El Remanente De Israel

¡Cómo amo Tu Toráh, O YAHWEH!Medito en ella todo el día.Tú me has hecho más sabio que mis enemigos,porque Tus mitzvot son míos para

siempre.Tengo más entendimiento que todos mis maestros porque Tu instrucción es mi meditación,Entiendo más que los ancianos,porque

guardoTus mandamientos.Aparto mis pies de todo camino maligno,para guardar Tus Palabras.No me aparto de Tus juicios,porque Tú me has

instruido.¡Qué dulce a mi gargantason Tus oráculos,verdaderamente más dulce que miel en mi boca!De Tus mandamientos adquiero

entendimiento;por esto odio todo camino de injusticia

93

Parte IV

Capitulo 7

Los Jesuítas en Francia Desde

1870 Hasta 1885

+

El colapso del Imperio debería haber causado una reacción contra el

espíritu ultramontano en Francia. Pero no fue así, como lo muestra

Adolphe Michel:

"Cuando el trono cayó en el lodo de Sedán el 2 de diciembre, Francia

quedó definitivamente derrotada, y la asamblea de 1871 se reunió en

Bordeaux mientras esperaba ir a Versalles, el partido clerical fue más

audaz que nunca. En todos los desastres que acontecían a la nación,

hablaba como amo¿Quién puede olvidar las presuntuosas

manifestaciones de los jesuítas y sus amenazas insolentes en los años

previos? Está el caso del padre Marquigny, que anunció el entierro civil

de los principios de 1789; Belcastel, que por decisión propia dedicó a

Francia al Sagrado Corazón; los jesuítas, que construyeron una iglesia

en la colina de Montmartre en París, actuando contra la Revolución; los

obispos, que incitaron a Francia a declarar la guerra a Italia y

restablecer el poder temporal del papa..."54

Gastón Bally explica muy bien la razón de esa situación

aparentemente paradójica: "Durante ese cataclismo, los jesuitas como

siempre se ocultaron rápidamente en su agujero, dejando que la

República luchara sola para salir del problema. Pero, cuando la mayor

parte del trabajo estaba hecho y nuestro territorio se liberó de la

invasión de Prusia, ellos empezaron otra vez la invasión negra después

de librarse de un desastre. El país estaba saliendo nuevamente de una

pesadilla, de un sueño terrible, y era el tiempo oportuno para tomar el

control de las masas dominadas por el pánico".55

Pero, ¿no sucede lo mismo después de cada guerra? Es indiscutible

que la Iglesia Romana siempre se ha beneficiado de los grandes

desastres públicos; y que la muerte, la miseria y toda clase de sufrimiento

incitan a las masas a buscar el consuelo ilusorio en prácticas piadosas.


54. Adolphe Michel, op. cit., pp. 72-73.

55, Gastón Bally, op. cit., pp. 101,107-109.

94 La Historia Secreta de los Jesuítas


Así, las mismas víctimas fortalecen —o aumentan— el poder de quienes

causan esos desastres. Al respecto, las dos guerras mundiales tuvieron

las mismas consecuencias que la de 1870.

Francia, pues, fue conquistada. Y la Compañía de Jesús obtuvo una

gran victoria en 1873, cuando se aprobó una ley autorizando construir

la basílica del Sagrado Corazón en la colina de Montmartre. Esta iglesia,

declarada un "deseo nacional", por una cruel ironía materializaría en

piedra el triunfo del jesuitismo en el lugar donde se había originado.

La invocación al Sagrado Corazón de Jesús, ensalzada por los jesuítas,

a primera vista puede parecer inocente aunque es fundamentalmente

idólatra, f

"Para comprender el peligro", escribió Gastón Bally, "tenemos que

mirar tras la fachada, y observar la manipulación de las almas y el

objetivo de sus diversas asociaciones: la Fraternidad de la 'Adoración

Perpetua', la Hermandad de la 'Guardia de Honor', el Apostolado de la

Oración, la Comunión Reparativa, etc. Tal como lo expresó la

invitación de la señorita Alacoque, el propósito exclusivo de las

hermandades, los asociados, apóstoles, misioneros, adoradores,

defensores, guardias de honor, restauradores, mediadores y otros

federados del Sagrado Corazón es unir su homenaje al de los nueve

coros de ángeles".

Por tanto, está lejos de ser inocente. "Las hermandades declararon

sus objetivos muchas veces. No pueden acusarme de difamarlos; sólo

citaré algunos pasajes de sus declaraciones más claras y reuniré sus

confesiones.

