que esto es así, porque el nombre de Plutón es solamente un sinónimo de Saturno, “el Oculto.”

83Pero aun así, a la luz de la historia real del Saturno histórico, encontramos una razón más satisfactoria para la bárbara costumbre que tanto deslustró toda

la gloria del escudo de armas de Roma, cuando mujeres licenciosas y miles de hombres eran



79Antigüedades Romanas, p. 359.

80AUSONIO,Eclog. I. p. 156.

81LIPSIO, tom. II.Saturnalia, lib I. cap. 5.

82PLUTARCO, vol. II. p. 266.

83El nombre de Plutón viene evidentemente de “Lut,” ocultar que, con el artículo

definido egipcio antepuesto, se convierte en “P’lut.” El griego ploutos, “riqueza,”“lo oculto

,” se formó obviamente de la misma manera. Hades sólo es otro sinónimo del mismo nombre.



241

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre

“sacrificados cruelmente para hacer una fiesta romana.”

Cuando se recuerda que el mismo Saturno fue despedazado, es

fácil comprender cómo surgió la idea de ofrecer un sacrificio

grato, haciendo que los hombres se despedazaran unos a otros

en su natalicio, como una forma de propiciar su favor.

Entonces, la práctica de tales panaceas por parte de aquellos de

entre los paganos que se cortaban y se flagelaban, tenía el pro-

pósito de propiciar o agradar a su dios, y así atesorar una provi-

sión de méritos que pudiera hablar en su favor en la balanza de

Anubis. En el papado, las panaceas no solamente tienen el pro-

pósito de responder al mismo fin, sino que son completamente

idénticas. A la verdad, no sé que usen un cuchillo, como lo

hacían los sacerdotes de Baal, pero es cierto que consideran el

derramamiento de su propia sangre como la panacea más meri-

toria, la que les ganará muchísimo favor con Dios, y les quitará

muchos pecados. Que el lector observe a los peregrinos en Lough

Dergh, en Irlanda, arrastrándose de rodillas sobre rocas escarpa-

das, dejando huellas sangrientas detrás de ellos, y diga qué dife-

rencia substancial hay entre esto y cortarse con cuchillos. Sin

embargo, en materia de flagelación, los seguidores del papado

han copiado al pie de la letra el látigo de Osiris. Todos hemos

oído sobre los flagelantes que se azotan públicamente en las fies-

tas de la Iglesia romana, y que son mirados como santos de pri-

mera clase. En los primeros tiempos del cristianismo, tales

flagelaciones se consideraban como pura y completamente pa-

ganas. Atenágoras, uno de los primeros apologistas cristianos,

ridiculizaba a los paganos por creer que el pecado podía ser re-

parado, o propiciar a Dios, por tales medios.84

Pero ahora, en los lugares altos de la Iglesia papal, tales prácticas se consideran

como los grandes medios para ganar el favor de Dios. El Vier-

nes Santo, en Roma, en Madrid y en otros sitios principales de la

idolatría romana, se congregan multitudes para presenciar las




84ATENAGORAS,Legatio pro Christ., s. 14, p. 134.

85HURD,Ritos y Ceremonias, p. 175; y Roma en el Siglo Diecinueve,

vol. III. p. 161.



242

Lo Que Usted Debe Saber


hazañas de los devotos flagelantes, que se azotan hasta cuando

la sangre fluye a chorros de todas las partes de sus cuerpos.

85

Ellos pretenden hacer esto en honor de Cristo, en la fiesta esco-

gida expresamente para conmemorar Su muerte, lo mismo que

hacían los adoradores de Osiris en la fiesta en que se lamentaban

por su pérdida.86

Pero, ¿puede algún hombre creer por escasa

instrucción cristiana que posea, que el Salvador glorificado pue-

da mirar tales ritos como hechos en honor de Aquel, que derra-

man desprecio en Su expiación perfectísima, y que presenta Su

“preciosísima sangre” como necesitada de que su virtud sea

complementada por la sangre derramada por las espaldas de desdi-

chados y descarriados pecadores? Tales ofrendas eran del todo

apropiadas para el culto de Moloc; pero están muy lejos de ser

adecuadas para el servicio de Cristo.

No es en un aspecto solamente, sino en múltiples aspectos en los

que las ceremonias de la “Semana Santa,” como se le llama en

Roma, traen a la memoria los ritos del gran dios babilónico.

Cuanto más consideramos estos ritos, más nos sorprendemos

con el maravilloso parecido que subsiste entre ellos y los obser-

vados en la fiesta egipcia de las lámparas encendidas y en las

demás ceremonias de los adoradores del fuego en diferentes paí-

ses. En Egipto, la gran iluminación tenía lugar junto al sepulcro

de Osiris en Sais.87

En Roma, en la “Semana Santa” también se representa el sepulcro

de Cristo asociado con una brillante iluminación de cirios encendidos.88

En Creta, donde se exhibía la tumba de Júpiter, ella era objeto de adoración

por los cretenses.89

En Roma, si los seguidores no adoran el llamado sepulcro de Cristo,

adoran lo que está sepultado dentro de él.90 Como hay


86Los sacerdotes de Cibeles en Roma observaban la misma práctica. –

Ibid. p. 251,Nota.

87WILKINSON, vol. IV. p. 328.

88Roma en el Siglo Diecinueve, vol. III. pp. 145,150.

89“A vanis Cretensibus adhuc mortui Jovis tumulus adoratur.” – FIRMICO, l

ib. II. p.23.

90Roma en el Siglo Diecinueve, vol III. p. 145.


243

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


razón para creer que la fiesta pagana de las lámparas encendidas

se observaba en conmemoración del antiguo culto del fuego, así

mismo existe en Roma, en la semana de la Pascua, una ceremo-

nia que es un acto inequívoco de culto al fuego, cuando es obje-

to de adoración una cruz de fuego.Esta ceremonia la describe

gráficamente la autora de Roma en el Siglo Diecinueve

en lasiguiente forma:


“El aspecto de la llameante cruz de fuego sus-

pendida encima de la cúpula de la confesión o tumba de San

Pedro, brilla conspicuamente en la noche. Está cubierta con in-

numerables lámparas, que hacen el efecto de una llama de fue-

go... . Toda la iglesia estaba atestada por una inmensa multitud

de todas las clases y de todos los países, desde la realeza hasta el

más humilde mendigo, mirando todos fijamente este objeto úni-

co. En pocos minutos, el Papa y todos sus cardenales descen-

dieron a San Pedro, y los guardias suizos les abrían paso; el an-

ciano pontífice... se postró en silenciosa adoración ante la

CRUZ DE FUEGO. Delante de él estaba arrodillado un largo séquito de

cardenales, cuyas espléndidas vestiduras y las de sus acompa-

ñantes formaban un llamativo contraste con la humildad de su

actitud.”91

¿Qué podría ser más claro e inequívoco que este acto

de adoración del fuego? Véase esto en relación con el hecho

mencionado en la siguiente cita de la misma obra, y cómo lo uno

arroja luz sobre lo otro: “Con el Jueves Santo empezaron nues-

tros infortunios [es decir por causa de la aglomeración]. En este

desastroso día fuimos a la Capilla Sixtina antes de las nueve... y

contemplamos una procesión iniciada por las órdenes inferiores

de la clerecía, seguidas por los cardenales con sus espléndidas

vestiduras, llevando largos cirios de cera en sus manos, y rema-

tada por el propio Papa, que caminaba debajo de un dosel car-

mesí, con la cabeza descubierta, llevando en un cofre la hostia

que, como ustedes saben, es la carne y la sangre verdaderas de

Cristo, desde la Capilla Sixtina, por un vestíbulo intermedio a la

Capilla Paulina, donde era depositada en el sepulcro preparado

debajo del altar para recibirla... . Nunca pude comprender por

qué Cristo iba a ser enterrado antes de que muriera porque, ya


91Roma en el Siglo Diecinueve,pp. 148,149. Hemos visto, sin embargo,

que la cruz es el símbolo reconocido de Tamuz, el dios-sol y dios del fuego.

Ver Sección VI del Capítulo siguiente.


244

Lo Que Usted Debe Saber


que la crucifixión sólo tendría lugar el Viernes Santo, parecía

extraño sepultarlo el jueves. Su cuerpo, sin embargo, se ponía

en el sepulcro en todas las iglesias de Roma, donde se practicaba

este rito el jueves por la mañana, y allí permanecía hasta el sába-

do a mediodía cuando, por alguna razón mejor conocida por ellos

mismos, se suponía que El se levantaba de la tumba92en medio

del canon del fuego, y del sonido de las trompetas, y del repique

de las campanas, que habían sido cuidadosamente amarradas

después del amanecer del Jueves Santo, para que el diablo no

pudiera entrar en ellas.”

93Se canta el Miserere con tan irresistible emoción, que son pocos los que pueden escucharlo impasiblemente, y muchos se desmayan por las emociones provoca-

das. ¿Qué importa que esto sea, en el fondo, el antiguo cántico de Lino,

94de cuyo carácter conmovedor y melancólico habla

Heródoto tan vívidamente? Es cierto que mucha de la emoción

de ese Miserere se debe en parte a que es cantado por sopranos;

y es cierto igualmente que Semíramis, la esposa de quien fue,

históricamente, el prototipo de ese dios cuya muerte se celebra-

ba tan patéticamente en muchos países, gozaba de la fama de

haber sido la inventora de la práctica de la cual surgió el canto

con voz de soprano.95

Las flagelaciones que son parte importante de las panaceas que

tienen lugar en Roma en la noche del Viernes Santo, igualmente

fueron parte importante en los ritos de aquel dios del fuego, del

cual, como hemos visto, el papado ha tomado tanto. Entonces,

estas flagelaciones de la “Semana Santa,” tomadas a propósito




92El relato anterior se refería a las ceremonias presenciadas por la autora en 1817 y 1818. Desde entonces, parece que ha habido un cambio en ellas debido, probablemente, a su llamada de atención sobre la protuberante anomalía menciona, pues Count Vlodaisky, quien fuera sacerdote católico romano, y que visitó a Roma en 1845, me ha informado que en ese año la resurrección tuvo lugar no a mediodía, sino a lasnueve de la noche del sábado.

93Roma en el Siglo Diecinueve,pp. 144,145.

94El apodo de uno de los tres Linos era Narciso (en Griego, Narkissos). – (CLINTON,Fasti Hellenici, apéndice, vol. I. p. 343). Ahora, “Naar” significa “niño,” y “Kissos,”coma ya hemos visto, es Cus, así que Nar-kissos es “El hijo de Cus.”

95AMIANO MARCELINO, lib. XIV. cap. 6, p. xxv.



245

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


de las otras ceremonias de ahora, dan su testimonio tradicional

al verdadero carácter de ese dios cuya muerte y resurrección

celebraba Roma en aquellos tiempos. Lo asombroso es consi-

derar que en el propio lugar alto de la llamada cristiandad cató-

lica, los ritos esenciales de hoy día resultan ser los mismos ritos

de los adoradores caldeos del fuego.



SECCION III — EL SACRIFICIO DE LA MISA



Si la regeneración bautismal, el rito de iniciación de Roma, y la

justificación por las obras son caldeos, el principio incorporado

en el “sacrificio incruento” de la misa no lo es menos. Por Táci-

to 96sabemos que no se permitía derramar sangre para ser ofren-

dada en los altares de la Venus pafiana. Las víctimas se emplea-

ban para los propósitos del arúspice, que presagiaba sobre las

consecuencias que podían derivarse de los acontecimientos re-

sultantes de la inspección de las entrañas de esas víctimas; pero

se exigía que los altares de la diosa pafiana se mantuvieran lim-

pios de sangre. Tácito manifiesta que el arúspice del templo de

la Venus pafiana se traía de Cilicia, pues los cilicios tenían un

conocimiento especial de los ritos de la diosa, con el fin de que

pudieran ser debidamente practicados, según la supuesta volun-

tad de la diosa. Tarso, la capital de Cilicia fue edificada por

Senaquerib, el rey asirio, imitando exactamente a Babilonia,

97yen su religión habría una correspondencia natural; así que cuan-

do encontramos un “sacrificio incruento” en Chipre, y cuyo sacer-

dote proviene de Cilicia, se presume firmemente, dadas las cir-

cunstancias, que el “sacrificio incruento” llegó allí desde

Babilonia, por intermedio de Cilicia. Esta presunción se refuerza

grandemente cuando encontramos, según Heródoto, que la pe-

culiar y abominable institución babilónica de prostituir a las vír-

genes en honor de Milita, era también observada en Chipre en

honor de Venus.

98Pero el testimonio categórico de Pausanias le



96

Historia,lib. II. cap. 3. Vol. III. p. 106.

97BUNSEN, vol. I. p. 718.

98HERODOTO,Historia, lib. I. cap. 199, p. 92.



246

Lo Que Usted Debe Saber


confiere certeza a esta presunción: “Cerca de éste,” dice el his-

toriador, hablando del templo de Venus en Atenas, “está el tem-

plo de la Venus celestial, que primero fue adorada por los asirios,

y después de éstos por los pafianos en Chipre y por los fenicios

que habitaban la ciudad de Ascalón en Palestina. Pero los

citereanos veneraron a esta diosa como consecuencia de haber

aprendido sus sagrados ritos de los fenicios.”99

Entonces, la Venus asiria, es decir, la gran diosa de Babilonia y la Venus chi-

priota eran idénticas y, en consecuencia, los altares “incruentos”

de la diosa pafiana demuestran el carácter de la adoración pecu-

liar de la diosa babilónica, de la cual provenía. En esto, la reina-

diosa de Caldea difería de su hijo, que era adorado en sus bra-

zos. A él se le representaba, como hemos visto, deleitándose

con la sangre. Pero ella, como la madre de la gracia y de la

misericordia, como la “Paloma” celestial, como “la esperanza

del mundo entero,”100 era renuente a la sangre, y se le represen-

taba con un carácter benigno y dulce. En efecto, en Babilonia

tenía el nombre de Milita,101es decir, “La Mediadora.”102

Quien lea la Biblia y vea cómo se dice en ella explícitamente que así

como hay “un solo Dios,” así también hay “un solo Mediador

entre Dios y los hombres”(1 Timoteo 2:5), deberá asombrarse de

cómo alguna vez pudo la mente de alguien concebir la idea de

concederle a María el carácter de “Mediadora,” como lo ha he-

cho la Iglesia de Roma. Pero el carácter atribuido a la diosa

babilónica como Milita explica esto suficientemente. De acuer-

do con este carácter de Mediadora, recibió el nombre de Afrodita,

es decir, “apaciguadora de la ira,”103 aquella que con sus encan-




99PAUSANIAS, lib. I.,Atica, cap. 14.

100Nonni Dionysiaca en BRYANT, vol. III. p. 226.

101HERODOTO, lib. I. cap. 199.

102 Mylitta es lo mismo que Melitta, el femenino de Melitz, “un mediador” que, en

Caldea se convierte en Melitt. Melitz es la palabra que se emplea en Job 33:23,24:

“Si tuviese cerca de él algún elocuente mediador, muy escogido, que anuncie al hom-

bre su deber; que le diga que Dios tuvo de él misericordia, que lo libró de descender

al sepulcro, que halló redención.” Para mayor evidencia sobre esto, ver Apéndice,

Nota J.

103Del caldeo “aph,” “ira,” y “radah,” “apaciguar.”



250

Lo Que Usted Debe Saber


entonces otra de sus obleas acompañantes debe recibir el honor

de convertirse en dios, y la desdichada oblea cuarteada o rajada,

que una vez tuvo la esperanza de convertirse en dios, debe, ade-

más, ser dada a un niño para que juegue.”

114

¿Qué pudo haber inducido al papado para insistir tanto en la

“redondez”de su“sacrificio incruento”? Evidentemente nada que tenga que ver

con la institución divina de la Cena de nuestro Señor, pues en

todos los relatos que se hacen sobre ella, no hay ninguna referencia a la

forma del pan que tomó nuestro Señor cuando El lo bendijo, y lo partió,

y se lo dio a Sus discípulos, diciendo: “Tomad, comed; esto es mi cuerpo, haced esto en memoria de mí.”

Por pequeña que fuese, podría tenerse alguna referencia sobre la

forma del pan pascual de los judíos, pero sobre este asunto no se

dan normas en los libros de Moisés. Sin embargo, la importan-

cia que Roma le atribuye a la redondez de la hostia debe tener

alguna razón; y esa razón se encontrará si ponemos atención a

los altares de Egipto. “La torta delgada y redonda” dice

Wilkinson, “se encuentra en todos los altares.”115

Casi toda insignificancia o todo título tenían un significado simbólico en el

culto egipcio. El disco redondo, tan frecuente entre los emblemas sagrados

de Egipto, simbolizaba el sol.

Cuando Osiris, la divinidad solar, se encarnó y nació, no fue solamente para que

diera su vida como sacrificio por los hombres,116 sino para que

pudiera ser la vida y el alimento de las almas de los hombres. Se acepta universalmente que Isis fue el prototipo de la Ceres griega y romana. Pero obsérvese que Ceres fue adorada no solamente como la descubridora

del cereal, sino que fue adorada como “la Madre del Cereal.”117

El niño que ella dio a luz, He-Siri, “la Simiente,” o “Bar,” como se le llamó más frecuentemente en Asiria, y que también significa “el Hijo,” o “elCe-

real

.” (Fig. 37).