"La opinión pública mostró indignación por los comentarios del

padre Olívier cuando sepultaron a las víctimas del Bazar de Caridad.

En esa catástrofe, el monje había visto sólo otra prueba de la clemencia

divina. Dios, sintiéndose triste por nuestros 'errores', nos invitaba

tiernamente a corregirlos.

"Parecía monstruoso. La construcción de la basílica en Montmartre

fue resultado del mismo 'razonamiento', pero había quedado en el

olvido".56

Y. ;.cuál era el terrible pecado que Francia debía confesar? El autor

antes mencionado responde: "LA REVOLUCIÓN''.

"Ese es el crimen abominable que debemos 'expiar'.

"La Basílica del Sagrado Corazón simboliza el arrepentimiento de


56. Gastón Bally, op.dt.,pp. 101, 107-109.


Los Jesuítas en Francia Desde 1870 Hasta 1885

95

Francia ("Sacratissimo cordi Jesu Gallíoe poenitens et devoter");

asimismo, expresa nuestra firme intención de reparar los errores. Es un

monumento de expiación y reparación".57

"Salva a Roma y a Francia en el nombre del Sagrado Corazón" llegó

a ser el himno del Orden Moral.

"Así, pudimos esperar contra toda esperanza", escribió el abad

Brugerette, "a la expectativa de que, en algún momento, viniera del

'cielo apaciguado' el gran evento de la restauración del orden y la

salvación de la patria".58

Sin embargo, parecía que el "cielo", airado con la Francia de los

derechos humanos, no estaba lo suficientemente "apaciguado" con la

edificación de la famosa basílica y los tres famosos apagavelas como

"restauración del orden", o la restauración monárquica estaba

ocurriendo en forma muy lenta. El mismo autor explica:

"Aunque las manifestaciones gloriosas de la fe católica en los años

posteriores a la guerra de 1870 parezcan impresionantes, se carecería de

percepción si se juzgara a la sociedad francesa de esa época sólo por la

piedad exterior; faltaría también el espíritu sicológico y estaríamos

lejos de la verdad. Debemos preguntarnos, entonces, si el sentimiento

religioso fue una respuesta directa —para toda esa sociedad— a la

expresión de fe que revelaban los impresionantes peregrinajes

organizados por los obispos y la sinceridad de las masas en las

iglesias...

"Sin el deseo de atenuar la importancia del movimiento religioso en

Francia, originado por las guerras de 1870 y 1914 que despertaron altas

esperanzas, debemos admitir que ese avivamicnto de la fe no tuvo la

profundidad ni el alcance de una verdadera renovación religiosa...

"Porque, aun entonces, la iglesia francesa no sólo estaba formada por

miles de incrédulos y adversarios, sino por un gran número de católicos

nominales y sin convicción. Las prácticas religiosas se celebraban por

hábito más que por convicción...

"Francia, en un acto desesperado, envió a una mayoría católica a la

Asamblea Nacional; pero al parecer, pronto lo lamentó, porque cinco

meses después cambió su posición en las elecciones complementarias

del 2 de julio. Ese día el país debía elegir a 113 diputados. Fue una total

derrota para los católicos y la victoria para unos 80 a 90 republicanos.


57. Gastón Bally, op.cit.pp. 101,107-109.

58. AbadBmgerette,op. cit.,II,pp. 10-14.

96 La Historia Secreta de los Jesuítas


En todas las elecciones que siguieron a dicha consulta de sufragio

universal, se vio la misma oposición republicana y anticlerical. Sería

infantil pretender que no expresaban ei sentimiento y los deseos de la

sociedad". $9

El abad Bnigerette, al hablar de los grandes peregrinajes organizados

en ese tiempo para "animar al país", admite que causaron "algunos

errores y excesos", despertando sospechas de los "adversarios de la

iglesia".

"Para ellos, los peregrinajes eran empresas organizadas por el clero

para restaurar la monarquía en Francia y el poder pontifical en Roma.

Y, la actitud del clero respecto a esos dos objetivos parecía justificar tal

acusación de la prensa no religiosa; como veremos después, eso

impulsó poderosamente el anticlericalismo. Sin alejarse de sus hábitos

religiosos, reavivados después de la guerra, la sociedad francesa se

rebeló contra ese 'gobierno de sacerdotes', como lo estigmatizó

Gambetta. En lo profundo, el pueblo francés mantuvo un invencible

instinto de resistencia contra todo lo que se asemejara, aun vagamente,

al dominio político de la iglesia. En general la nación amaba la religión,

pero el fantasma de la "teocracia", revivido por la prensa de oposición,

la atemorizaba. La hija mayor de la iglesia no quería olvidar que

también era la madre de la Revolución".60

No obstante, el clero —con los jesuítas a la cabeza— procuró

persuadir al pueblo francés para que abjurara del espíritu republicano.

"Con la ley de Faíloux en vigencia, los jesuítas expandieron

libremente sus colegios, donde educaban a los hijos de las clases

medias que tenían el poder, y, por supuesto, no les inculcaban mucho

amor a la república...

"Los 'asuncionístas', creados en 1845 por el intransigente padre

D'Alzon, deseaban devolverle a la gente la fe que había perdido,,."S1

Sin embargo, otras congregaciones celosas y dedicadas a la

educación estaban prosperando: los oratorianos, los eudistas, la Tercera

Orden de dominicos, los marianistas, los marislas —a los que Jules

Simón llamaba "el segundo volumen" de jesuitas cubiertos con piel de

asno—, y los famosos "Hermanos de las Escuelas Cristianas", más

conocidos como "ignorantes", que enseñaban la "buena doctrina" a los


59. Abad Brugerette, op. cit., n, pp, 10-14.

60. Ibid.,pp. 164-165.

61. Adrien Dansctte, op, cit., p. 29.


Los Jesuitas en Francia Desde 1870 Hasta 1885

97

hijos de las clases medias y a más de un millón y medio de niños de la

gente común.

No es de sorprender que esa situación pusiera al régimen republicano

a la defensiva. En 1879, Jules Ferry propuso una ley para eliminar al

clero de los Concilios para la Educación Pública, en los que fue

incluido por las leyes de 1850 y 1873. De ese modo, el estado

recuperaría eí derecho exclusivo para evaluar los títulos de los

maestros. El artículo 7 de esa ley también especificaba: "A nadie se le

permitirá participar en la enseñanza pública o libre si pertenece a una

congregación religiosa no autorizada".

"Ese famoso artículo 7 apunta a los jesuitas antes que a ninguna otra

persona. Los sacerdotes del decanato de Moret (Seine-et-Marne)

declararon entonces que "estaban de parte de todas las comunidades

religiosas, incluyendo a los venerables Padres de la Compañía de

Jesús". "Atacarlos —escribieron— es atacarnos a nosotros mismos".

La confesión es clara.

El abad Brugerette, que escribió ese pasaje, describe la resistencia

que ofrecieron los católicos contra lo que él llama "un ataque

traicionero", pero agrega:

"El clero aún ignora eí inmenso progreso del laicado; no ha

comprendido que, por su oposición a los principios de 1789, ha perdido

toda influencia profunda sobre la dirección del espíritu público en

Francia" .62

El senado rechazó el artículo 7, pero Jules Ferry invocó las leyes

existentes respecto a las congregaciones.

. "En consecuencia, el 29 de marzo de 1880, el "Journal Officiel"

contiene dos decretos obligando a los jesuitas a separarse, y a todas las

congregaciones no autorizadas, de hombres y mujeres, a obtener

reconocimiento y aprobación para sus regulaciones y estado legal

dentro de tres meses..."

Sin demora se organizó un movimiento de oposición. Según

Debidour, "la iglesia, profundamente herida, se levantó". Después del

11 de marzo, León XIII y su nuncio expresaron una protesta...

"Ahora les toca a todos los obispos defender enérgicamente a las

órdenes religiosas".63

No obstante, los hijos de Loyola fueron expulsados. Veamos lo que

dice el abad Brugerette al respecto: "A pesar de todo, los jesuítas,*


62-63. Abad Brugerette, op. cit., II,pp. 164-167,176,185,


98 La Historia Secreta de los Jesuítas


expertos en volver a entrar por las ventanas cuando son lanzados por la

puerta, ya habían dejado sus colegios bajo el control de laicos o

religiosos seculares. Aunque no residían en esos colegios, a ciertas

horas del día se les veía llegar para desempeñar responsabilidades de

dirección y supervisión".64

Sin embargo, se descubrió el engaño y finalmente se cerraron los

colegios jesuítas.

Los decretos de 1879 se hicieron cumplir en 32 congregaciones que

rehusaban someterse a las disposiciones legales. En muchos lugares los

militares realizaron la expulsión mediante la fuerza de las armas, ante

la oposición de feligreses incitados por los Padres. Éstos no sólo se

negaron a solicitar la autorización legal, sino que rehusaron firmar una

declaración negando toda oposición al régimen republicano. Esto

habría bastado para que Freycinet —entonces presidente del Concilio y

que los apoyaba— pudiera "tolerarlos" aún. Cuando las órdenes

decidieron firmar esta declaración formal de lealtad, la maniobra ya

había sido anulada y Freycinet se vio forzado a renunciar, por haber

intentado negociar este acuerdo contra los deseos del parlamento y de

sus colegas del gabinete.