118

Los no iniciados podían reverenciar a Ceres

por el don del cereal con el cual alimentaban sus

cuerpos,

pero

los iniciados la adoraban por un don más alto, por alimentar sus

114

BEGG,

Guía del Papado

, p. 259.

115

WILKINSON,

Los Egipcios

, vol. V. p. 353.

116

Ver

ante

, p. 102, Nota, con respecto al significado simbólico del ganso.

251

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre

almas, por darles ese pan de Dios que viene del cielo para la vida

del mundo, del cual “si un hombre come, nunca morirá.” ¿Cree

alguien que sólo es una doctrina del

Nuevo

Testamento

el que

Cristo sea el “pan de vida”? Nunca

hubo,

nunca

pudo haber

vida espiritual en ninguna alma desde que comenzó el mundo, al

menos desde la expulsión del Edén, que no fuera alimentada y

mantenida por el alimento continuo de la fe en el Hijo de Dios,

“por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud”

(Colosenses 1:19)

, “y de su plenitud tomamos todos, y gracia por

gracia”

(Juan 1:16)

. Pablo nos dice que el maná que comieron los

israelitas en el desierto, era para ellos un emblema y un símbolo

viviente del “pan de vida;” “todos comieron la misma vianda

espiritual

(1 Corintios 10:3)

, es decir, comida que tenía el propó-

sito no sólo de mantener su vida material, sino el de señalarles a

Aquel que era la vida de sus almas. Clemente de Alejandría, a

quien estamos grandemente agradecidos por todos los descubri-

117

“Genitrix, o Mater frugum.” Ver PYPER,

Gradus ad Parnassum

, “Ceres;” tam-

bién OVIDIO,

Metam.

, lib. VI. v. 117,118.

118

La espiga de trigo que aparece en la medalla (BRYANT, vol. V. p. 384) está al lado

de Ceres, pero usualmente ella le sostiene en la mano.

Fig. 37

Ceres, la Madre de Bar, “el Hijo,” y de Bar, “el Cereal”

252

Lo Que Usted Debe Saber

mientos que, en los tiempos modernos, han sido hechos en Egipto,

nos asegura explícitamente que “en su

carácter oculto,

los enig-

mas de los egipcios eran

MUY SIMILARES A LOS DE LOS JU-

DIOS

.”

119

Tenemos prueba clara y decisiva de que los paganos

iniciados creían realmente que el “cereal que Ceres dio al mun-

do, no era el “cereal” de esta tierra, sino el “Hijo” divino, el

único por quien se podía disfrutar de la vida espiritual y eterna.

Los druidas eran adoradores fervientes de Ceres, y en tal condi-

ción fueron celebrados en sus poemas místicos como “portado-

res de las espigas de trigo.”

120

El siguiente es el relato que los

druidas hacen de su gran divinidad bajo la forma de

“Cereal.”

A tal divinidad se le representaba en primera instancia como

habiendo incurrido, por una u otra razón, en el disfavor de Ceres,

por lo que huía aterrado de ella. Con este pánico, “tomó” la

forma de un ave, y se elevó en el aire. Este elemento no le pro-

porcionó refugio, pues

la Señora

, en forma de gavilán pollero,

se le estaba aproximando, estando a punto de agarrarlo. Tem-

blando de miedo, percibió un montón de trigo limpio sobre el

suelo, y se lanzó en medio de él, tomando la forma de un

simple

grano

. Ceridwen [es decir, la Ceres británica] tomó la forma de

una gallina negra de alto copete, descendió hasta el trigo, escar-

bó, lo distinguió, y se lo tragó. Y, como lo relata la historia, ella

estuvo preñada nueve meses de él, y cuando se libró de él, se dio

cuenta de que era un

niño tan hermoso

que no tuvo valor para

darle muerte.”

121

Aquí es evidente que el

grano de trigo

se iden-

tifica expresamente con el

“hermoso niño

;” por lo cual es toda-

vía más evidente que Ceres, a quien el vulgo profano conocía

solamente como la madre de “Bar,” “el Cereal;” los iniciados la

conocían como la madre de “Bar,” “el Hijo.” Y ahora, el lector

estará preparado para comprender la significación plena de la

representación en el ámbito celestial de “la Virgen con la espiga

de trigo en la mano.” Esa

espiga de trigo

en la

mano

de la Vir-

gen es precisamente otro símbolo del

niño

en los brazos de la

Virgen Madre.

119

CLEMENTE ALEJANDRINO,

Stromata

, v. 7, vol. III. p. 56.

120

DAVIES,

Los Druidas Británicos,

p. 504.

121

“Cántico de Taliesin,” DAVIES,

Los Druidas Británicos

, p. 230.

253

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre

Este hijo simbolizado como el “Cereal” era la divinidad

SOLAR

encarnada, según el oráculo de la gran diosa de Egipto: “Ningún

mortal ha alzado mi velo. El fruto que he dado a luz es el

SOL

.”

122

Entonces, ¿qué más natural que si esta divinidad encarnada está

simbolizada como el “

pan

de Dios,” fuera representada como

una “oblea

redonda

,” para identificarlo con el Sol? ¿Esto es

sólo una mera fantasía? Que el lector lea con atención la si-

guiente cita de Hurd, en la cual describe los ornamentos del altar

romano en el que se deposita el sacramento o la hostia consagra-

da, y después podrá juzgar: “Un disco de plata en forma de

SOL

está colocado en el altar frente al

SACRAMENTO

; el cual con la

luz de los cirios adquiere una apariencia más brillante.”

123

¿Qué

tiene que hacer ese

“Sol”

“brillante” en el altar frente al

“sacra-

mento”

u hostia

redonda

? En Egipto, el

disco

del Sol se repre-

sentaba en los templos, y al soberano con su esposa y sus hijos

se les representaba adorándolo. Cerca del pequeño pueblo de

Babain, en el Alto Egipto, todavía existe en una gruta la repre-

sentación de un sacrificio al Sol, donde se ven “dos sacerdotes

adorando la imagen del sol, como en el grabado en la página

siguiente (Fig. 38).

124

En el gran templo de Babilonia, la imagen

de oro del Sol se exhibía para la adoración de los babilonios.

125

En el templo del Cuzco, en el Perú, el disco fulgurante de un sol

de oro estaba colocado sobre la pared,

126

para que todo el que

entrara pudiera inclinarse ante él. Los peonios de Tracia eran

adoradores del sol; y en su culto adoraban una imagen del sol en

forma de disco colocado en lo alto de un palo largo.

127

En el

culto de Baal, practicado por los israelitas idólatras en sus épo-

cas de apostasía, se observaba igualmente la adoración de la

imagen del sol; y es sorprendente encontrar que la imagen del

122

BUNSEN,

Egipto

, vol. I. pp. 386,387.

123

HURD,

Ritos y Ceremonias

, p. 196, col I.

124

De MAURICE,

Antigüedades Indias

, vol. III. p. 309. 1793.

125

Ver

ante

, p. 62.

126

PRESCOTT,

El Perú

, vol. I. p. 64.

127

BRYANT, vol. I. p. 259.

254

Lo Que Usted Debe Saber

sol que adoraba el apóstata Israel estaba

erigida sobre el altar

.

Cuando el buen rey Josías emprendió la obra de la reforma, lee-

mos que sus siervos, para llevarla a cabo, procedieron de esta

manera: “Y derribaron delante de él los

altares

de los baales, e

hizo pedazos las imágenes del sol, que estaban puestas encima”

(2 Crónicas 34:4)

. Benjamín de Tudela, el gran viajero judío, hace

un sorprendente relato de adoración del sol aun en tiempos com-

parativamente modernos, como el que subsiste entre los cusitas

del Oriente, en el cual encontramos que la imagen del sol era,

incluso en sus días, adorada en el altar. “Hay un pueblo,” dice

Fig. 38

La Adoración del Sol en Egipto

255

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre

él, “de la descendencia de Cus, adictos a la contemplación de las

estrellas. Ellos adoran al Sol como dios, y todo el país, por me-

dia milla a la redonda del pueblo, está llena de altares dedicados

a él. Al despuntar la mañana se levantan y salen corriendo del

pueblo para esperar la salida del sol, del cual hay una

imagen

consagrada

en

todos los altares

, no a semejanza de hombre, sino

de

esfera solar

, construida por arte mágico. Estas esferas, tan

pronto como sale el sol, se encienden y resuenan con gran ruido,

mientras todos los que están allí, hombres y mujeres, tienen in-

censarios en las manos, y todos queman incienso al sol.”

128

Por

todo esto, se hace patente que la imagen del sol encima del altar

o sobre él, era uno de los símbolos reconocidos de aquellos que

adoraban a Baal o al Sol. Y, aquí, en una Iglesia que se dice

cristiana, se coloca en el altar un brillante disco de plata “en

forma de

SOL

,” ante el cual todo aquel que adore en ese altar

debe inclinarse en humilde reverencia ante esa imagen del

“Sol.”

¿De dónde, pregunto, pudo haber venido esto sino del antiguo

culto del sol, o del culto a Baal? Y cuando la hostia se coloca de

tal modo que el “

SOL

” de plata esté en frente de la hostia

“re-

donda,”

cuya “

redondez” es un elemento tan importante en el

Misterio romano, ¿cuál puede ser el significado de ella, sino sim-

plemente el de mostrar, para aquellos que tienen ojos para ver,

que la misma “Hostia” es solamente otro símbolo de Baal o del

Sol? Si la divinidad solar fue adorada en Egipto como “la Si-

miente,” o en Babilonia como “el Grano,” exactamente del mis-

mo modo se adora la hostia en Roma. “Pan de trigo de los elegi-

dos, ten misericordia de nosotros,” es una de las preces prescri-

tas en la Letanía romana dirigida a la hostia durante la celebra-

ción de la misa.

129

Y uno, por lo menos, de los mandatos peren-

torios en cuanto a la manera en que se reparte esa hostia, es exac-

tamente la misma que se cumplía en el antiguo culto de la divi-

nidad babilónica. Se exige que aquellos que participan de ella

ayunen del todo, pues esto está establecido muy estrictamente.

El obispo Hay, al formular la ley sobre el asunto, dice que es

128

Citado por el traductor de las

Cartas

de SAVARY, vol. II. pp. 562,563, Nota.

129

El Protestante

, p. 269, col 2.

256

Lo Que Usted Debe Saber

indispensable “que ayunemos desde medianoche a fin de no te-

ner nada en el estómago desde las doce de la noche antes de que

la recibamos, ni alimento, ni bebida, ni medicina.”

130

Teniendo

en cuenta que nuestro Señor Jesús el Cristo instituyó la Sagrada

Comunión inmediatamente después de que Sus discípulos ha-

bían participado del banquete pascual, un requisito tan estricto

sobre el ayuno puede parecer inexplicable. Pero considerando

esta disposición con respecto al “sacrificio incruento” de la misa

a la luz de los Misterios eleusinos, esto se explica en seguida,

pues allí la primera pregunta que se hacía a los que buscaban la

iniciación era: “¿Ustedes están ayunando?”

131

Y, a menos que

esa pregunta fuera respondida afirmativamente, no tenía lugar

ninguna iniciación. Es indiscutible que, en ciertas circunstan-

cias, el ayuno es un deber cristiano; pero mientras que ni la letra,

ni el espíritu de la institución divina demanda una reglamenta-

ción tan estricta como la anterior, las reglamentaciones con res-

pecto a los Misterios eleusinos, hacen evidente de dónde han

venido realmente tales requerimientos.

Aunque el dios a quien Isis o Ceres dio a luz, y que le era ofreci-

do bajo el símbolo de la oblea o de la torta delgada, como el

“pan de vida,” era en realidad el Sol cruel y abrasador, o el terri-

ble Moloc, en esa ofrenda, sin embargo, el terror que lo acompa-

ñaba estaba disimulado, y todo lo repulsivo quedaba oculto en

las sombras. En el símbolo señalado en que él es ofrecido a la

Madre propicia, que mitiga el juicio con misericordia, y a quien

se le atribuyen finalmente todas las bendiciones espirituales, él

es bendecido por esa Madre, y restituido para ser festejado como

el sostén de la vida, como el alimento de las almas de sus adora-

dores. Así, la Madre fue ensalzada como la divinidad favorita; y

así también, y por una razón completamente igual, la Madona de

Roma eclipsa por completo a su Hijo como la “Madre de la gra-

cia y de la misericordia.”

130

El Cristiano Sincero

, vol. II. secc. III. p. 34.

131

POTTER, vol. I.

Eleusiania,

p. 356.

257

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre

Con respecto a la índole pagana del “sacrificio incruento” de la

misa, ya hemos visto no poco. Pero todavía hay algo que consi-

derar en lo que aparecerá todavía más la obra del misterio de

iniquidad. Sobre la hostia hay unas letras que vale la pena leer.

Estas letras son I. H. S. ¿Qué significan estas letras místicas?

Para un cristiano, estas letras tienen el significado de

“Iesus

Hominum Salvator,”

“Jesús, el Salvador de los hombres.” Pero

permítasele a un adorador romano de Isis (pues en la época de

los emperadores había innumerables adoradores de Isis en Roma)

posar sus ojos en ellas, ¿y cómo las leerá? El las leerá, por su-

puesto, de acuerdo con su propio y bien conocido sistema idóla-

tra:

“Isis, Horus, Seb,”

es decir, “La Madre, el Hijo, y el Padre

de los dioses;” en otras palabras, “La Trinidad” egipcia. ¿Puede

pensar el lector que este doble significado sea algo casual? Con

seguridad que no. El mismo espíritu que convirtió la fiesta del

pagano Oannes en la fiesta del cristiano Joannes, conservando

al mismo tiempo todo su paganismo antiguo, ha planeado hábil-

mente las iniciales I. H. S. para dar la

apariencia

de un tributo al

cristianismo, mientras el paganismo tiene realmente toda la

subs-

tancia

del homenaje que le es tributado.

Cuando las mujeres de Arabia empezaron a adoptar esta hostia y

a ofrecer el “sacrificio incruento,” todos los verdaderos cristia-

nos vieron enseguida el verdadero carácter de su sacrificio. Ellas

fueron tratadas como herejes, y rotuladas con el nombre de

colidirianas, del nombre griego para la torta que ellas emplea-

ban. Pero Roma vio que la herejía podía justificarse; y, por tan-

to, aunque condenada por la parte ortodoxa de la Iglesia, la prác-

tica de ofrecer y comer este “sacrificio incruento” fue adoptado

por el papado; y, ahora, en todos los confines de la comunión

romana ha reemplazado el sencillo pero preciosísimo sacramen-

to de la Cena instituida por el mismo Señor nuestro.

Intimamente relacionado con el sacrificio de la misa está el asunto

de la transubstanciación; pero la consideración de esto sería más

conveniente en una etapa subsiguiente de esta investigación.


Lo Que Usted Debe Saber


SECCION IV— LA EXTREMAUNCION


El último oficio que celebra el papado para los hombres vivientes

es darles “la extremaunción,” ungiéndolos en el nombre del

Señor, después de que han sido oídos en confesión y absueltos,

con el fin de prepararlos así para su último viaje. El pretexto

para esta “unción” de los agonizantes ha sido, supuestamente,

un mandato de Santiago con respecto a la visita a los enfermos;

pero si el pasaje en cuestión se cita cabalmente, se ve que tal

práctica nunca pudo haberse originado en la directiva apostólica,

y tiene que haber provenido de una fuente completamente

diferente. “¿Está alguno enfermo entre vosotros?,” dice Santiago

(5:14,15), “llame a los ancianos de la Iglesia, y oren por él,

ungiéndole con aceite en el nombre del Señor; y la oración de fe

hará salvo al enfermo, y el Señor lo ALIVIARA.” Es evidente

que esta oración y esta unción fueron prescritas para la recuperación

del enfermo. Los apóstoles fueron investidos con poder

por su gran Rey y su Cabeza. Este poder se ejercía diariamente

por los “ancianos de la Iglesia,” cuando Santiago escribió su

epístola, y lo hacían para la sanidad de los cuerpos de los hombres,

del mismo modo que lo hizo nuestro Señor Mismo. La

“extremaunción” de Roma, como lo dice la misma expresión,

no se propone ninguno de tales propósitos. No tiene el propósito

de sanar a los enfermos o “aliviarlos,” pues de ninguna manera

se administra hasta cuando se ha perdido toda esperanza de

recuperación, y la muerte se encuentra ad portas. Como el propósito

de tal unción es totalmente contrario a la unción de las

Escrituras, debe haber tenido una procedencia completamente

distinta. Y tal procedencia es exactamente la misma de la cual el

papado ha importado, como lo hemos visto, tanto paganismo a

su propio seno. La extremaunción ha venido, obviamente, de

los Misterios caldeos. Entre los muchos nombres del dios babilónico

estaba el nombre de “Beël-samen,” “El Señor del Cielo,”

132 que es el mismo nombre del sol y también, por supuesto,

del dios-sol. Pero Beël-samen también significa propiamente

“El Señor del Aceite,” y se usaba evidentemente como sinónimo

del nombre divino de “El Mesías.” En Heródoto encontra259

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre

mos un relato que puede explicar plenamente este nombre. Allí

se representa a un individuo que ha soñado que el sol había ungido

a su padre.133 Que el sol ungiera a alguien, no es ciertamente

una idea que hubiera podido ocurrírsele por sí misma, sino

que cuando se sabe que el nombre de “Beël-samen,” “El Señor

del Cielo,” también significa “El Señor del Aceite,” es fácil ver

cómo fue sugerida esa idea. Esto también explica el hecho de

que el cuerpo del Belos babilónico se representara preservado y

flotando en aceite,134 en su sepulcro de Babilonia hasta la época de

Jerjes. Y, por la misma razón, sin duda, era “hueca” la “estatua

de Saturno” en Roma, y estaba “llena de aceite.”135

La rama de olivo que, como ya hemos visto, ha sido uno de los

símbolos del dios caldeo, tenía, evidentemente, el mismo significado

jeroglífico; pues, como el olivo era el árbol del aceite, así

una rama de olivo significaba emblemáticamente “hijo del aceite,”

o “ungido” (Zacarías 4:12-14). Esta es la razón de que los

griegos, al presentarse delante de un dios en actitud de suplicantes,

lamentándose por su ira y suplicando su favor, llegaban en

muchas ocasiones al templo llevando en sus manos una rama de

olivo. Como la rama de olivo era uno de los símbolos reconocidos

de ese Mesías, cuya gran misión consistía en hacer la paz

entre Dios y los hombres, así, llevando esa rama del ungido,

daban testimonio de que venían buscando la paz en el nombre de

ese ungido. Los adoradores de este Beël-samen, “Señor del Cielo”

y “Señor del Aceite,” eran ungidos en nombre de su dios.

No era suficiente con que fueran ungidos con “saliva;” eran

ungidos igualmente con “ungüentos mágicos” de la clase más

poderosa, siendo estos ungüentos los medios para la introducción

de drogas en sus sistemas corporales, con el propósito de

excitar su imaginación, a lo cual se agregaba el poder de las



132 “El Señor del Cielo” es propiamente “Beel-shemin,” pero en la versión de los

Setenta se le da exactamente el nombre de “El Señor del Aceite” (pp. 12,13).–

EUSEBIO, Praep. Evang. lib. I, cap. 10, p. 39.

133 HERODOTO, lib. III. cap. 124.

134 CLERICO, La Filosofía Oriental, lib. I., Los Caldeos, secc. I. cap. 1.

135 SMITH, Diccionario Clásico, p. 679.


260

Lo Que Usted Debe Saber


bebidas mágicas que se les daban con el fin de que pudieran ser

preparados para las visiones y las revelaciones que se les iban a

hacer en los Misterios. Estas “unciones,” dice Salverté, “eran

sumamente frecuentes en las ceremonias antiguas... . Antes de

consultar el oráculo de Trofonio, eran frotados con aceite por

todo el cuerpo. Esta preparación contribuía ciertamente a producir

la visión. Antes de ser admitidos a los Misterios de los

sabios indios, Apolonio y su compañero fueron frotados con un

aceite tan poderoso que sintieron como si fueran bañados con

fuego.”136 Esta fue claramente una unción en nombre del “Señor

del Cielo,” con el fin de disponerlos y prepararlos para ser admitidos

en visión a su terrible presencia. La misma razón que sugirió

tal unción antes de la iniciación en las circunstancias dichas,

resultaría todavía más poderosa para una “unción” especial cuando

el individuo fuera llamado, no a una visión, sino para enfrentarse

realmente al “misterio de los misterios” en su presentación

personal en el mundo invisible y eterno. De esta manera, el

sistema pagano avanzó naturalmente hacia la “extremaunción.”137

Sus seguidores eran ungidos para su último viaje para que, por

la doble influencia de la superstición y de los poderosos estimulantes

introducidos en su cuerpo, de la única manera en que esto

era posible entonces, sus mentes pudieran ser fortalecidas simultáneamente

contra el sentimiento de culpa y los ataques del

rey de los terrores. Es indudable que de esta fuente, y de ella

sola, vino la “extremaunción” del papado, que era completamente

desconocida entre los cristianos hasta cuando la corrupción hubo

avanzado mucho en la Iglesia.138



136 SALVERTÉ, Las Ciencias Ocultas, p. 282.

137 Revista Trimestral de la Profecía, p. 6, enero, 1852.

138 El obispo GIBSON dice que ella se conocía en la Iglesia desde hacía mil años. –Defensa contra el Papado, vol. VIII. p. 255.



261

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


SECCION V — EL PURGATORIO Y LAS ORACIONES

POR LOS MUERTOS


Sin embargo, la “extremaunción” para un alma abrumada, era

apenas un recurso insignificante, después de todo, ante la perspectiva

de la muerte. Por tanto, no causa sorpresa que aquellos

que habían recibido todo lo que la arrogancia sacerdotal pretendiera

otorgarles, encontraran necesario algo más para animarlos

ante la perspectiva de la eternidad. En todo sistema, por tanto,

con excepción del de la Biblia, siempre han ocupado un lugar

las oraciones por los muertos y la doctrina de un purgatorio después

de la muerte. A dondequiera que vayamos en los tiempos

modernos o en los antiguos, encontramos que el paganismo deja

una esperanza después de la muerte para los pecadores que, en

el momento de su partida, estuvieran conscientemente

inhabilitados para entrar en las moradas de los bienaventurados.

Para este fin se inventó un estado intermedio en el cual, por medio

de penas expiatorias, la culpa no perdonada a tiempo, pudiera

ser absuelta en el mundo futuro e hiciera aceptable el alma para

la bienaventuranza final. En Grecia, la doctrina de un purgatorio

fue inculcada por uno de los principales filósofos. Así, Platón,

hablando del juicio futuro de los muertos, sostiene la esperanza

de la salvación final para todos, pero afirma que, de “aquellos

que son juzgados,” “algunos” deben pasar primero “por un lugar

de juicio subterráneo, donde sufrirán el castigo que hayan

merecido;” mientras que otros, como consecuencia de un juicio

favorable, son llevados enseguida a determinado lugar celestial

donde “pasarán su tiempo de una manera que llegará a ser la

vida que vivieron en forma humana.”139 En la Roma pagana, el

purgatorio era igualmente sostenido ante la mente de los hombres;

pero allí, parece que no se mantenía la esperanza de ninguna

excepción con respecto a las penas. Por tanto, Virgilio describía

sus diferentes torturas de esta manera:



139 PLATON, Fedro, p. 249, A, B.



262

Lo Que Usted Debe Saber


“Ni puede la mente envilecida,

En el obscuro calabozo de los miembros prisionera,

Defender los cielos nativos, o ser dueña de celestial

condición,

Ningún muerto puede por sí mismo lavar completamente

sus manchas;

Pues la suciedad largo tiempo contraída, aún en el alma

permanece,

Y perduran en ella los restos del vicio inveterado,

Y en todo rostro aparecen las manchas del pecado obsceno,

Para esto se imponen diferentes penitencias;

Y algunos cuelgan para ser blanqueados por el viento,

Unos sumergidos en el agua, otros purificados por el fuego,

Hasta cuando se sequen las escorias, y toda herrumbe muera.

Todos tienen sus manes, y esos manes llevan

Lo poco limpio para restaurar estas moradas,

Y respirar a campo abierto los dulces aires elíseos.

Después son felices cuando al pasar el tiempo,

Cae la costra de todo crimen cometido

Y no queda señal de sus habituales manchas,

Pues el éter puro del alma permanece.”140

En Egipto, se inculcó substancialmente la misma doctrina. Pero

una vez que esta doctrina fue aceptada por la mente popular, se

abrió la puerta para toda clase de extorsiones sacerdotales. Las

oraciones por los muertos siempre hacen pareja con el purgatorio,

pero ninguna oración puede ser completamente eficaz sin la

mediación de los sacerdotes; y ningún oficio sacerdotal puede

prestarse a menos que se pague un precio especial por él. Por

tanto, dondequiera que encontramos el sacerdocio pagano “que

devora las casas de las viudas;” y hace mercancía de los tiernos

sentimientos de los afligidos parientes, vivamente sensibles a la

felicidad eterna del amado difunto. En todas partes hay un testimonio

universal en cuanto al carácter oneroso y al costo de estas

devociones póstumas. Una de las opresiones bajo la cual gimen

los pobres romanistas irlandeses son las devociones periódicas



140 DRYDEN, Virgilio, lib. VI. ll. 995-1012, vol. II. p. 536; en el original, ll. 730-774.



263

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre



especiales, por las que se les exige pagar cuando la muerte se

lleva a uno de los residentes de su morada. No se trata solamente

de los servicios fúnebres y del funeral acostumbrados en el

momento del entierro por el reposo de aquel que se ha ido, sino

que el sacerdote hace repetidas visitas a la familia con el mismo

propósito, lo que ocasiona gastos onerosos, empezando por lo

que se llama “la intención del mes,” es decir, un servicio en nombre

del difunto cuando ha pasado un mes después de la muerte.

Algo completamente parecido a esto era lo que ocurría evidentemente

en la antigua Grecia, pues Miller dice en su Historia de

los Dorios: “Los argivos sacrificaban el día treinta [después de

la muerte] a Mercurio como el guía de los muertos.”141 En la

India, los servicios del Sradd’ha, o ritos fúnebres por el reposo

del difunto eran muchos y costosos; y, para asegurar la debida

eficacia de ellos, se inculcaba que se hicieran “donaciones de

ganado, tierras, oro, plata y otras cosas,” por la persona misma

ante la proximidad de la muerte, o si “está demasiado débil, por

otra persona en su nombre.”142 Dondequiera que miramos, el

caso es casi el mismo. En Tartaria, “el Gurjumi, u oraciones por

el difunto,” dice la Revista Asiática, “son muy onerosas.”143 En

Grecia, dice Suidas,144 “el sacrificio más grande y más costoso

era el sacrificio misterioso llamado Teleté,” un sacrificio que,

según Platón, “era ofrecido por los vivos y los muertos, y se

suponía que los libraría de todos los males a los cuales están

expuestos los malos cuando dejan este mundo.”145 En Egipto,

las exacciones de los sacerdotes por los derechos funerarios y

las misas por los muertos, estaban lejos de ser insignificantes.

“Los sacerdotes,” dice Wilkinson, “inducían al pueblo a gastar

grandes sumas en la celebración de los ritos fúnebres, y muchos

que escasamente conseguían lo necesario para vivir, se angus-



141 Los Dorios, vol II. p. 405. MULLER dice que los argivos también sacrificaban

inmediatamente después por los muertos.

142 Investigaciones Asiáticas, vol. VII. pp. 239,240.

143 Revista Asiática, vol. XVII. p. 143.

144 SUIDAS, vol. II. p. 879, B.

145 PLATON, vol. II. pp. 364,365.



264

Lo Que Usted Debe Saber


tiaban por ahorrar algo para los gastos de su muerte. Porque,

además del proceso de embalsamamiento que, algunas veces,

costaba un talento de plata, o cerca de 250 libras esterlinas, la

tumba misma se compraba a costo inmenso; y se hacían numerosas

exigencias sobre los bienes del difunto para la celebración

de oraciones y de otros servicios para el alma.”146 “Las ceremonias,”

dice en otra parte, “consistían en un sacrificio similar a

los ofrecidos en los templos, dedicados por el difunto a uno o

más dioses (como Osiris, Anubis, y otros relacionados con

Amenti); también se ofrecían incienso y libaciones; algunas veces

se leía una oración, estando presentes como dolientes los

parientes y los amigos. Ellos también se unían a las oraciones

del sacerdote. El sacerdote que oficiaba en el servicio del entierro

era seleccionado del grado de los pontífices, que usaban la

piel de leopardo; pero algunos otros ritos eran oficiados por uno

de los sacerdotes inferiores a las momias, antes de que fueran

bajadas al hoyo de la tumba, después de esa ceremonia. En realidad,

las ceremonias seguían administrándose a intervalos, mientras

la familia pagara por su celebración.”147 Tal era el funcionamiento

de la doctrina del purgatorio y de las oraciones por los

muertos admitidas y reconocidas entre los paganos; y, ¿en qué

aspecto esencial difiere esto del funcionamiento de la misma

doctrina en la Roma papal? Las mismas extorsiones que hay en

el funcionamiento del uno, las hay en el funcionamiento del otro.

La doctrina del purgatorio es puramente pagana, y no puede resistir

ni por un momento la luz de las Escrituras. Para aquellos

que mueren en Cristo, no hay ni puede haber necesidad del purgatorio,

porque “la sangre de Jesús, el Cristo, Hijo de Dios, nos

limpia de TODO pecado.” Si esto es verdad, ¿por dónde puede

haber necesidad de ninguna otra limpieza? Por otro lado, para

aquellos que mueren sin unión personal con Cristo y, por consiguiente,

sin ser lavados, ni justificados, ni salvos, no puede haber

otra purificación, porque mientras “el que tiene al Hijo, tiene

la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene vida.” Búsquese

en las Escrituras, y se verá que con respecto a todo el que “mue-



146 WILKINSON, vol. II. p. 94.

147 Ibid. vol. V. pp. 167.


265

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre



re en pecado,” el decreto de Dios es: “El que es injusto, sea

injusto todavía; y el que es sucio, ensúciese todavía” (Apocalipsis

22:11). Así, toda la doctrina del purgatorio es un sistema de pura

y descarada impostura pagana, que deshonra a Dios, que engaña

a los hombres que viven en pecado con la esperanza de expiarlo

después de la muerte, a la vez que los estafa en su propiedad y

en su salvación. En el purgatorio pagano, el fuego, el agua, el

viento se representaban, como puede verse en los versos de

Virgilio,148 aunándose para purificar la culpa del pecado. En el

purgatorio del papado, incluso desde los días del papa Gregorio,

el fuego ha sido el gran medio de purificación.149 Así, mientras

las llamas del purgatorio del mundo futuro son apenas la realización

del principio incorporado en los llameantes y purificadores

fuegos de Baal de la víspera de San Juan, constituyen otro eslabón

en la identificación del sistema de Roma con el sistema de

Tamuz o Zoroastro, el gran dios de los antiguos adoradores del

fuego.

Si la regeneración bautismal, la justificación por las obras, la

penitencia como satisfacción para la justicia de Dios, el sacrificio

incruento de la misa, la extremaunción, el purgatorio y las

oraciones por los difuntos provinieron todos de Babilonia, ¿será

que el sistema general de Roma puede llamarse justamente babilónico?

Y si lo ya dicho es cierto, ¡cuán agradecidos debemos

estar con Dios de que nos puede liberar de estar en semejante

sistema! ¡Qué dicha la de estar libres de la confianza en tales

refugios de mentiras que no pueden quitar el pecado más de lo

que haría la sangre de los bueyes o la de los machos cabríos!

¡Qué bienaventurado sentir que la sangre del Cordero, aplicada

por el Espíritu de Dios a la conciencia más depravada, la purifica

completamente de las obras muertas y del pecado! ¡Cuán

ferviente debe ser nuestra gratitud cuando sabemos que, en todas

las pruebas y aflicciones, podemos llegarnos confiadamente

ante el trono de la gracia, no en nombre de criatura alguna, sino

en nombre del Dios eterno y del Hijo bienamado; y que este



148 WILKINSON, p. 167.

149 Catecismo Romano, part. I., art. 5, secc. 5, p. 50.



266

Lo Que Usted Debe Saber


Hijo se presenta como el más benévolo y compasivo sumo sacerdote,

CONMOVIDO al sentir nuestras flaquezas, por haber

sido tentado, aunque inmaculado, por el pecado en todas sus

formas, tal como lo somos nosotros! Ciertamente, pensar en

todo esto, al tiempo que nos inspira benévola compasión por los

engañados esclavos de la tiranía papal, debe hacer que estemos

firmes en la libertad con la cual el Cristo nos ha hecho libres, y

no volver atrás, para que ni nosotros ni nuestros hijos podamos

alguna vez ser sometidos de nuevo al yugo de la esclavitud.

Salid de Babilonia, huid de entre los caldeos. Dad

nuevas de esto con voz de alegría; publicadlo,

llevadlo hasta lo postrero de la tierra. Decid:

Redimió el SEÑOR a su siervo Jacob.

(Isaías 48:20).

Para que digas a los presos: Salid; y a los que

están en tinieblas: Manifestaos. Sobre los caminos

serán apacentados, y en todas las cumbres serán

sus pastos. (Isaías 49:9).

Apartaos, apartaos; salid de allí; no toquéis cosa

inmunda. Salid de en medio de ella; sed limpios

los que lleváis los vasos del SEÑOR.

(Isaías 52:11).

Huid de en medio de Babilonia, y salid de la tierra

de los caldeos, y sed como los mansos delante

del ganado. (Jeremías 50:8).

Salid de en medio de ella, pueblo mío, y salvad

cada uno su vida de la ira del furor del SEÑOR.

(Jeremías 51:45).



267

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


CAPITULO V


RITOS Y CEREMONIAS


SECCION I — PROCESIONES IDOLATRAS


Aquellos que hayan leído el relato de la última procesión idólatra

en la capital de Escocia, en la Historia de la Reforma de John

Knox, no podrán olvidar fácilmente la tragicomedia en que terminó.