Respecto a la declaración que las órdenes religiosas debían firmar y

que consideraron tan repulsivas, el abad Brugerette comenta:

"Esta declaración de respeto por las instituciones que Francia se

concedió a sí misma... quizá parezca benigna e inofensiva hoy, al

compararía con el solemne juramento de lealtad demandado a los

obispos alemanes por el concordato del 20 de julio de 1933, entre la

Santa Sede y el Reich. ^

"Artículo 16: Antes de tomar posesión de su diócesis, los obispos

jurarán lealtad ante el presidente del Reich o un 'Reichsstatthalter' en

los siguientes términos;

"Ante Dios y sobre las Sagradas Escrituras, juro y prometo, como un

obispo debe hacerlo, lealtad al Reich alemán y al Estado. Juro y prometo

respetar, y hacer que mi clero respete, el gobierno establecido según las

leyes constitucionales. Como es mi deber, trabajaré por el bien y los

intereses del Estado alemán; en el ejercicio del santo ministerio que se

me ha confiado, trataré de detener todo lo que sea perjudicial para él"

(Concordato entre la Santa Sede y el Reich alemán).65

Existe una gran diferencia entre la mera promesa de no oponerse al


64-65. Abad Brugerette, op. cit., II, pp. 164-167,176,185.


Los Jesuítas en Francia Desde 1870 Hasta 1885


99

régimen de Francia, y_.cstc jaramcnto_solemne de_apovar al estado nazi.

La diferencia es tan grande como la que existía entre los dos regímenes:

uno democrático y liberal, odiado por la Iglesia Romana: y el otro

totalitario y brutalmente intolerante, deseado y establecido por los

esfuerzos unidos de Franz von Papen, camarlengo secreto del papa, y

del monseñor Pacelli, nuncio en Berlín y futuro Pío XII.

Brugerette, tras declarar que se había logrado el objetivo del gobierno

en cuanto a la Compañía de Jesús, admite:

"No podríamos decir que se destruyó la institución de las

congregaciones. No se les hizo nada a las congregaciones de mujeres; y

las autorizadas, "tan peligrosas como las otras por el espíritu laico", aún

estaban firmes. Sabíamos también que casi todas las congregaciones de

varones, expulsadas de sus casas por los decretos de 1880,

silenciosamente habían retornado a sus monasterios".66

Sin embargo, la tregua no duró mucho tiempo. El objetivo del estado

de cobrar impuestos, y el derecho de sucesión sobre la riqueza de las

comunidades eclesiásticas, provocaron una protesta general entre ellas

ya que no tenían intención alguna de sujetarse a la ley común, "La

organización de la resistencia fue obra de un comité dirigido por el

padre Bailly, asuncionista; Stanislas, capuchino; y Le Dore, superior de

los eudistas... El padre Bailly estaba reavivando el enorme celo del

clero al escribir: 'Como San Laurencio, los monjes y monjas deben

retornar al potro o a las empulgueras antes que rendirse".67

Como por accidente, Bailly, principal motrvador de ese "gran celo",

era asuncionista o, en realidad, un jesuíta camuflado. Respecto al potro

y las empulgueras, podríamos haberle recordado al Padre que esos

instrumentos de tortura son parte de la tradición de la Santa Sede, no

del estado republicano.

Finalmente, las congregaciones pagaron —aproximadamente la

mitad de lo que debían— y el mencionado abad admite que "nada

impidió que prosperara el trabajo que hacían", como bien podemos

imaginar.

No podemos explicar en detalle las leyes de 1880 y 1886 que

aseguraban la neutralidad confesional de los colegios estatales. Esa

"secularización",67^ natural para toda mente tolerante, fue rechazada ,

por la Iglesia Romana, por ser un intento abominable de forzar las


66-67. Ibid.,pp. 185,196,191.

67a. Véase Jan Cotereau, "Anthologie des granas textes laiques" {París: Fischbacher).


100 La Historia Secreta de los Jesuítas


conciencias —algo aue ella ha hecho siempre. Sólo se podía esperar

uue luchara por ese llamado "derecho" con la misma violencia con,que

_defendía sus privilegios financieros.