La luz del Evangelio se había propagado ampliamente, y

los ídolos papales había perdido su fascinación. “Las imágenes,”

dice el historiador, “se habían marchado a hurtadillas de

todas partes en el país; y en Edimburgo estaba ese gran ídolo

llamado San Giles [el santo patrono de la capital], que primero

había sido sumergido en el North Loch, y después quemado, lo

que provocó no pocos disturbios en la ciudad.”1 Los obispos

exigieron del Concejo de la ciudad o “entregarles de nuevo al

viejo San Giles, o bien, a sus expensas, hacer una nueva imagen.”

2 Ellos se rehusaron absolutamente a hacerlo, pues ahora

estaban convencidos del pecado de idolatría. Sin embargo, los

obispos y los sacerdotes (como se aproximaba el aniversario de

la fiesta de San Giles) resolvieron hacer lo posible para que la

procesión tuviera lugar con tanta pompa como se pudiera. Para

tal fin, se pidió prestado a los frailes grises “un ídolo pequeño,”

al que llamaban “San Giles, el joven.” El día señalado, dice

Knox, “se congregaron los sacerdotes, los frailes, los canónigos...

con panderetas y trompetas, con estandartes y gaitas.” La

procesión se dirigió al oeste, y bajó por High Street, hasta Canno

Cross.”3 Alguno de la multitud, “se acercó al ídolo como si se

dispusiera para ayudar a cargarlo, y poniéndose las andas (o angarillas)

en los hombros, empezó a estremecerse, creyendo que

de ese modo el ídolo se caería. Pero algo así se había previsto, y



1 KNOX, vol. I. p. 256.

2 Ibid. vol. I. p. 258.

3 Ibid. vol. I. p. 259.


268

Lo Que Usted Debe Saber


lo impidieron los clavos de hierro [con los que estaba asegurado

a las andas]; entonces, alguien empezó a gritar: ‘Abajo el ídolo,

abajo;’ y así fue derribado sin demora.”4

Tal procesión idólatra en medio de un pueblo que había empezado

a estudiar la Palabra de Dios y a encontrarle el gusto, no

produjo cosa distinta que indignación y escarnio. Pero en tierras

papales, en medio de un pueblo mantenido asiduamente en la

obscuridad, las procesiones están entre los medios favoritos que

emplea la Iglesia romana para atar a sus seguidores. Las largas

procesiones con imágenes cargadas al hombro por los hombres,

además de las suntuosas vestiduras de los sacerdotes y los diversos

hábitos de las distintas órdenes monacales, con la ayuda de

estandartes desplegados y de los conmovedores acordes de instrumentos

musicales, aunque no muy cuidadosamente organizadas,

son bien adecuadas para “entretener plausiblemente” la

mente mundana y para satisfacer el amor por lo pintoresco, y

cuando se sacan a flote de esta manera las emociones, se las

dignifica con los nombres de piedad y religión, para ministrar

los propósitos del despotismo espiritual. En efecto, el papado

siempre se ha beneficiado grandemente de tales procesiones. En

los momentos de alegría, se ha buscado consagrar la alegría y la

excitación producidas por tales procesiones al servicio de sus

ídolos; y, en los momentos de tristeza, se emplean los mismos

medios para hacer brotar el gemido de dolor de la multitude que

se agolpa en las procesiones, como si la mera algarabía del clamor

conjurara el disgusto de un Dios justamente ofendido.

Gregorio, comúnmente llamado el Grande, parece que fue el

primero que introdujo a gran escala estas procesiones religiosas

en la Iglesia romana. En el año 590, cuando Roma estaba sufriendo

la pestilencia bajo la dura mano de Dios, él exhortó al

pueblo para que se congregara públicamente en súplica a Dios,

indicando que podían reunirse al amanecer en SIETE COMPAÑIAS

DIFERENTES, según sus respectivas edades, SEXOS, y

condición social, y participar en siete procesiones diferentes,

recitando letanías o súplicas, hasta cuando se congregaran todos

4 KNOX, vol. I. p. 260.



269

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


en un lugar determinado.5 Así lo hicieron, y marcharon cantando

y exclamando: “Señor, ten misericordia de nosotros,” llevando

con ellos, por mandato expreso de Gregorio, una imagen de

la Virgen,6 según lo relata Baronio. La misma idea de tales procesiones

fue una afrenta a la majestad del cielo, pues querían

decir que Dios, que es un Espíritu, “veía con ojos carnales,” y

podía ser conmovido por la imponente vistosidad de tal espectáculo,

como pudiera hacerlo cualquier mortal sensitivo. Como

experimento, su éxito fue apenas escaso. Por espacio de una

hora, mientras se empeñaban de ese modo, ochenta personas

cayeron al suelo, y dieron su último suspiro.7 Sin embargo, ahora

esto es considerado por los romanos como “el mejor medio”

para conjurar la ira de Dios en un momento de desgracia nacional.

“Si esta calamidad,” dice el Dr. Wiseman, refiriéndose a las

desgracias de la India, “si esta calamidad sobre nuestros antepasados

hubiera ocurrido en los días del catolicismo, las calles de

esta ciudad [Londres] se habrían visto holladas, en todas direcciones,

por las procesiones penitenciales, clamando como David

cuando la pestilencia golpeó al pueblo.” Si esta alusión a

David tiene algún propósito o significado, querría decir que

David, en tiempos de pestilencia, encabezó alguna de tales “procesiones

penitenciales.” Pero el Dr. Wiseman sabe o debe saberlo,

que David no hizo nada por el estilo, que su penitencia no

se expresó de tal manera por medio de procesiones y, mucho

menos, por medio de procesiones idólatras, como “en los días

del catolicismo de nuestros antepasados,” a los cuales se nos

invita a regresar. Entonces, esta referencia a David es un mero

engaño, destinado a despistar a aquellos a quienes no se les ha

permitido leer la Biblia, como si tales “procesiones penitenciales”

tuvieran alguna garantía bíblica para confiar en ellas. El

Times, al comentar esta recomendación del dignatario papal, ha

dado en el clavo. “La idea histórica,” dice este diario, “es tan

simple y tan vieja como puede serlo. En Homero encontramos



5 Este es el origen de lo que se llamó Litania Septemplex, o “La Letanía de las Siete

Veces.”

6 BARONIO, Anales, 590, tom. VIII. pp. 6,7.

7 Ibid. tom. VIII. p. 7.



270

Lo Que Usted Debe Saber


la procesión de Hécuba y de las matronas de Troya al altar de

Minerva en la Acrópolis de esa ciudad.” Era una época de terror

y consternación en Troya, cuando Diomedes, con fuerzas irresistibles,

estaba esclavizándolo todo ante él, y la caída de la soberbia

ciudad parecía estar cerca. Para conjurar la ruina aparentemente

inevitable, la Reina troyana fue enviada en forma divina

“para guiar el congregado séquito

De las principales matronas troyanas al santuario de

Minerva”

Y así lo hizo ella.

“Ella misma... guía la larga procesión,

El séquito avanza lenta y majestuosamente.

Tan pronto como llegan a la torre más alta de Ilión,

E imponentes llegan al encumbrado y majestuoso Paladio,

La consorte de Antenor, la bella Teano, espera

Como sacerdotisa de Palas, y desatranca las puertas.

Con las manos levantadas y con ojos implorantes,

Llenan el majestuoso edificio con lamentos suplicantes.”8

Este es un antecedente de las “procesiones penitenciales,” en

plena alianza con la idolatría, tal como se le buscaría en vano en

la historia de David, o de cualquier otro de los santos del Antiguo

Testamento. Las procesiones religiosas, y especialmente

las procesiones con imágenes, ya sean descritas jubilosa o tristemente,

son puramente paganas. En la Palabra de Dios encontramos

dos ejemplos en los cuales se realizaron procesiones con la

aprobación divina; pero cuando se compara el propósito de estas

procesiones con el propósito reconocido y con el carácter de las

procesiones romanas, se ve que no existe afinidad entre ellas y

las procesiones de Roma. Los dos casos a los cuales me refiero

son el asedio de siete días de Jericó, y la procesión para la conducción

del arca de Dios desde Quiriat-jearim a la ciudad de

David. En el primer caso, la procesión, aunque acompañada por


8 La Ilíada, lib. VI. Traducción de POPE, vol. II. pp. 455-468.



271

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


los símbolos del culto divino, no tenía por objeto realizar actos

de culto religioso, sino que fue una manera milagrosa de conducir

la guerra, cuando iba a darse una señal de la intervención del

poder divino. En el otro caso, hubo simplemente el traslado del

arca, el símbolo de la presencia del SEÑOR, desde el lugar donde

se había permitido que estuviera largo tiempo en la obscuridad,

hasta el lugar que el Señor Mismo había escogido para su

morada, siendo en tal ocasión completamente apropiado y conveniente

que el traslado se hiciera con toda la solemnidad religiosa.

Pero estos casos fueron simplemente ocasionales y no

tienen nada en común con las procesiones romanas, que constituyen

una parte normal del ceremonial del papado. Pero aunque

las Escrituras no dicen nada sobre las procesiones religiosas en

el culto aprobado por Dios, se refieren varias veces a las procesiones

paganas, también acompañadas de imágenes, exponiendo

vívidamente la locura de aquellos que puedan esperar algo

bueno de dioses que no pueden moverse de un lugar a otro, a

menos que los lleven. Hablando de los dioses de Babilonia, dice

así el profeta Isaías (46:6,7): “Sacan oro de su talegón, y pesan

plata con balanzas; alquilan un platero para hacer dios de él; se

humillan y adoran. Se lo echan sobre los hombros, lo llevan, y

lo asientan en su lugar. Allí se está, y no se mueve de su lugar.”

Estas procesiones de ídolos llevados en hombros por los hombres,

están eficazmente representadas en las esculturas de Nínive,9

y constituyen, a la vez, una notable ilustración del lenguaje profético

y del origen real de las procesiones papales. La misma

práctica era observada en Egipto. En “la procesión de los santuarios,”

dice Wilkinson, “era costumbre que los hombres llevaran

en hombros la estatua de la deidad principal, en cuyo honor

se hacía la procesión, junto con la del rey y las de sus antepasados.”

10 Pero las procesiones no solamente se identifican en general

con el sistema babilónico. Tenemos evidencia de que tales

procesiones se remontan en su origen hasta el desastrocísimo

acontecimiento de la historia de Nimrod, que ya ha ocupado tanto

nuestra atención. Wilkinson dice que “Diodoro habla de una



9 LAYARD, Nínive y sus Ruinas, vol. II. p. 451.

10 WILKINSON, vol. V. p. 273.



272

Lo Que Usted Debe Saber


fiesta etíope de Júpiter en la que su estatua se llevaba en procesión

para conmemorar, probablemente, el supuesto refugio de

los dioses en ese país que,” dice él, “puede haber sido una conmemoración

de la huida de los egipcios con sus dioses.”11 El

pasaje de Diodoro, al cual se refiere Wilkinson, no dice mucho

en cuanto al motivo por el cual las estatuas de Júpiter y de Juno

(pues Diodoro menciona la tumba de Juno así como la de Júpiter)

eran llevadas anualmente a la tierra de Etiopía; y luego, después

de cierto tiempo de permanencia allí, se les regresaba a Egipto

de nuevo.12 Pero, comparando este pasaje con otros pasajes antiguos,

esto se hace evidente. Eustacio dice de la fiesta en cuestión:

“Según algunos, los etíopes acostumbraban traer la imágenes

de Zeus y de otros dioses desde el gran templo de Zeus en

Tebas. Con estas imágenes iban de un lado para otro en Libia

durante un tiempo determinado, y celebraban una espléndida fiesta

para doce dioses.”13 Como la fiesta se llamaba la fiesta etíope,

y como eran etíopes los que se llevaban los ídolos y los traían

de nuevo, esto quiere decir que los ídolos tienen que haber sido

ídolos etíopes; y, como hemos visto que Egipto estaba bajo el

poder de Nimrod y, en consecuencia, de los cusitas o etíopes,

cuando se reprimió la idolatría durante algún tiempo en Egipto,

14 ¿qué sería ésta llevada de los ídolos a Etiopía, la tierra de

los cusitas, que se conmemoraba solemnemente todos los años,

sino apenas el resultado natural de la supresión temporal de la

adoración idólatra iniciada por Nimrod? En México, encontramos

el relato del duplicado exacto de la fiesta etíope. Allí, en

determinada época, se sacaban del país las imágenes de los dioses

en una procesión fúnebre, como si se les hiciera una despedida,

y luego, después de cierto tiempo, eran traídas de nuevo

con todas las demostraciones de júbilo.15 En Grecia, encontra-



11 Ibid. vol. V. p. 274.

12 DIODORO, lib. I. sec. 97, p. 62.

13 EUSTACIO, sobre La Ilíada de HOMERO, lib. I. ll. 423-425, citado en el Diccionario

Clásico de SMITH, sub voce “Etiopía.”

14 Ver ante, pp. 63-65.

15 HUMBOLDT, vol. I. pp. 381,382.


273

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


mos una fiesta completamente similar, relacionada por una parte

con la fiesta etíope de Egipto, y por la otra, relacionada íntimamente

con las procesiones penitenciales del papa Gregorio. Así

vemos que Potter se refiere primero a una “fiesta délfica en memoria

de un VIAJE de Apolo,”16 y después, bajo el título de la

fiesta llamada Apolonia, leemos esto: “Este relato para Apolo

en Egialea: Apolo, habiendo conseguido una victoria sobre Pitón,

fue a Egialea acompañado por su hermana Diana; pero, aterrorizado,

huyo de allí a Creta. Después de esto, los egialeanos

fueron infectados por un mal epidémico y, aconsejados por los

profetas para que aplacaran a las deidades ofendidas, enviaron

SIETE muchachos e igual número de vírgenes para suplicarles

que regresaran. [Aquí está el origen simbólico de ‘La Letanía

de las Siete Veces’ del papa Gregorio]. Apolo y Diana aceptaron

su piedad... y se hizo costumbre elegir muchachos y vírgenes

escogidos para hacer una procesión conmemorativa solemne,

como si ellos fueran nombrados para hacer regresar a Apolo

y a Diana, lo que se prolongó hasta la época de Pausanias.”17 En

Grecia, la lucha entre Pitón y Apolo es la réplica exacta de la

lucha entre Tifón y Osiris en Egipto; en otras palabras, entre

Sem y Nimrod. Así, vemos el significado real y el origen de la

fiesta etíope, cuando los etíopes se llevaban los dioses de los

templos egipcios. Esa fiesta se remonta evidentemente a la época

en que, después de asesinado Nimrod, la idolatría no se atrevió

a mostrarse, excepto entre los seguidores fervientes del “Cazador

poderoso” (quienes se encontraban entre su propia familia,

en la familia de Cus), cuando, con grandes llantos y lamentos,

los idólatras huyeron cargando en hombros a sus dioses para

esconderse donde pudieran.18 En conmemoración de la supresión

de la idolatría, y de las consecuencias infaustas que se suponía

se derivaron de tal supresión, la primera parte de la fiesta,

como lo hemos visto claramente tanto en México como en Grecia,

consistía en una procesión de dolientes que, después del



16 POTTER, vol. I. p. 360.

17Ibid, vol. I. p. 334.

18 Con respecto a “la huida de los dioses,” ver también el Capítulo Séptimo.



274

Lo Que Usted Debe Saber


duelo, se tornaba en alegría en memoria del feliz retorno de los

dioses desterrados a su anterior exaltación. Verdaderamente, un

digno origen para la “Letanía de las Siete veces” del papa

Gregorio y para las procesiones papales.


SECCION II — EL CULTO A LAS RELIQUIAS


Nada es tan característico de Roma como el culto a las reliquias.

Dondequiera que se abre una capilla o se consagra un templo,

no pueden estar completos del todo sin una u otra reliquia del

santo o de la santa que los santifique. Las reliquias de los santos

y los huesos carcomidos de los mártires constituyen una gran

parte de la riqueza de la Iglesia. Se han puesto en práctica las

más absurdas imposturas con respecto a tales reliquias; y se han

inventado los cuentos más disparatados sobre sus poderes para

obrar maravillas, y esto, incluso, por padres de gran renombre

en los anales de la cristiandad. Incluso Agustín, con toda su

perspicacia filosófica y su celo en contra de algunas formas de

la falsa doctrina, se vio afectado profundamente por el espíritu

envilecido que llevó al culto de las reliquias. Que cualquiera

lea las fruslerías con las que él concluye “La Ciudad de Dios,” y

no se asombrará en modo alguno de que Roma haya hecho de él

un santo, y que lo haya exaltado para el culto de sus seguidores.

Tome solamente una o dos muestras de las historias con las cuales

él sostiene los engaños que predominaban en sus días: “Cuando

el obispo Proyeccio trajo las reliquias de San Esteban a la

ciudad llamada Aquae Tibiltinae, el pueblo vino en grandes

multitudes a honrarlas. Entre ellos estaba una mujer ciega que

le suplicaba a la gente que la llevaran hasta el obispo que tenía

las RELIQUIAS SAGRADAS. Así lo hicieron, y el obispo le dio

unas flores que tenía en la mano. Ella las cogió y las puso sobre

sus ojos e, inmediatamente, recobró la vista, pasando rápidamente

delante de todos los demás, sin necesidad de que la ayudaran.”

19 En los días de Agustín, el “culto” formal de las reliquias

no se había establecido todavía; pero los mártires a quienes

se suponía que habían pertenecido, ya eran invocados con



19 De Civitate, lib. XXII. cap. 8, vol. IX. p. 875, B y C.


275

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


oraciones y súplicas, y esto con la aprobación superior del obispo

de Hipona, como lo demuestra suficientemente la siguiente

historia: “Aquí, en Hipona,” dice él, “había un pobre hombre,

viejo y santo, llamado Florencio, que se ganaba la vida como

sastre. Este hombre perdió una vez su chaqueta, y no pudiendo

comprarse otra para reemplazarla, fue al sepulcro de los Veinte

Mártires, en esta ciudad, y oró en voz alta implorándoles para

que ellos le permitieran conseguir otro vestido. Una turba de

necios muchachos que lo oyeron, lo siguieron cuando salió,

mofándose de él y preguntándole si les había pedido cincuenta

centavos a los mártires para comprar su chaqueta. El pobre hombre

se marchó en silencio para su casa, y cuando pasó cerca del

mar, vio un gran pez que había sido arrojado a la arena y que

todavía estaba palpitando. Las demás personas que estaban presentes,

le permitieron que lo cogiera, y él se lo llevó a un tal

Catoso, cocinero y buen cristiano, que se lo compró por trescientos

centavos. Con esto se proponía comprar lana que su

esposa podría hilar, y haría un vestido para él. Cuando el cocinero

abrió el pescado, encontró dentro de su estómago un anillo

de oro, que su conciencia le persuadió para que se lo entregara al

pobre hombre a quien le había comprado el pescado. Así lo

hizo, diciéndole al mismo tiempo: ‘He aquí, ¡cómo te han vestido

los Veinte Mártires!’”20 Esto hizo que el gran Agustín inculcara

el culto a los muertos y que se honraran sus reliquias,

obradoras de milagros. Los “muchachos necios” que “se burlaron”

de la oración del sastre, parece que tenían más sentido común

que el “sastre viejo y santo” o que el obispo. Si los hombres

que profesaban el cristianismo en el siglo quinto obraban

así, preparando el camino para el culto de toda clase de harapos

o de huesos carcomidos, en los reinos del paganismo, el mismo

culto había florecido durante muchos siglos antes de que hubieran

aparecido en el mundo los santos cristianos o los mártires.

En Grecia, las supersticiones con respecto a las reliquias y, espe-



20 De Civitate, lib. XXII. cap. 8, vol. IX. pp. 874,875. La historia del pescado y el

anillo es una antigua historia egipcia. – (WILKINSON, vol. I. pp. 186,187). Catoso,

“el buen cristiano,” era evidentemente un instrumento de los sacerdotes, que pudieron

suministrarle un anillo para ponerlo en el vientre del pescado. El milagro llevaría

adoradores a la tumba de los Veinte Mártires, y así traerían provisiones para su taller,recompensándolos ampliamente.


276

Lo Que Usted Debe Saber


cialmente, en lo relacionado con los huesos de los héroes deificados,

era una parte preponderante de la idolatría popular. La

obra de Pausanias, el erudito anticuario griego, está llena de referencias

a esta superstición. Así, sobre el omoplato de Pélope,

leemos que, después de pasar por diversas aventuras, fue señalado

por el oráculo de Delfos como un medio divino para que los

eleanos se libraran de la pestilencia bajo la cual sufrían, fue “entregado”

para “su custodia,” como reliquia sagrada para la posteridad

después de él, al hombre que lo había sacado del mar.21

Los huesos del troyano Héctor fueron guardados como depósito

precioso en Tebas. “Ellos [los tebanos],” afirma Pausanias, “dicen

que sus huesos [los de Héctor] fueron traídos acá desde Troya,

como consecuencia del siguiente oráculo: ‘Tebanos, que habitáis

la ciudad de Cadmo, si deseáis residir en vuestro país,

bendecíos con la posesión de irreprochable riqueza, trayendo a

vuestros dominios desde Asia los huesos de Héctor, el hijo de

Príamo, y reverenciad al héroe según el mandato de Júpiter.’”22

Pueden aducirse muchos otros ejemplos. Todos creían que los

huesos cuidadosamente guardados y reverenciados obraban milagros.

Desde sus comienzos, el sistema budista ha sido sustentado

por las reliquias que han hecho milagros tan bien atestiguados

como puedan serlo los obrados por las reliquias de San Esteban,

o por los “Veinte Mártires.” En el “Mahawanso,” uno de

los grandes códigos de la fe budista, se hace referencia a la guarda

de las reliquias de Buda: “El vencedor de los enemigos, habiendo

perfeccionado las obras para ser ejecutadas dentro del

receptáculo de la reliquia, convocando una gran asamblea del

sacerdocio, así les habló: ‘Las obras que fueron ejecutadas por

mí en el receptáculo de la reliquia, están terminadas. Mañana

guardaré las reliquias. Señores, tengan en cuenta las reliquias.’”23

¿Quién no ha oído hablar de la Santa Casaca de Tréveris, y de su

exhibición ante el pueblo? Por lo siguiente, el lector verá que

hubo una exhibición exactamente igual de la Santa Casaca de



21 PAUSANIAS, lib. V., Prior Eliaca, cap. 13, p. 408.

22 Ibid. lib. IX., Baeotica, cap. 18. p.746.

23 POCOCKE, La India en Grecia, p. 307.


277

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


Buda: “Por consiguiente (el sobrino del Naga Rajah) por su don

sobrenatural, subió en el aire a la altura de siete palmeras y, extendiendo

su brazo, alcanzó el lugar donde él estuvo suspendido,

el Dupatupo (o sepulcro) en el cual estaba guardado el VESTIDO

del que se despojó Buda como Príncipe Siddhatto, al entrar

al sacerdocio... y lo EXHIBIO ANTE EL PUEBLO.”24 Sin

duda, esta “Casaca Sagrada” de Buda era tan genuina y tenía

tanto derecho a ser adorada como la “Santa Casaca” de Tréveris.

La similitud no termina aquí. Hace solamente un año o dos el

Papa le regaló a su amado hijo Francisco José de Austria, un

“DIENTE” de “San Pedro,” como una muestra de su especial

favor y consideración.25 El diente de Buda goza de igual solicitud

entre sus adoradores. “Rey de Devas,” dijo un misionero

budista que había sido enviado a una de las principales cortes de

Ceilán para pedir una o dos reliquias del Rajah, “Rey de Devas,

tú posees la reliquia del canino derecho (de Buda), así como la

clavícula derecha del divino maestro. Señor de Devas, no pongas

dificultades en asuntos que involucran la salvación de la tierra

de Lanka.”26 Luego, se demuestra la eficacia milagrosa de

tales reliquias con lo siguiente: “El Salvador del mundo (Buda)

aun después de que alcanzó el Parinibanan o la emancipación

final (es decir, después de su muerte), realizó infinitos actos de

suma perfección para el consuelo espiritual y para la prosperidad

mundana de la humanidad, por medio de una reliquia corporal.

Mientras el Vencedor (Jeyus) vivía todavía, ¿no hizo él lo

que debía?”27 En las Investigaciones Asiáticas hay un relato

sobre estas reliquias de Buda que nos revela maravillosamente

el origen verdadero de tal culto. El relato es éste: “Los huesos o

miembros de Buda fueron esparcidos por todo el mundo, como

los de Osiris y Júpiter Zagreo. La primera obligación de sus

descendientes y seguidores fue la de recogerlos y enterrarlos.

Por piedad filial, el recuerdo de esta búsqueda fúnebre fue man-



24 Ibid. pp. 307,308.

25 Interpretación Original del Apocalipsis, p. 72.

26 POCOCKE, p. 321.

27 Ibid. p. 321, y Nota.


278

Lo Que Usted Debe Saber


tenido cada año mediante una búsqueda ficticia, con todas las

señales de la aflicción y de la pena, hasta cuando un sacerdote

anunció que las reliquias sagradas habían sido encontradas finalmente.

Esto se practica hoy día por algunas tribus tártaras de

religión budista; y la expresión: los huesos del Hijo del Espíritu

del cielo, es propia de los chinos y de algunas tribus de Tartaria.”28

Entonces, es evidente que el culto a las reliquias es apenas una

parte de aquellas ceremonias instituidas para conmemorar la

muerte trágica de Osiris o Nimrod quien, como recordará el lector,

fue cortado en catorce pedazos que se enviaron a las diferentes

regiones infectadas por su apostasía y su falso culto, con el

fin de producir el pánico en todos los que pudieran buscar seguir

su ejemplo. Cuando los apóstatas reconquistaron el poder, lo

primero que hicieron fue buscar estas desmembradas reliquias

del gran cabecilla de la idolatría, y enterrarlas con toda muestra

de devoción. Así describe Plutarco la búsqueda: “Estando familiarizada

con este acontecimiento [a saber, el desmembramiento

de Osiris], Isis promulga una vez más la búsqueda de los miembros

dispersos del cuerpo de su esposo, usando un bote hecho de

tallos de papiro, con el fin de pasar fácilmente por las partes más

bajas y pantanosas del país.... Y la razón aducida para los distintos

sepulcros de Osiris encontrados en Egipto, es la de que dondequiera

que se descubrió uno cualquiera de sus esparcidos miembros,

ella lo enterró en el lugar, aunque otros suponen que esto

se debe a un ardid de la reina, que señalaba cada una de estas

ciudades con una imagen de su esposo para que si Tifón derrotaba

a Horus en la siguiente contienda, no pudiera encontrar el

sepulcro verdadero. Isis logró recuperar todos los diferentes

miembros, con excepción de uno, que había sido devorado por

los Lepidotus, los Phragus, y los Oxyrhynchus, razón por la cual

los egipcios odian estos peces. Para enmendar esto, ella consagró

el Falo, e instituyó una fiesta solemne en su memoria.”29

Esto demuestra no sólo el verdadero origen del culto a las reliquias,

sino que también demuestra que la multiplicación de las

reliquias puede pretender la más venerable antigüedad. Por tan-



28 Investigaciones Asiáticas, vol. X. pp. 128,129.

29 PLUTARCO, vol. II. p. 358, A.


279

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


to, si Roma puede alardear de que tiene dieciséis o veinte casacas

santas, siete u ocho brazos de San Mateo, dos o tres cabezas

de San Pedro, esto no es cosa distinta a lo que pudo hacer Egipto

con respecto a las reliquias de Osiris. Egipto quedó cubierto

con los sepulcros de su dios martirizado; y muchas piernas y

brazos y calaveras, certificados todos como auténticos, fueron

exhibidos en los lugares de sepultura rivales para la adoración

de los fieles egipcios. Más aún, estas reliquias egipcias no solamente

eran sagradas de suyo, sino que SANTIFICABAN EL MISMO

SUELO en el cual estaban enterradas. Este hecho es revelado

por Wilkinson tomado de un relato de Plutarco:30 “El templo

de esta deidad en Abidos,” dice él, “era también particularmente

honrado, y el lugar era considerado santo por los egipcios hasta

el punto de que las personas que vivían a alguna distancia de él

buscaban y, eventualmente, conseguían con dificultad el permiso

para poseer una sepultura en su Necrópolis, con el fin de que

después de muertas, pudieran reposar en el SUELO SANTIFICADO

POR LA TUMBA de esta grande y misteriosa deidad.”31

Si los lugares donde estaban enterradas las reliquias de Osiris

eran considerados como particularmente santos, es fácil ver cómo

estimularía esto las peregrinaciones que eran tan frecuentes entre

los paganos. El lector no necesita que se le diga qué mérito

atribuye Roma a tales peregrinaciones a las tumbas de los santos,

y cómo en la Edad Media, uno de los medios favoritos para

lavar el pecado, era emprender una peregrinación a la tumba de

Santiago de Compostela en España, o al Santo Sepulcro en Jerusalén.

32 En las Escrituras no hay la más ligera huella de cosas

tales como una peregrinación a la tumba de un santo, de un mártir,

de un profeta, o de un apóstol. La misma forma en que el

SEÑOR creyó conveniente disponer del cuerpo de Moisés, enterrándolo

El Mismo en las llanuras de Moab, para que ningún

hombre supiera alguna vez dónde se encontraba su sepultura,

estaba destinada evidentemente a reprobar todo sentimiento como



30 PLUTARCO, sec. 20, vol. II. p. 350, A.

31 WILKINSON, vol. IV. p. 346.

32 La Cristiandad Evangélica, año 1855, vol. IX. p. 201.


280

Lo Que Usted Debe Saber


sideración de dónde había venido Israel, y las ideas egipcias con

las cuales estaban infectados, como se demuestra con el asunto

del becerro de oro, además de la suma reverencia que ellos debían

de haber tenido por Moisés, demuestra claramente la sabiduría

de Dios al disponer de esa manera de su cuerpo. En la

tierra donde Israel había permanecido tanto tiempo, había grandes

y pomposas peregrinaciones en determinadas épocas del año,

acompañadas, con frecuencia, de obscenos excesos. Heródoto

nos dice que, en su tiempo, la multitud que iba anualmente en

peregrinación a Bubastis ascendía a 700.000 individuos, y que

entonces se bebía más vino que en ninguna otra época del año.33

Wilkinson se refiere de este modo a una peregrinación similar a

Filae: “Además de la celebración de los grandes misterios que

tenían lugar en Filae, se realizaba una gran ceremonia en una

época especial, cuando los sacerdotes, en procesión solemne,

visitaban su tumba, y la coronaban de flores.34 Plutarco alega,

incluso, que todo acceso a la isla estaba prohibido en cualquiera

otra época del año, y que ningún ave volaba sobre ella, ni ningún

pez nadaba cerca de ese SUELO CONSAGRADO.”35 Parece que

esta no había sido sólo una procesión de sacerdotes en la inmediata

vecindad de la tumba, sino una verdadera peregrinación

nacional, porque dice Diodoro: “El sepulcro de Osiris en Filae

es reverenciado por todos los sacerdotes en todo Egipto.”36 No

tenemos la misma información detallada sobre el culto a las reliquias

en Asiria o Babilonia; pero tenemos la suficiente para demostrar

que así como era el dios babilónico el que se adoraba en

Egipto con el nombre de Osiris, así también en su propio país se

tributaba la misma reverencia supersticiosa a sus reliquias. Ya

hemos visto que cuando murió el Zoroastro babilónico, se dijo

que él había dado su vida voluntariamente como sacrificio, y

que había “encargado a sus compatriotas que guardaran sus restos,”

asegurándoles que la suerte de su imperio dependería de la



33 HERODOTO, Historia, lib. II. cap. 60, pp. 126,127.

34 PLUTARCO, vol. II. p. 359, B.

35 WILKINSON, Los Egipcios, vol. IV. p. 346.

36 DIODORO, lib. I. p. 13.


281

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


observancia o inobservancia de este último mandato.37 Y, en

efecto, sabemos por Ovidio que el “Busta Nini,” o “Sepulcro de

Nino” era, muchísimo tiempo después uno de los monumentos

de Babilonia.38 Comparando la muerte y la resurrección fingidas

del falso Mesías con la muerte y la resurrección del verdadero,

cuando El apareció realmente, se encontrará que hay un

notabilísimo contraste. Cuando murió el falso Mesías fue cortado

miembro por miembro, y sus huesos esparcidos por el país.

Cuando tuvo lugar la muerte del Mesías verdadero, la Providencia

dispuso que el cuerpo permaneciera entero, y que la palabra

profética se cumpliera exactamente: “Hueso no quebrantaréis

de él.” Cuando se pretendió de nuevo que el falso Mesías había

resucitado, esa resurrección tuvo lugar en un nuevo cuerpo, en

tanto que el cuerpo viejo, con todos sus miembros quedó relegado,

demostrando así que tal resurrección no fue más que una

simulación, una farsa. Sin embargo, cuando el Mesías verdadero

fue “declarado Hijo de Dios con potencia, según el Espíritu

de santificación, para la resurrección de los muertos,” la tumba,

aunque celosamente vigilada por la soldadesca armada e incrédula

de Roma, se halló que estaba absolutamente vacía, y no se

encontró jamás ningún cuerpo muerto del Señor, ni tampoco se

pretendió haberlo encontrado. La resurrección de Cristo, por

tanto, descansa en fundamento muy diferente al de la resurrección

de Osiris. Del cuerpo de Cristo, por supuesto, por la misma

naturaleza del caso, no podía haber reliquias. Sin embargo, Roma,

para llevar a su culminación el sistema babilónico, ha suplido la

deficiencia por medio de las reliquias de los santos; y ahora, las

reliquias de San Pedro y de San Pablo, o de Santo Tomás Becket

y de San Lorenzo O’Toole, ocupan el mismo lugar en la adoración

del papado que el ocupado por las reliquias de Osiris en

Egipto, o de Zoroastro en Babilonia.


37 SUIDAS, en Zoroastro, vol. I. pp. 1133,1134. Ver además sobre este asunto en el

Capítulo Séptimo, Sección I, en relación con lo que se dice sobre Faetón.