En 1883, la congregación romana del índice —inspirada por el

jesuitismo— entra en la lucha, condenando ciertos textos escolares

sobre moral y enseñanza cívica. Por supuesto, el asunto es grave: uno

de los autores, Paul Bert, se atrevió a escribir que aun la idea de los

milagros "debe desaparecer de la mente crítica". Por tanto, más de 50

obispos promulgaron el decreto del índice con comentarios explosivos.

Uno de ellos, el monseñor Isoard. declaró en su cana pastoral de) 27_¿te

febrero de 1883 que a los maestros, padres e hijos que rehusen destruir

estos libros se les prohibirá participar de los sacramentos.^

Las leyes de 1886, 1901 y 1904, al declarar que ningún puesto de

enseñanza podía ser ocupado por miembros de congregaciones

religiosas, también iniciaron una corriente de protestas del Vaticano y

del clero "francés". En realidad, los monjes y monjas que eran maestros

soio tenían que "secuíarizarse". Con esas disposiciones íegaíes, ei único

resultado positivo fue que los profesores de las escuelas llamadas

"libres" debían estar bien cualificados pedagógicamente. Esto fue

favorable ya que, antes de la última guerra, en Francia había 11,655

escuelas católicas de primaria, con 824,595 alumnos.

Respecto a los colegios "libres", en especial los de jesuítas, si el

número está disminuyendo se debe a diversos factores que nada tienen

que ver con los problemas legales. La superioridad de la enseñanza

universitaria, reconocida por la mayoría de los padres de familia, y el

hecho de que no cambia, son las causas principales de su creciente

popularidad. Además, la Sociedad de Jesús voluntariamente ha

reducido el número de sus escuelas.


67b. Véase Jean Cornee, "Lairíte" (París: Sudel).


101

Parte IV

Capítulo 8

Los Jesuítas, el General Boulanger

y el Caso Dreyfus


La hostilidad de la que el partido religioso pretendía ser víctima a

fines del siglo 19, de parte del estado republicano, no habría carecido

de justificación; aunque esa hostilidad, o más bien desconfianza, había

sido aun más evidente. Según el abad Brugerette, la oposición clerical

al régimen que Francia misma se impuso, se manifestó en toda

oportunidad. En 1873, a pesar del fuerte apoyo del clero, fracasó el

intento de restaurar la monarquía con el conde de Chambord, porque

quien pretendía el trono rehusó adoptar la bandera tricolor que, según

él, era emblema de la Revolución.

"Tal como se ve, el catolicismo parece estar ligado a la política, o a

cierta clase de política... En las regiones católicas del oeste y del sur, la

lealtad a la monarquía se transmitió de generación a generación en las

antiguas familias de la nobleza, así como en las clases medias y el

pueblo común. Su nostalgia por un antiguo régimen idealizado, y

visualizado en una Edad Media épica, se combinaba con los deseos de

católicos fervientes, cuya principal preocupación era salvar la religión.

Éstos apoyaron a Veuillot, con la legítima y devota familia real de

Chambord, considerando que era la forma de gobierno más favorable

para la iglesia. En la difícil situación después de la guerra, de la unión

de estas fuerzas políticas y religiosas nació una forma de misticismo

reaccionario, ejemplificado perfectamente por el monseñor Pie, obispo

de Poitiers, y su mejor encarnación en el mundo eclesiástico: "Francja.

que espera otro líder y pide un gobernante... recibirá de Dios otra vez,

'el cetro del universo, que cayó de sus manos por un tiempo', en aque]

día cuando aprenda nuevamente a ponerse de rodillas".68

Este cuadro, descrito por un historiador católico, es significativo.

Ayuda a comprender los sucesos que, años después, siguieron al fallido

intento de restauración en 1873.


68. AdrienDansette.op. cit.,II,pp. 37-38.


102 La Historia Secreta de los Jesuítas


El mismo historiador católico describe así la actitud política del clero

en aquel tiempo:

"En el período de elecciones, los presbiterios se convierten en centros

para los candidatos reaccionarios; los sacerdotes y ministros llaman a

los hogares para hacer propaganda electoral, difamando a la República

y sus nuevas leyes pedagógicas. Declaran que quienes votan por los

librepensadores, el gobierno actual o los masones, descritos como

'bandidos*, 'gentuza' y 'ladrones', son culpables de pecado mortal.