38 Metamorfosis, lib. IV. l. 88, vol. II. p. 278.


282

Lo Que Usted Debe Saber


SECCION III

VESTIDO Y CORONACION DE IMAGENES


En la Iglesia de Roma, el vestido y la coronación de las imágenes

constituye una parte de no poca importancia del ceremonial.

Las imágenes sagradas no se representan, como las estatuas, con

los vestidos hechos con el mismo material en que son elaboradas,

sino que, de vez en cuando, llevan puestas vestiduras como

lo hacen ordinariamente los mortales de carne y hueso. Con

frecuencia, se malbarata buen dinero en su vestimenta; y se cree

que aquellos que les regalan vestiduras espléndidas se ganan por

esto su señalado favor, y atesoran un gran caudal de méritos para

sí mismos. Así, encontramos que, en septiembre de 1852, el

duque y la duquesa de Montpensier, alabados en la lápida no

sólo por su caridad al “donar 3000 reales en limosnas para los

pobres,” lo son especialmente y sobre todo, por su piedad al

“obsequiar a la Virgen un magnífico vestido de tisú de oro, con

encaje blanco, y una corona de plata.” Más o menos por la

misma época, la piedad de la disoluta Reina de España fue atestiguada

por una merced similar, cuando depositó a los pies de la

Reina del Cielo el homenaje del vestido y de las joyas que había

usado en una ocasión anterior, con motivo de una solemne acción

de gracias, así como el vestido que llevaba cuando fue herida

por el asesino Merino. “El manto,” dice el diario español

España, “mostraba las marcas de la herida, y su forro de armiño

estaba manchado con la preciosa sangre de su majestad. En la

escarcela (que llevaba el vestido) estaban también las joyas que

adornaban la cabeza y el pecho de su majestad. Entre ellas estaba

un diamante ombliguero, tan exquisitamente tallado, y tan

deslumbrante, que parecía tallado de una sola piedra.”39 Todo

esto es suficientemente infantil, y deja ver la naturaleza humana

en su aspecto más degradante; pero es apenas una copia del antiguo

culto pagano. En Egipto acontecía lo mismo con la vestimenta

y adorno de los dioses; allí, solamente a las personas santas

se les permitía intervenir en tan altos menesteres. Así es



39 BEEG, Manual, pp. 272,273.


283

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


como encontramos que en la Piedra de Roseta se hace una clara

referencia a estos sagrados funcionarios cuando dice: “Los sumos

sacerdotes y los profetas, y aquellos que tenían acceso al

santuario para vestir a los dioses... reunidos en el templo de

Menfis, promulgaron el siguiente decreto.”40 La “vestimenta de

los dioses” ocupaba un lugar igualmente importante en el ceremonial

sagrado de la antigua Grecia. Así, encontramos que

Pausanias se refiere a una ofrenda hecha a Minerva: “En tiempos

remotos, Laodicea, la hija de Agapénor, envió un velo a

Tegea, para Minerva Alea.” El epigrama [la inscripción] sobre

esta ofrenda indica, al mismo tiempo, el origen de Laodicea:

“Laodicea, de Chipre, la divina,

A su extensísima tierra paterna,

Este velo – ofrenda a Minerva – envió.”41

Así también, en la cita ya mencionada, cuando Hécuba, la reina

troyana, fue enviada para que encabezara la procesión penitencial

por las calles de Troya hasta el templo de Minerva, y se le

ordenó que no fuera con las manos vacías, sino que llevara con

ella, como su más aceptable ofrenda,

“El manto más espléndido que su atestado guardarropa

tuviera

El de arte más preciado, con oro elaborado.”

La dama real obedeció puntualmente:

“La reina frigia a su rico guardarropa fue,

Donde acumulado aroma exhalaba costoso perfume;

Allí estaban las vestiduras de arte no común;

Doncellas sidonias, a quienes trajo del dulce Sidón

el joven Paris, cuando tocó con Helena en la playa de Tiro,

recamaron cada parte. Aquí, cuando la Reina daba vueltas



40 Línea VI. apud WILKINSON, vol. I. p. 265, Nota.

41 PAUSANIAS, lib. VIII. Arcadica, cap. 5, p.607.


284

Lo Que Usted Debe Saber


Con ojos cuidadosos a las diversas texturas y diferentes

colores,Escogió un velo que esplendía en grado sumo,

Y brillaba refulgente como la estrella matutina.”42

Ciertamente que aquí hay una semejanza maravillosa entre la

piedad de la Reina de Troya y la de la Reina de España. En el

paganismo antiguo había un encubierto misterio bajo las vestiduras

de los dioses. Si los dioses y las diosas se complacían

tanto al ser vestidos, era porque hubo una época en su historia en

que ellos tuvieron gran necesidad de vestido. Puede establecerse

claramente, como ya se ha indicado, que el gran dios y las

grandes diosas del paganismo, a medida que los hechos de su

propia historia se fueron entretejiendo con su sistema idólatra,

fueron adorados también como encarnaciones de sus grandes

progenitores, cuya desastrosa caída los despojó de su gloria

primigenia, e hizo necesario que la mano divina cubriera su desnudez

con vestiduras especialmente preparadas para ellos. No

puedo entrar aquí en una demostración detallada de este punto;

pero, póngase atención al relato de Heródoto con respecto a la

ceremonia anual observada en Egipto en la que se mataba un

morueco para cubrir con su piel al PADRE DE LOS DIOSES.43

Compárese este relato con el relato divino del Génesis sobre la

vestimienta del “Padre de la Humanidad” con una túnica de pieles;

y después de todo lo que hemos visto sobre la deificación de

los muertos, ¿puede quedar alguna duda de que esto era lo que

se conmemoraba anualmente de tal modo? El mismo Nimrod

tuvo que ser necesariamente desnudado cuando fue destrozado.

Este desnudamiento se identificaba con la desnudez de Noé, y

en últimas con la de Adán. Sus sufrimientos se consideraban

como padecidos voluntariamente por el dios de la humanidad.

Su desnudez, por tanto, y la desnudez del “Padre de los dioses,”

del cual él era una encarnación, se consideraba también como

una humillación voluntaria. Por tanto, cuando terminaron sus

sufrimientos y pasó por su humillación, la vestidura con la cual



42 HOMERO, La Ilíada, lib. VI. En la traducción de POPE pp. 466-468.

43 HERODOTO, Historia, lib. II. cap. 42. p. 119, A y B.


285

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


se le cubrió se consideró como una vestidura digna de honor,

asequible no sólo para él, sino para todo aquel que fuera iniciado

en sus misterios. En los ritos sagrados del dios babilónico, tanto

la desnudez como la vestimienta, que se representaban como si

tuvieran lugar en su propia historia, se repetían en todos sus adoradores,

de acuerdo con el relato de Firmico, en el sentido de

que los iniciados padecían lo que había padecido su dios.44 Primero,

después de ser preparados debidamente por medio de ritos

mágicos y de ceremonias, eran introducidos, completamente

desnudos, en los lugares más apartados del templo. Esto se ve

en el siguiente relato de Proclo: “En el más sagrado de los misterios,

se dice que los místicos se encontraban primero con los

géneros de muchas formas [es decir, con los demonios], que fueron

arrojados de delante de los dioses; pero al entrar en las partes

interiores del templo, inmutables y custodiados por los ritos

místicos, ciertamente recibían dentro de ellos la iluminación divina,

y, DESPOJADOS DE SUS VESTIDOS, participaban, según

se decía, de una naturaleza divina.”45 Cuando los iniciados “iluminados”

de este modo, y hechos partícipes de “una naturaleza

divina,” después de haber sido “despojados de sus vestidos,”

eran vestidos de nuevo, tales vestidos eran considerados como

“vestiduras sagradas” que poseían virtudes manifiestas. “La túnica

de pieles” con la cual fue vestido en forma divina el Padre

de la humanidad, después de sentirse dolorosamente avergonzado

por su desnudez, fue, como lo admiten todos los teólogos

bien fundados, un emblema simbólico de la gloriosa justicia de

Cristo – la “vestidura de salvación” – que es “para todos los que

crean.” Las vestiduras que se ponían al iniciado después de despojarlo

de sus vestidos anteriores, estaban destinadas evidentemente

a ser una réplica de las mismas. “Las vestiduras de los

iniciados en los Misterios eleusinos,” dice Potter, “eran consideradas

como sagradas, y de no poca eficacia para conjurar los

males de los hechizos y encantamientos. Nunca se desechaban

hasta cuando estuvieran completamente destrozadas.”46 Y, por

supuesto, si era posible, eran enterrados con esas “vestiduras



44 FIRMICO, De Errore, p. 18.

45 TAYLOR, Yámblico, Nota, p. 148. Ver Apéndice, Nota M.



286

Lo Que Usted Debe Saber


sagradas;” pues, Heródoto, al hablar de Egipto, de donde provenían

estos misterios, nos dice que la “religión” daba normas

sobre las vestiduras de los muertos.47 La eficacia de las “vestiduras

sagradas” como medios de salvación y de liberación del

mal en el mundo invisible y eterno, ocupa un lugar destacado en

muchas religiones. Así los persas, los elementos fundamentales

de cuyo sistema provenían del Zoroastro caldeo, creían que “el

sadra o vestidura sagrada” propendía esencialmente a “preservar

al alma que partía de las calamidades que proceden de Arimán

(o el diablo);” y hacían ver que aquellos que se negaban a usar

esas “vestiduras sagradas” sufrirían en su alma, y lanzarían “los

gritos más espantosos y aterradores,” a causa de los tormentos

que les serían infligidos “por toda clase de reptiles y animales

nocivos que los atacarían con dientes y aguijones, y no les darían

un momento de reposo.”48 ¿Qué pudo haber llevado alguna

vez a la humanidad a atribuir tales virtudes a una “vestidura

sagrada”? Si se admite que sólo es una tergiversación de las

“vestiduras sagradas” puestas a nuestros primeros padres, todo

se aclara. Esto también cuenta para el sentimiento supersticioso

que hay en el papado, de otro modo tan inexplicable, que llevó a

tantos en la edad del oscurantismo a fortalecerse contra los temores

del juicio por venir, buscando ser enterrados con vestidos

monacales. “Ser enterrado con un hábito desechado de fraile,

acompañado por cartas que inscribían al difunto en una orden

monástica, ¡fue tenido como liberación segura de la condenación

eterna! En Los Pilares del Credo del Labrador se describe

a un fraile que le sonsaca a un pobre hombre su dinero, asegurándole

que si solamente contribuía para su monasterio,

‘San Francisco mismo te sostendrá en su capa,

Y te presentará ante la Trinidad, y orará por tus pecados.’”49



46 POTTER, Antigüedades Griegas, vol. I. p. 356.

47 HERODOTO, lib. II. cap. 81, p. 134, B.

48 WILSON, Religiòn Persa, pp. 164, 441, y 442.

49 Los Reformadores Británicos, “Bilney,” p. 258, Nota.


287

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


En virtud de la misma creencia supersticiosa, el rey Juan de Inglaterra

fue enterrado con una cogulla de monje;50 y muchos

personajes reales y también nobles “antes de que la vida y la

inmortalidad” fueran de nuevo “traídas a la luz” con la Reforma,

no podían creer en un medio mejor para cubrir sus almas manchadas

y desnudas ante la perspectiva de la muerte, que cubrirse

con la vestidura de algún monje o fraile, tan pecadores como

ellos mismos. Todas estas guaridas de la mentira tanto en el

papado como en el paganismo, relacionadas con la vestimienta

de los santos en uno de estos sistemas, y de los dioses en el otro,

muestran, cuando se rastrea su origen, que desde que el pecado

entró en el mundo, el hombre siempre ha sentido la necesidad de

una justicia mejor que la suya para que lo proteja, y que ese

momento fue cuando todas las tribus de la tierra se dieron cuenta

de que la única justicia que podía ser útil para tal propósito era

“la justicia de Dios,” y la que “Dios manifiesta en la carne.”

Intimamente relacionado con la “vestimienta de las imágenes de

los santos” está también la “coronación” de ellos. Durante los

dos últimos siglos, en la congregación papal, las fiestas para la

coronación de las “imágenes sagradas” se han celebrado con

más frecuencia cada vez. En Florencia, hace pocos años, fue

“coronada,” con excepcional pompa y solemnidad, la imagen

de la Madona con el niño en los brazos.51 Esto también proviene

de los hechos que se conmemoran en la historia de Baco u Osiris.

Como Nimrod fue el primer rey después del diluvio, de igual

modo fue célebre como el primero que llevó una corona.52 Sin

embargo, cuando cayó en manos de sus enemigos, de la misma

manera en que fue despojado de toda su gloria y de todo su poder,

también fue despojado de su corona. La “caída de la corona

de la cabeza de Osiris” se conmemoró especialmente en Egipto.

Esa corona fue representada en diferentes épocas y de distintas

maneras, pero en el más famoso mito de Osiris se le representa-



50 Ibid.

51 Bulwark, 1852-53, pp. 154-157.

52 PLINIO, Hist. Nat., lib. XVI. p. 377. A Nimrod, con el nombre de Saturno, también

le fue atribuido lo mismo. Ver ante, p. 35, Nota.


288

Lo Que Usted Debe Saber


ba como una “guirnalda de meliloto.”53 El meliloto es una especie

de trébol; y el trébol, en el sistema pagano, era uno de los

emblemas de la Trinidad. Hoy día, entre los tractarianos, el trébol

se emplea con el mismo significado simbólico como lo ha

sido durante largo tiempo en el papado, del cual lo ha tomado el

puseísmo. Así, en una representación papal (del siglo catorce)

de lo que se llama Dios el Padre, lo encontramos representado

llevando una corona de tres puntas, cada uno de los cuales está

puesto sobre una hoja de trébol blanco (Fig. 39).54 Pero mucho

antes de que se conociera el tractarianismo o el romanismo, el

trébol era un símbolo sagrado. La hoja de trébol fue, evidentemente,

un símbolo de gran importancia entre los antiguos persas,

pues Heródoto, al describir los ritos de la magia persa, se

refiere a él de este modo: “Si alguien (un persa) se propone ofrendar

a un dios, lleva el animal a un lugar consagrado. Después,

cortando la víctima en partes, cuece la carne y le pone las hierbas

más tiernas, especialmente TREBOL. Hecho esto, un mago

– sin un mago no se puede realizar ningún sacrificio – canta un

himno sagrado.”55 En Grecia, el trébol o trifolio, ocupaba también,

en una forma u otra, un lugar importante, pues a la vara de

Mercurio, el conductor de las almas, se le atribuía tanto poder

que se le llamaba “Rabdos Tripetalos,” o “la vara de los tres

pétalos.”56 Entre los druidas británicos, la hoja de trébol blanco

se tenía en alta estima como emblema de su Dios Trino y Uno,57

y provenía de la misma fuente babilónica, como el resto de su

religión. Entonces, el Meliloto, o guirnalda de trébol con la cual

estaba ceñida la cabeza de Osiris, era la corona de la Trinidad –

la corona puesta sobre su cabeza como representante del Eterno

– “la corona de toda la tierra,” según lo anunciado por la voz

divina el día de su nacimiento: “Ha nacido el Señor de toda la

tierra.” Y así como esa “guirnalda de meliloto,” esa corona del

dominio universal, cayó “de su cabeza” antes de su muerte, así



53 PLUTARCO, De Iside, vol. II. p.356, E.

54 De la Iconografía de DIDRON, vol. I. p. 296.

55 Historia, lib. I. cap. 132, pp. 62,63.

56 HOMERO, Himno a Mercurio, ll. 526,527.


289

Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


Por tanto, se fabuló que cuando Baco llevó al cielo a su esposa

Ariadna, como demostración de la alta dignidad que se la había

otorgado, él puso sobre su cabeza una corona;58 y la conmemoración

de esta coronación de la esposa del dios babilónico, se

perpetúa hasta hoy en la bien conocida figura de la esfera llamada

Ariadnae corona,59 o “la corona de Ariadna.” Esta fue, indiscutiblemente,

la fuente real del rito papal de la coronación de la

Virgen.

Del hecho de que la guirnalda de meliloto ocupara lugar tan destacado

en el mito de Osiris, de que la “guirnalda” se pusiera

sobre su altar, y de que su tumba fuera “coronada”60 con flores,

se originó la costumbre, tan predominante en el paganismo, de

adornar los altares de los dioses con “guirnaldas” de todas clases,

y con una notable profusión de flores.61 Hombro a hombro




57 DAVIES, Los Druidas, p. 448.

58 OVIDIO, Fastos, lib. III, l. 513, vol. III. p. 184.

59 MANILIO, lib. V. v. 21, p. 164.

60 WILKINSON, vol. IV. p. 345.

61 Ibid. vol. V. p. 368.



también, cuando él se levante

a una nueva vida, la corona

debe ser puesta nuevamente en

su cabeza, y su dominio universal

reconocido solemnemente.

Por tanto, a consecuencia de

esto hizo su aparición la solemne

coronación de las estatuas

del gran dios, y también poner

la “guirnalda” sobre su altar,

como trofeo de su reconquistado

“dominio.” Pero si se coronaba

al gran dios, también

era necesario que la gran diosa

recibiera un honor semejante.