Alguien declara que una adúltera será perdonada más fácilmente que

los que envían a sus hijos a escuelas laicas: otro dice que es mejor

estrangular a un niño que apoyar al régimen: un tercero dice que no

administrará los últimos sacramentos a quienes voten por los

partidarios del régimen. Las amenazas se cumplen: los negociantes

republicanos y anticlericales son boicoteados; se niega toda ayuda a la

gente necesitada; y los trabajadores son despedidos".69

—/Estos excesos, cometidos por un clero cada vez más dominado por el

f ultra montañismo jesuíta, resultan aun menos aceptables por provenir

"de religiosos pagados por el gobierno, puesto que el Concordato aún

está vigente'\j"~

La mayoría de la gente no está feliz con esta presión sobre las

conciencias, como lo expresa el mencionado autor:

"Como vimos, el pueblo francés en general es indiferente a los

asuntos religiosos, y no podemos confundir la observancia heredada de

prácticas religiosas con una fe verdadera... La realidad es que el mapa

político de Francia es idéntico a su mapa religioso... podemos decir que

en las regiones donde es fuerte la fe, el pueblo francés vota por

candidatos católicos; en otras partes, eligen deliberadamente a

diputados y senadores anticlericales... No desean el clericalismo, que es

el ejercicio de autoridad eclesiástica en asuntos políticos, llamado

comúnmente 'gobierno de los sacerdotes'.

"* "Muchos católicos consideran suficiente que el sacerdote —un

hombre problemático—, mediante sus sermones y las prescripciones

del confesionario, interfiera en la conducta de los fieles, examinando

pensamientos, sentimientos, actos, alimentos y bebidas, y aun las

intimidades de la vida matrimonial. Quieren limitar su imperio,

preservando al menos la independencia que tienen como ciudadanos".70

Nos gustaría ver tan vivo hoy ese espíritu de independencia.


69-70. Ibid.,n,pp. 46-48.


Los Jesuitas, el General Boulanger y el Caso Dreyfus 103


Pero, a pesar de la opinión de los "muchos católicos", los ultramontanos

no depusieron las armas; en cada oportunidad continuaron luchando

contra el odiado régimen. Por un tiempo pensaron que habían hallado al

"hombre providencial" en la persona del general Boulanger, el Ministro

de Guerra en 1886. Este, que había organizado muy bien su propaganda

personal, parecía ser un futuro dictador.

"Había un acuerdo tácito —escribió Adrien Dansette— entre el general

y los católicos, y fue evidente en el verano,,. También concluyó un acuerdo

secreto con miembros realistas del parlamento, como el barón de Mackau

y el conde de Mun, fieles defensores de la iglesia en la asamblea...

"Constans, el flemático Ministro de) Interior, amenazó arrestarlo y, el

1 de abril, el candidato a dictador escapó a Bruselas con su amante.

"Desde ese momento, el boulangismo decayó rápidamente. Francia

no había sido tomada y se recuperó... El boulangismo fue derrotado en

las elecciones el 22 de septiembre y el 6 de octubre de 1889..."71

El mismo historiador describe la actitud del papa de aquel tiempo

respecto a ese aventurero. El papa era León XIII, quien en 1878 había

sucedido a Pío IX, el papa del Syllabus, y que pretendió aconsejar a los

fieles de Francia para que se unieran al régimen republicano:

"En agosto (1889), el embajador alemán ante el Vaticano quiso que el

papa viera en el general (Boulanger) al hombre que derrocaría a la

República de Francia y restablecería et trono. En un artículo, el

'Monitor de Roma' imaginó que el candidato dictatorial tomaría el

poder y la iglesia 'podría beneficiarse grandemente',,. El general

.Boulanger envió a uno de sus ex oficiales a Roma con una carta para

León XIII, prometiéndole 'que el día en que él sostuviera en sus manos

ta espada de Francia, haría todo lo posible para que se reconocieran los

derechos del papado"'.72

Así era este pontífice jesuita. ¡Los clérigos intransigentes se oponían

a su supuesto "liberalismo" excesivo!

La crisis bouíangista reveló lo que el partido religioso había hecho

. contra la República laica baio el disfraz del nacionalismo. Pero, a pesar

de todo, por la falta de carisma del personaje principal y la oposición de

la mayoría en el país, el intento fracasó. Aún así, las tácticas

chauvinistas habían demostrado ser efectivas, sobre todo en París, y las

usarían otra vez en una mejor oportunidad. Esta se presentó —¿o fue

provocada?— y, por supuesto, los discípulos de Loyola encabezaron el


71-72.Tbid.,II,pp, 114ss.


104 La Historia Secreta de los Jesuítas


movimiento. "Sus amigos están aquí", escribió Pierre Dominique, "una

nobleza intolerante, una clase media que rechaza a Voltaire, y muchos

militares. Trabajarán especialmente en el ejército, y el resultado será la

famosa alianza de 'la espada y el rociador de ae.ua. bendita'.