Fig. 39

Imagen Papista de “Dios”

con Corona de Trébol


290

Lo Que Usted Debe Saber


con esta razón para la decoración de los altares con flores, había

también otra. Cuando en

“En ese hermoso campo

de Ena, Proserpina recogía flores,

Ella misma, la flor más bella, por el tenebroso Dis

Fue raptada; .....–”

y todas las flores que había recogido en su falda se perdieron,

por lo cual la pérdida sufrida por el mundo no sólo hizo brotar

sus propias lágrimas, sino que fue lamentada en los Misterios

como una pérdida de no poca monta, una pérdida que no sólo la

despojaba de su propia gloria espiritual, sino que acabó con la

fertilidad y con la belleza de la misma tierra.62 No obstante esa

pérdida, se creía que la esposa de Nimrod, bajo el nombre de

Astarté, o Venus, había sido más que indemnizada. Por tanto, al

tiempo que la sagrada “guirnalda” del dios descoronado se ponía

de nuevo triunfalmente sobre su cabeza y sobre sus altares,

al recobrarse las flores que había perdido Proserpina, también se

ponían en esos altares junto con ella, en señal de gratitud a esa

madre de la gracia y de la bondad, por la belleza y las bendiciones

temporales que la tierra debía a su mediación y a su amor.63

Esto ocurrió especialmente en la Roma pagana, donde los altares

se adornaban profusamente con flores. De esta fuente tomó

directamente el papado la costumbre de adornar con flores el

altar; y del papado, la tomó el puseísmo en la Inglaterra protestante,

bregando por introducir tal costumbre entre nosotros mismos.

Pero, considerando esto con respecto a su fuente, seguramente

que los hombres con la más ligera chispa de sentimiento

cristiano, podrán sentirse bastante avergonzados de considerar



62 OVIDIO, Metamorfosis, lib. V. fab. 6, ll. 391-395, y fab. 8, ll. 468-473. Ovidio

habla de las lágrimas que derramó Proserpina cuando, al desgarrarse de arriba abajo

su vestido, todas las flores que había recogido cayeron al suelo, como una muestra de

la ingenuidad de una mente infantil. Pero esto es, evidentemente, para el no iniciado.

Los lamentos de Ceres, que estaban íntimamente relacionados con la caída de estas

flores, y la maldición del suelo, que siguió inmediatamente, indicaban algo completamente

diferente. Pero que no puedo tratar aquí.

63 Lucrecio, dirigiéndose a Venus, dice: “Tibi suaveis daedala tellus summittit flores.”

– Lib. I. v. 6,7 p. 2.



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Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


tal cosa. Esto no sólo es contrario al genio de la administración

del Evangelio, que requiere que los que adoran a Dios, que es

Espíritu, le adoren “en espíritu y en verdad,”64 sino que eso es un

símbolo inequívoco de los que se regocijan con el restablecimiento

del paganismo en oposición al culto del único Dios viviente

y verdadero.


SECCION IV — EL ROSARIO Y EL CULTO DEL

SAGRADO CORAZON

Todos saben cuán completamente romanista es el uso del rosario;

y cómo los seguidores de Roma repiten mecánicamente sus

oraciones con las cuentas del rosario. Sin embargo, el rosario

no es un invento del papado. Pertenece a la más remota antigüedad

y se encuentra casi universalmente en las naciones paganas.

El rosario se usó como instrumento sagrado entre los antiguos

mejicanos.65 Se le usaba ampliamente entre los brahmanes del

Indostán; y en los libros sagrados hindúes se hace referencia a él

muchas veces. Así, en un relato de la muerte de Sati, la esposa

de Siva, aparece el rosario: “Al oír este suceso, Siva se desmayó

de dolor; luego, habiéndose recobrado, se precipitó a las orillas

del río del cielo, donde vio el cuerpo tendido de su amada Sati,

ataviado con blancas vestiduras, sosteniendo en sus manos un

rosario, y fulgurando con esplendor, brillando como oro bruñido.”

66 En el Tibet se le ha usado desde tiempo inmemorial, y

entre todos los millones de orientales adherentes de la fe budista.

Lo que sigue, tomado de Sir John F. Davis, demostrará cómo

se le emplea en la China: “En la religión tártara de los lamas, el

rosario de 108 cuentas ha llegado a ser parte de la vestidura ceremonial

asignada a los nueve grados de las clase oficial. El

rosario consiste en un collar de cuentas de coral, casi tan grandes

como huevos de paloma, que desciende hasta la cintura, y

que se distingue por algunas cuentas, según la categoría del usua-



64 Es evidente que esta expresión no significa solamente que se le adorara con sinceridad,

sino también con sencillez, lo que era opuesto al culto simbólico de los judíos.

65 HUMBOLDT, vol. II. p. 20.

66 Vaivasi Purana, KENNEDY, p. 332.


292

Lo Que Usted Debe Saber


rio. Hay un rosario pequeño de 18 cuentas, de tamaño inferior,

con el cual los bonzos cuentan sus oraciones y jaculatorias, exactamente

como en el ritual romano. En China, los laicos lo llevan

algunas veces en la cintura, perfumado con almizcle, y le

dan el nombre de Heang-choo, o cuentas olorosas.”67 En la Grecia

asiática, el rosario se usó comúnmente, como puede verse

por la Diana efesia.68 Parece que en la Roma pagana ocurría lo

mismo. Los collares que usaban las damas romanas no eran

solamente cintas ornamentales alrededor del cuello, sino que colgaban

hasta el pecho,69 tal como ocurre con los rosarios modernos;

y el nombre que se les daba, indica el uso a que se destinaban.

“Monilé,” la palabra común para nombrar la gargantilla,

no puede tener ningún otro significado que el de “recordatorio.”

Entonces, fuera cual fuese el pretexto que se tuvo desde un principio

para la introducción de tales “rosarios” o “recordatorios,”

la idea en sí de tal cosa, es completamente pagana.70 Se supone

que cierto número de oraciones deben ser repetidas, pero esto

pasa por alto la gran exigencia que Dios hace al corazón, y lleva

a los que hacen tal cosa a creer que la forma y la rutina lo son

todo, y “piensan que por su palabrería serán oídos” (Mateo 6:7).

En la Iglesia católica se ha introducido ampliamente una nueva

clase de devoción, en la cual las cuentas desempeñan una parte

importante, y que demuestra cuáles son las nuevas zancadas que

está dando todos los días el papado en la dirección del antiguo

paganismo babilónico. Me refiero al “Rosario del Sagrado Corazón.”

No ha pasado mucho tiempo desde que se introdujo

primero el culto del “Sagrado Corazón;” y ahora es el culto favorito

en todas partes. Así ocurrió en la antigua Babilonia, como

se evidencia por el sistema babilónico cuando éste apareció en

Egipto. Allí también fue venerado un “Sagrado Corazón.” El




67 China, vol. I. p. 391.

68 Ver el grabado de la Fig. 8.

69 “Dat longa monilia collo.” – OVIDIO, Metam., lib. X. l. 264, vol. II. p. 498.

70 La misma palabra “Rosario” parece venir del coladeo “Ro,” “meditación,” y

“Shareh,” “guía.”



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Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


“Corazón” era uno de los símbolos sagrados de Osiris cuando él

nació de nuevo, y apareció como Harpócrates, o el niño divino,

71 nacido en los brazos de su madre Isis. Por tanto, el fruto

de la persea egipcia era particularmente sagrado para él por su

parecido al “CORAZON HUMANO.”72 Por esto, esta divinidad

infantil se representaba frecuentemente llevando en una de sus

manos un corazón, o el fruto en forma de corazón de la persea

(Fig. 40).73 El grabado adjunto procede de Pompeya; pero en la

siguiente cita del crítico John Bell sobre las antigüedades de la

Galería de Pinturas de Florencia, se demostrará que la pueril

divinidad había sido representada de la misma manera en todas

partes en la antigüedad. Hablando de la estatua de Cupido, él

dice que es “un muchacho hermoso, fuerte, carnudo y rollizo, en

primorosa acción deportiva, agitando hacia atrás un corazón.”74

Así, el dios-niño llega a ser considerado como el “dios del cora-



71 El nombre de Harpócrates, como se ve por Bunsen, significa “Horus, el niño.”

72 PLUTARCO, De Iside, vol. II. p. 378, C.

73 Pompeya, vol. II. p. 177.


Fig.40

Cupido con el Corazón Simbólico


294

Lo Que Usted Debe Saber


zón,” en otras palabras, como Cupido, el dios del amor. Para

identificar esta deidad infantil con su padre “el cazador poderoso”

se le equipaba con el “arco y las flechas;” y para deleite del

vulgo pagano, este dios-niño deportista, en manos de los poetas,

fue celebrado apuntando con sus dardos de punta dorada a los

corazones de la humanidad. Sin embargo, su verdadero carácter,

como lo demuestra el relato anterior, como se concluye por

el motivo que ya hemos visto, era mucho más elevado y de clase

muy diferente: El era la simiente de la mujer. Entonces, Venus y

su hijo Cupido, no eran otra cosa que la Madona y el niño.75

Mirando el asunto con esta luz, la verdadera fuerza y el significado

del lenguaje aparecerán en las palabras que Virgilio puso

en boca de Venus, cuando dijo, dirigiéndose a Cupido:

“Hijo mío, mi defensa, cuyo sólo poder

Mantiene a raya al tronador en su terrible trono,

A ti, tu muy afligida madre acude,

Y en tu socorro y en tu fe confía.”76

De lo que ya hemos visto sobre la forma en que el poder y la

gloria de la Madre Diosa se fundamentan completamente en el

carácter divino atribuido a su Hijo, el lector debe ver cómo esto

se pone exactamente de manifiesto cuando al Hijo se le llama

“LA DEFENSA” de su madre. Como el dios-niño, cuyo símbolo

era el corazón, era reconocido como el dios de la niñez, esto

explica muy satisfactoriamente una de las costumbres peculiares

de los romanos. Kennett nos dice en sus Antigüedades, que

los jóvenes romanos, en sus tiernos años, acostumbraban llevar



74 JOHN BELL, Italia, p. 269. Edimburgo, 1825.

75 Los versos siguientes de Ovidio demostrará que él identificaba claramente a Venus

y a Cupido con la “Madre y el niño” babilónicos:

“Terribilem quondam fugiens Typhona Dione

Tune cum pro coelo Jupiter arma tulit,

Venit ad Euphraten, comitata Cupidine parvo,

Inque Palaestinae margine sedit aquae.”

Fastos, lib. II. 461-464, vol. III. p. 113.

76 La Eneida, lib. I. 937-940. En la traducción de DRYDEN, vol. II. p. 335. En el

original, ll. 668-670.



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Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


un adorno de oro colgado al cuello, llamado bulla, que era hueco

y en forma de corazón.77 Barker, en su obra sobre Cilicia, al

tiempo que admite que la bulla romana tenía forma de corazón,

78 dice además que “era costumbre en el nacimiento de un

niño darle el nombre de algún personaje divino del que se suponía

que lo tuviera bajo su cuidado,” aunque el “nombre no se

mantenía más allá de la infancia, cuando se abandonaba la bulla.”

79 ¿Quién era tan idóneo para ser el dios bajo cuya custodia

se pusieran los niños romanos, como el dios que bajo cualquiera

de sus muchos nombres representaba el símbolo que ellos usaban,

y que, al tiempo que era reconocido el grande y poderoso

dios de la guerra, era también presentado en su forma favorita

como un niñito?

Parece que la veneración del “sagrado corazón” también se extendió

hasta la India, porque allí a Visnú, el dios mediador, en un

de sus avatares, con la señal de la herida en un pie,80 a consecuencia

de la cual murió, por lo que se hace anualmente una

lamentación, se le representa llevando un corazón colgado en el

pecho (Fig. 41).81 Ante la pregunta de ¿cómo ocurrió que el

“corazón” se convirtiera en el símbolo reconocido del Hijo de la

Gran Madre? La respuesta es: En Caldea, “el Corazón” es “BEL;”

y, como en el principio, después de la represión sufrida por la

idolatría, casi toda la mayor parte de los elementos importantes

del sistema caldeo se introdujeron solapadamente, y así, bajo

ese solapamiento continuaron para mantenerlos ocultos a la vista

del no iniciado, después de que la razón primordial – la razón

del temor – había dejado de operar. Entonces, el culto del “Sagrado

Corazón,” era justamente, bajo un símbolo, el culto del

“Sagrado BEL,” de ese poderoso de Babilonia que había muerto

como mártir por la idolatría; porque Harpócrates, o Horus, el



77 Pp. 300,301.

78 Lares y Penates de Cilicia, p. 147.

79 Ibid. p. 166.

80 Ver ante, con respecto a la muerte de Crisna, uno de los avateres de Visnú, p. 61.

81 De El Panteón, de MOOR, lámina 11, Fig. 6.


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Lo Que Usted Debe Saber


dios-niño era considerado como Bel.82 Que éste fue en verdad el

caso, lo demuestra la siguiente cita de Taylor, en una de sus notas

a la traducción de los Himnos Orficos: “Mientras Baco,” dice

él, “se miraba” con admiración “en un espejo, fue lamentablemente

despedazado por los titanes que, no contentos con esta

crueldad, cocieron primero sus miembros en agua, y después los

asaron en el fuego; pero mientras estaban saboreando su carne

así aderezada, Júpiter, excitado por el olor, y dándose cuenta de

la crueldad de los hechos, lanzó su rayo a los titanes, y entregó

sus miembros a Apolo, el hermano de Baco, para que pudieran

ser enterrados apropiadamente. Y al hacerse esto, Dionisos [es

decir, Baco], (cuyo CORAZON fue arrebatado y conservado por

Minerva durante el despedazamiento) para una nueva REGENERACION,

se levantó de nuevo, y al ser restaurado a su vida original

y a su integridad, completó después el número de los dioses.”

83 Ciertamente, esto demuestra con una luz sorprendente,

el peculiar carácter sagrado del corazón de Baco, y que la regeneración

de su corazón tiene el mismo significado que fue atri-



82 Ver ante, p. 69.

83 TAILOR, Himnos Místicos de Orfeo. Nota, p. 88.


Fig. 41

Visnú con el Símbolo del Corazón


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Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


buido al nuevo nacimiento, o nueva encarnación de Nimrod o

Bel. Sin embargo, cuando Bel nació de nuevo como un niño,

fue representado, como hemos visto, como una encarnación del

sol. Por tanto, para indicar su relación con el ígneo y calcinante

sol, el “sagrado corazón” se representaba frecuentemente como

un “corazón flameante.”84 Así, el “Sagrado Corazón” de Roma

es representado como un corazón que despide llamas, como puede

verse en los rosarios destinados a su culto. Entonces, ¿a cuento

de qué se dice que el “Sagrado Corazón” que Roma adora lleve

el nombre de “Jesús,” cuando no solamente es la devoción tributada

a una imagen material, tomada del culto del Anticristo babilónico,

sino que los atributos asignados a ese “Jesús” no son

los atributos del Salvador viviente y amante, sino los atributos

auténticos del antiguo Moloc o Bel?


SECCION V — LAMPARAS Y CIRIOS


Otra particularidad del culto papal es el empleo de lámparas y

cirios. Si la Madona y el niño se ponen en un nicho, debe encenderse

una lámpara ante ellos; si va a celebrarse la misa, aunque

sea a plena luz del día, deben encenderse cirios en el altar; si va

a realizarse una gran procesión, no puede ser cabal y completa

sin cirios encendidos para adornar el vistoso espectáculo. El

uso de tales lámparas y cirios proviene de la misma fuente que

todo el resto de la superstición papal. Lo que dio origen al “Corazón”

cuando se convirtió en emblema del Hijo encarnado, siendo

representado como un corazón en llamas, requería también

que tales lámparas y cirios encendidos hicieran parte del culto

de ese Hijo, pues así, según los ritos establecidos por Zoroastro

era adorado el dios-sol.85 Cuando a cada uno de los egipcios se

le exigía que encendiera una lámpara delante de su casa al aire

libre, esto era un acto de homenaje al sol, que había ocultado su

gloria para envolverse en una forma humana.86 Cuando los



84 Ver Fig. 4 con el corazón flameante en una de las manos.

85 Ver Nota tercera.

86 Ver ante, p. 118.


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Lo Que Usted Debe Saber


yezidis del Kurdistán celebran hoy día, una vez al año, su fiesta

de las “lámparas encendidas,” también es en honor de Sheikh

Shems, o el Sol.87 Lo que se hacía en gran escala en esas grandes

ocasiones, era hecho en pequeña escala en los actos individuales

de adoración a su dios, mediante lámparas y cirios encendidos

ante la divinidad favorita. Como sabemos por el escritor

apócrifo del libro de Baruc, esta práctica predominó grandemente

en Babilonia. “Encienden lámparas para ellos (para los dioses),”

dice él, “y en mayor número que para sí mismos, pero los dioses

no pueden ver ninguna; [pues] son como las vigas del templo.”88

La misma práctica se observaba en la Roma pagana. Así encontramos

que Licinio, el emperador pagano, antes de entrar en combate

con Constantino, su contrincante, convocaba una gran reunión

de amigos en un bosque espeso, y allí ofrecía sacrificios a

sus dioses, “encendiendo velas de cera” ante ellos, al tiempo que

en su arenga les insinuaba a sus dioses que si ellos no le concedían

la victoria ante Constantino, su enemigo y el de ellos, se

verían en la necesidad de abandonar su culto, y no encendería

más “velas de cera en su honor.”89 También en Roma figuraban

profusamente las velas de cera en las procesiones paganas. “En

estas solemnidades,” dice el Dr. Middleton, citando como autoridad

a Apuleyo, “en estas solemnidades, el magistrado principal

solía asistir con frecuencia, vestido de ceremonia, acompañado

por los sacerdotes con sobrepelliz y con velas de cera en

las manos, llevando en procesión las imágenes de sus dioses,

vestidos con su mejores galas; éstos [los dioses] eran seguidos,

usualmente, por los jóvenes principales del lugar con vestidos

de lino blanco o sobrepellices, cantando himnos en honor de los

dioses cuya fiesta estaban celebrando, acompañados por multitud

de gente de toda clase que estuvieran iniciados en la misma

religión, todos con antorchas o velas de cera en las manos.”90



87 Identificado con Sheik Adi. Ver Nínive y Babilonia, p. 81, y Nínive y sus Ruinas,

vol. I. pp. 289,290.