"En 1890 ya no gobernaban la conciencia del rey de Francia, sino al

Estado Mayor o por lo menos a su jefe; luego, estalló el caso Dreyfus,

una guerra civil que dividió a Francia".73

El historiador católico Dansette resume así el inicio del problema:

"El 22 de diciembre de 1894, el capitán de artillería Alfredo Dreyfus

es declarado culpable de traición y condenado a ser deportado, para ser

dado de baja y recibir cadena perpetua. Tres meses antes, nuestro

Servicio de Inteligencia había descubierto en la embajada alemana una

lista de documentos referentes a la defensa nacional; había cierta

similitud entre la letra del capitán Dreyfus y la de la lista. De inmediato

el Estado Mayor exclamó: 'Es él; es el judío'. Esta era sólo una

suposición, ya que la traición no tenía explicación sicológica (Dreyfus

tenía buena reputación, riqueza y una vida ordenada). El desafortunado

hombre fue encarcelado. Un tribunal militar lo condenó tras una

investigación tan rápida y parcial que el juicio tuvo que haber sido

preconcebido. Peor aún, después se supo que a los jueces se les había

entregado un documento sin que lo supiera el abogado del acusado...

"Pero, se filtró más información en el Estado Mayor después del

arresto de Dreyfus. El comandante Picquart, director del Servicio de

Inteligencia después de julio de 1895, supo de un proyecto llamado

"petit bleu" (cartas urgentes) entre el agregado militar alemán y el

comandante francés Esterhazy (de origen húngaro). Este hombre de

mala reputación sólo expresaba odio y desprecio hacia su país de

adopción. Pero el comandante Henry, oficial del Servicio de

Inteligencia, agregó al expediente de Dreyfus —como veremos— un

documento falso que, de ser genuino, sería devastador para el oficial

judío; también borró y volvió a escribir el nombre de Esterhazy en las

"cartas urgen tes", para dar la impresión de que el documento era falso.

Por tanto, Picquart cayó en desgracia en noviembre de 1896"74

La desgracia del director del Servicio de Inteligencia se comprende

fácilmente: su celo por disipar las tinieblas acumuladas fue excesivo.

El testimonio más confiable se encuentra en "Carnets de


73. Rene Dominique, op. cit., p. 239.

74. Adrien Dansette, ibid., pp. 263-264.


Los Jesuítas, el General Boutanger y el Caso Dreyfus 105


Schwarízkoppen", publicado después de su muerte en 1930. El autor —

entonces, primer agregado militar de la embajada alemana en Parísno

recibió de Dreyfus los documentos secretos sobre la defensa

nacional francesa, sino de Esterhazy.

"Un tiempo antes, en julio, Picquart pensó que era tiempo de advertir

por carta al jefe del Estado Mayor, que estaba entonces en Vichy,

respecto a sus sospechas acerca de Esterhazy. La primera reunión

ocurrió el 5 de agosto de 1896. El general Boisdeffre aprobó todo lo

que Picquart había hecho hasta ese momento acerca de este caso, y le

dio permiso para llevar a cabo su investigación.

"Al Ministro de Guerra, el general Billot, también se le informaron

desde agosto las sospechas de Picquart; y él aprobó las medidas

tomadas por éste. Esterhazy, a quien yo había dado de baja, usando sus

conexiones con el diputado Jules Roche, intentó que lo asignaran al

Ministerio de Guerra para tratar de estar en contacto conmigo otra vez,

y había escrito cartas al Ministro de Guerra y a su edecán. A Picquart le

entregaron una de esas cartas y, por primera vez, vio que su letra era

igual a la de la "lista". Le mostró una foto de esa carta a Du Paty y a

Bertíllon, por supuesto, sin decirles quién la había escrito... Bertillon

dijo; "¡Es la misma letra de la Hsta!"75

"Al no estar tan convencido ya de la culpabilidad de Dreyfus,

Picquart decidió consultar el "pequeño archivo" que se había dado sólo

a los jueces. El archivero Gribelín se lo entregó. Era de noche. Al

quedarse solo en su oficina, Picquart tomó el sobre abierto de Henry,

donde estaba la firma de éste escrita con lápiz azul... Grande fue su

asombro al darse cuenta de que esos documentos carecían de validez e

importancia; ninguno podía aplicarse a Dreyfus. Por primera vez supo que

el hombre que estaba cumpliendo una condena en la Isla del Diablo, era

inocente. Al día siguiente, Picquart escribió una carta al general

Boisdeffre, exponiendo todos los cargos contra Esterhazy y lo que había

descubierto recientemente. Cuando leyó acerca del "archivo secreto", el

general exclamó; "¿Por qué no lo quemaron como se acordó?"76

Von Schwartzkoppen escribió también: "Mi posición se volvió

extremadamente incómoda. El dilema era: ¿Debo decir la verdad y

reparar así el horrible error, liberando al pobre hombre inocente? Si

hubiera podido hacer lo que deseaba, ¡ciertamente habría hecho eso!