88 BARUC 6:19,20.

89 EUSEBIO, Vida de Constantino, lib. II. 5, p. 183.

90 MIIDDLETON, Carta desde Roma, p. 189. APULEYO, vol. I., Metam., cap. IX.

pp. 1014-1016, y cap. X. pp. 1019-1021.



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Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


Así, tan absoluta y exclusivamente pagana era la costumbre de

encender lámparas y velas a la luz del día, que encontramos escritores

cristianos tales como Lactancio, en el siglo cuarto, que

ponen de presente lo absurdo de tal práctica, y ridiculizan a los

romanos “por encender velas a Dios, como si El viviera en la

obscuridad.”91 Si tal costumbre hubiera logrado el menor arraigo

entre los cristianos, Lactancio nunca habría podido ridiculizarla

como lo hace, como una práctica propia del paganismo.

Pero lo que era desconocido para la Iglesia cristiana del comienzo

del siglo cuarto, empezó a insinuarse poco tiempo después, y

ahora constituye una de las más notables peculiaridades de la

congregación que hace alarde de ser la “Madre y Señora de todas

las iglesias.”

Mientras Roma usa tanto lámparas como cirios en sus ritos sagrados,

es sorprendente, sin embargo, que atribuya alguna virtud

extraordinaria a los cirios sobre todas las demás luminarias.

Hasta los tiempos del Concilio de Trento, así oraba ella el sábado

santo en la bendición de los cirios pascuales: “Recordándote

en tus obras esta sábado santo, ofrecemos muy humildemente

este sacrificio ante tu Majestad; especialmente, un fuego no profanado

con la gordura de la carne, ni mancillado con aceite o

ungüento profano, ni contaminado con cualquier fuego sacrílego;

sino que te ofrecemos con obediencia que procede de perfecta

devoción, un fuego hecho de CERA y pábilo, encendido y

quemado en honor de tu nombre. Por tanto, este MISTERIO tan

grande, y el maravilloso sacramento de esta santa víspera, debe

ser ensalzado sin falta con justas y merecidas oraciones.”92 Que

hubiera algún misterio oculto, como aquí se decía, encubierto

en las “velas de cera” en el sistema original de la idolatría, de la

cual ha tomado Roma su ritual, bien puede creerse cuando se

observa el acuerdo unánime de las naciones más remotas sobre

el uso de velas de cera en sus ritos sagrados. Entre los tunguses,

cerca del lago Baikal en Siberia, “se ponen velas de cera ante



91 LACTANCIO, Institut., lib. VI. cap. 2, p. 289.

92 “Ofico para Pascua Florida,” en Análisis de la Epístola del Dr. GENCIANO

HARVET de Lovaina, p. 229, B, y 230, A.


300

Lo Que Usted Debe Saber


los Burchan,” los dioses o ídolos de ese país.93 En la islas Molucas

se usan velas de cera en el culto de Nito, o el Diablo, a quien

estos isleños adoran. “Habiéndose reunido veinte o treinta personas,”

dice Hurd, “ellos llaman a Nito, golpeando un pequeño

tambor consagrado, mientras que dos o más del grupo encienden

velas de cera, y pronuncian algunas palabras misteriosas

que ellos consideran capaces de conjurarlo.”94 En Ceilán, el uso

de velas de cera en el culto es un requisito indispensable. “En

Ceilán,” dice el mismo autor, “algunos adeptos, que no son sacerdotes,

erigen capillas para sí mismos, pero están obligados a

tener en cada una de ellas una imagen de Buda, a encender ante

él cirios o velas de cera, y a adornarlo con flores.”95 Una práctica

tan generalizada debe haber venido de una fuente primigenia,

y debe haber tenido originalmente, en el fondo, alguna razón

mística. De hecho, la vela de cera era un jeroglífico, como tantas

otras cosas que ya hemos visto, y estaba destinada a representar

al dios babilónico en una de sus caracterizaciones esenciales

de Gran Mediador. El lector de los clásicos podrá recordar

que uno de los dioses de la antigüedad primigenia se llamaba

Urano,96 es decir, “el Iluminador.” Con este mismo carácter



93 Revista Asiática, vol. XVII. pp. 593,596.

94 Ritos y Ceremonias, p. 91, col. 1.

95 Ibid. p. 95, col 2.

96 De Aor, o nuestra “luz,” y an, “hacer” o producir. Urano entonces es “El

Iluminador.” Según la Versión de los Setenta, éste es el Urano fenicio, llamado el

hijo de Elios, o Philo-Byblius que, de por sí, representa el nombre de “El Altísimo.”

– (V. de los SETENTA pp. 16-19). Urano, en sentido material, es “El que brilla; ” y

para Hesiquio (sub voce “Akmón”) equivale a Cronos, que también tiene el mismo

significado, porque Krn, la forma verbal de la cual procede, también significa “echar

cuernos,” o “producir rayos de luz;” y, por tanto, mientras que el epíteto Cronos, o el

“El Cornudo” hace referencia principalmente al poder material de Nimrod como un

rey “poderoso,” cuando ese rey fue deificado, y se convirtió en el “Señor del Cielo,”

dicho nombre, Cronos, todavía se le aplicaba en su nuevo carácter como “El que

Brilla o el Iluminador.” La distinción hecha por Hesíodo entre Urano y Cronos, no es

argumento en contra de la verdadera identidad substancial de estas divinidades paganas.

Porque Heródoto (Hist. Lib. II. cap. 53) dice que Hesído tuvo que ver con “la

invención de una teogonía” para los griegos, lo que implica que, por lo menos, algunos

detalles de esa teogonía deben haber provenido de su propia imaginación; y, al

examinarla, se encuentra, cuando se descorre el velo de la alegoría, que el “Urano” de

Hesído, aunque presentado como uno de los dioses paganos, era realmente, en el

fondo, el “Dios del Cielo,” el Dios viviente y verdadero. Ver lo que se dice con

respecto al “Titán” de Hesíodo en el Capítulo Séptimo, Sección V.



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Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


se adoraba a Nimrod al ser deificado. Como el dios-Sol era

considerado no solamente como el iluminador del mundo material,

sino también como el iluminador de las almas de los hombres,

pues se le reconocía como el revelador de la “bondad y de

la verdad.”97 Es evidente que tanto en el Antiguo como en el

Nuevo Testamento, el nombre propio y personal de nuestro Señor

Jesús, el Cristo, es “La Palabra de Dios,” como el Revelador

del corazón y de los designios de la Deidad. Para identificar al

dios Sol con el Gran Revelador de la Deidad, se le representó en

la escultura como un León con el nombre de Mitra; ese León

tenía una abeja en la boca (Fig. 42).98 La abeja en la boca del

dios Sol tenía el propósito de señalarlo como “la Palabra,” pues

Dubar, la palabra caldea que significa “abeja,” también significa

“palabra;” y poner la abeja en la boca, no deja duda en cuanto

a la idea que se quería dar a entender. Se quería inculcar la

creencia de que Mitra (que según dice Plutarco, era adorado como

Mesites, “el Mediador”),99 en su carácter de Urano, “el

Iluminador,” no era otro que el Glorioso, de quien el evangelista

San Juan dice: “En el principio ya era la Palabra, y aquel que es

la Palabra era con el Dios, y la Palabra era Dios. Este era en el

principio con el Dios.... En él estaba la vida, y la vida era LA

LUZ DE LOS HOMBRES.” El Señor Jesús, el Cristo, fue siempre

el revelador de la Deidad, y debe haber sido conocido por

los patriarcas como tal, pues el mismo evangelista dice: “A Dios

nadie le vio jamás; el Unigénito hijo, que está en el seno del

Padre, él nos lo declaró,” es decir, “El” ha sido revelado por El.

Antes de que viniera el Salvador, los antiguos judíos se referían

comúnmente al Mesías, o al Hijo de Dios, con el nombre de

Dabar, o la “Palabra.” Esto se verá al reflexionar sobre lo que se

dice en el capítulo tercero del libro primero de Samuel. En el

primer versículo de ese capítulo se dice: “Y la palabra del SEÑOR

escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia,”

es decir, como consecuencia del pecado de Elí, el Señor no



97 WILKINSON, vol. IV. p. 189.

98 DUPUIS, El Origen de todos los Cultos, vol. IV. p. 194. La figura anterior es de

HYDE, De Vetere Religine Persarum, p. 113.

99 PLUTARCO, De Iside, vol. II. p. 369.


302

Lo Que Usted Debe Saber


se había revelado en visión durante largo tiempo, como lo había

hecho a los profetas. Cuando el Señor llamó a Samuel, se restauró

esta “visión” del Dios de Israel (aunque no para Elí), porque

en el último versículo (v. 21) se dice: “Y el SEÑOR volvió a

APARECER en Silo; porque el SEÑOR se manifestó a Samuel en

Silo por la palabra del SEÑOR.” Aunque el Señor le habló a

Samuel, este lenguaje implicaba más que palabras, porque se

dice que “el SEÑOR volvió a aparecer,” es decir, que fue visto.

Cuando el Señor se reveló a Sí Mismo, o fue visto por Samuel,

se dice que fue “por la Palabra (Dabar) del SEÑOR.” Para que

sea visible, la “Palabra del Señor” tiene que ser la “Palabra de

Dios” en persona, es decir, Cristo.100 Evidentemente, la Palabra



100 Después del cautiverio de Babilonia, como se ve en las paráfrasis caldeas del

Antiguo Testamento, a Cristo se le llamó comúnmente por el título de “La Palabra del

Señor.” En estas paráfrasis caldeas, el término “La Palabra” es “Mimra;” Pero esta

palabra, aunque es un sinónimo de la que se emplea en las Escrituras hebreas, jamás

se usa allí. Dabar es la palabra que se emplea. Esto tiene tan general aceptación que

en la traducción hebrea del Evangelio de San Juan en el Polígloto de Bagster, el

primer versículo dice así: “En el principio era la Palabra (Dabar).”

101 Obras de Platón, vol. I. p. 85, E.

El León de Mitra con la Abeja en la Boca



Fig. 42


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Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


fue el nombre primitivo por el cual se le conoció; y, por tanto, no

causa sorpresa que Platón se refiriera a la segunda persona de su

Trinidad con el nombre de el Logos, lo cual es apenas la traducción

de “Dabar,” o “la Palabra.”101 La luz de las velas de cera al

igual que la luz de Dabar, “la abeja,” se presentaba como el substituto

de la luz de Dabar, “la Palabra.” Así, los apóstatas se

apartaron de la “Luz Verdadera,” y en Su lugar crearon una sombra.

Es claro que éste fue el caso, pues dice Crabb, hablando de

Saturno: “En sus altares se colocaban velas de cera encendidas,

porque por Saturno los hombres pasaron de las tinieblas del error

a la luz de la verdad.”102 En la Grecia asiática, el dios babilónico

era reconocido evidentemente como la “Palabra” que da luz,

porque allí encontramos la abeja ocupando tal posición, que es

muy claro que ella era un símbolo del gran Revelador. Así vemos

que Miller, refiriéndose a los símbolos relacionados con el

culto de la Diana efesia, dice: “Su símbolo permanente es la

abeja, que no se atribuía a Diana de otra manera... al mismo

sumo sacerdote se le llamaba Essen, o la abeja-rey”103 El carácter

de sumo sacerdote muestra el carácter del dios que representaba.

Por supuesto, la divinidad contemplativa de Diana, la diosa

que lleva la torre, era la misma divinidad atribuida invariablemente

a la diosa babilónica; y tal título del sacerdote deja ver

que la abeja que aparecía en sus medallas era apenas un símbolo

para su hijo, como la “Simiente de la Mujer,” en su supuesto

carácter de Dabar, “la Palabra,” que iluminaba las almas de los

hombres. De que éste es precisamente el “Misterio” oculto bajo

el encendido de los cirios en los altares del papado, tenemos una

evidencia muy notable en sus mismas prescripciones, pues en el

mismo lugar en que se habla del “Misterio” de los cirios, Roma

se refiere de este modo a la abeja que produce la cera: “Por cuanto

nos maravillamos grandemente al considerar el primer principio

de esta substancia, a saber, los cirios, entonces nos vemos en la

imperiosa necesidad de exaltar la cera original de las abejas,

porque... ellas recorren las flores con sus pies, pero las flores no



102 CRABB, Mitología, p. 12.

103 MULLER, Los Dorios, vol. I. pp. 403,404. Oxford, 1830.


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Lo Que Usted Debe Saber


se dañan por esto; ellas no tienen hijos, pero dan vida con su

boca a sus jóvenes enjambres, así como Cristo (para ejemplo

maravilloso) procedió de la BOCA de Su Padre.”104 Aquí es evidente

que se hace referencia a Cristo como la “Palabra de Dios;”

y como podría haberlo concebido alguna vez cualquier imaginación,

un paralelo tal como el contenido en este pasaje, no habría

sido por el equívoco entre “Dabar,” “la abeja,” y “Dabar,” “la

Palabra.” En una obra papista, ya citada, el Pancarpium

Marianum, encuentro que al Señor Jesús se le da expresamente

el nombre de la Abeja. Refiriéndose a María, con el nombre de

“Paraíso del Deleite,” el autor dice así: “En este Paraíso donde

la Abeja celestial, es decir, la Sabiduría encarnada se alimentó

ciertamente. Aquí encontró ese goteante panal, con el cual toda

la amargura del mundo corrompido se ha tornado en dulzura.”105

¡Esto representa blasfemamente al Señor Jesús como si hubiera



104 Análisis de la Epístola del Dr. GENCIANO HARVET de Lovaina, pp. 349, B, y

350, A. Esta obra comúnmente llamada La Colmena de la Iglesia Romana, contiene

el latín original del pasaje traducido arriba. El pasaje en cuestión se encuentra por lo

menos en dos Misales romanos que, sin embargo, ahora son poco comunes, a saber,

uno impreso en Viena en 1506, fol. 75, p. 2, con el cual se comparó y se verificó la

cita del texto ; y la otra impresa en Venecia en 1522. Estas fechas son anteriores a la

institución de la Reforma; y, según parece, este pasaje fue expurgado de las ediciones

subsiguientes por no resistir la búsqueda escrutadora a la que estuvo sometido todo lo

relacionado con la religión como consecuencia del magno acontecimiento. Sin embargo,

la ceremonia de la bendición de los cirios que no aparece en el Pontificale

Romanum de la Biblioteca de Abogados de Edimburgo, se encuentra en el Pontificale

Romanum de Venecia, 1543, p. 195, y en el Pontificale Romanum de Venecia, 1572,

p. 183. En la ceremonia de bendición de los cirios que aparece en el Misal romano

impreso en París en 1677, en la página 81 y siguientes, hay una gran alabanza de la

abeja, muy semejante al pasaje citado en el texto. La introducción de una fórmula tan

fuera de lo común en una ceremonia religiosa es de muy vieja data y su fuente es

evidentemente italiana; pues, en las obras del obispo papista Enodio, que ocupó una

diócesis italiana en el siglo sexto, encontramos la replica de lo que estamos considerando.

Así, en una oración con respecto al “Cirio Pascual,” se declara expresamente

que la razón para la ofrenda del cirio es porque, por medio de las abejas que producen

la cera de la cual se hace, “la tierra tiene una imagen de aquello que le es PECULIAR

AL CIELO” (meretur habere terra quod coeli est) (ENOD, Opera, p. 456), y eso con

respecto al mismo asunto de la GENERACION, pues las abejas pueden “por medio

de la virtud de las hierbas, alimentar a sus crías por medio de sus bocas, empleando

menos tiempo que las demás criaturas que lo hacen de manera corriente” (“prolem.....

quam herbarum lucro, diligentius possunt ore profligare quam semine”) (Ibid). Esta

oración tiene la misma idea de la oración del texto ; y sólo hay una manera de explicar

el origen de tal idea. Ella debe haber procedido de una Liturgia caldea.

105 Pancarpium, cap. 29, p. 122.


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Acerca de los Misterios. . . y el Culto al Hombre


tomado de Su madre todo lo necesario para bendecir al mundo!

¿Esto podría haber provenido alguna vez de la Biblia? No. Solamente

debe haber procedido de la fuente donde el escritor aprendió

a llamar a la “Sabiduría encarnada” por el nombre de la Abeja.

Como el equívoco por el cual se aplicó tal nombre al Señor