75. "Les Carnets de Schwartzkoppen" (París: Rieáer, 1933), pp. 147-148,162.

76. Armand Charpentier, "Histoire de l'affaire Dreyfus" (Fasquelle, 1933),p. 73,


106 La Historia Secreta de los Jesuítas


Examinando el asunto en detalle, llegué a la conclusión de que no debía

involucrarme, porque, en esas circunstancias, nadie me hubiera creído;

además, las consideraciones diplomáticas impedían tal acción. Tomando

en cuenta que el gobierno francés podía tomar las medidas necesarias

para aclarar el asunto y reparar la injusticia, decidí no hacer nada".77

"Podemos ver en acción las tácticas del Estado Mayor", dice

Dansette. "Si Esterhazy es culpable, los oficiales que causaron la

condena ilegal de Dreyfus, y sobre todo el general Marcier —Ministro

de Guerra en aquel tiempo— son también culpables. Los intereses del

ejército requieren el sacrificio de Dreyfus; no debemos interferir con la

sentencia de 1894",78

Aún parece increíble que usaran tal argumento para justificar —sí

osamos expresarlo así— una condenación tan inicua. Y eso ocurrió

durante todo el caso, que recién empezaba. Por supuesto, nos

encontrábamos entonces en una fiebre antisemita. Las disertaciones

violentas de Eduardo Drumont, en "Libre Parole", cada día presentaba

a los hijos de Israel como agentes de la corrupción y disolución

nacionales. El prejuicio desfavorable que creaba, incitaba a un gran

sector de la opinión pública a creer, a priori, que Dreyfus era culpable,

Pero después, cuando la inocencia del acusado fue evidente, aún se

mantenía el terrible argumento de la "infalibilidad" del tribunal militar,

y desde ese momento lo hicieron con un cinismo declarado.

¿Estaba inspirando el Espíritu Santo a esos jueces uniformados que no

podían cometer ningún error? Sería tentador creer en esa intervención

celestial —tan similar a la que garantiza la infalibilidad papal— al leer

acerca del padre jesuíta Du Lac, que tuvo mucho que ver con el caso:

"Él dirigió el colegio de "Rué des Postes", donde los jesuítas

preparaban a los candidatos para las escuelas más grandes. Era un

hombre muy inteligente que tenía conexiones importantes. A Drumont,

confesor de Boisdeffre y De Mun, lo convirtió en jefe del Estado

Mayor del ejército, y lo veía todos los días".79

El abad Brugerette también menciona los hechos que cita Joseph

Reinach; "¿No es este padre Du Lac —que convirtió a Drumont y lo

instó a escribir 'La Francia Judía'— quien proporcionó los medios para

crear la 'Libre Parole'? ¿No ve el general Boisdeffre al famoso jesuíta


77. "Les Carnets de Schwartzkoppen" (París: Ricder, 1933),pp. 147-148,162.

78. Adrien Dansette, ibid., pp. 263-264.

79. Fierre Dominíque, op.cit.p, 240.


Los Jesuítas, el General Boulanger y el Caso Dreyfus 107

todos los días? El jefe del Estado Mayor no toma ninguna decisión sin

antes consultar a su director".80

Allí, en la Isla del Diablo, merecedora de su nombre en ese clima

mortal, la víctima del atroz complot fue tratado con extrema crueldad,

ya que la prensa antisemita había difundido la noticia de que había

intentado escapar. El Ministro para las Colonias, Andre Lebon, dio

órdenes tomando en cuenta ese informe.

"El domingo 6 de septiembre por la mañana, el carcelero principal,

Lebar, informó al prisionero que desde ese momento no podría caminar

por el área de la isla que estaba reservada para él, quedando confinado

a su cabana, AI anochecer le informaron que permanecería encadenado

toda la noche. Al pie de su cama, hecha con tres tablas, colocaron dos

cadenas dobles de fierro que rodeaban los pies del convicto. Era un

castigo doloroso, especialmente en las noches tórridas".

"Al amanecer, los guardias le quitaban las cadenas al prisionero,

quien temblaba al ponerse de pie. Puesto que tenía prohibido salir de la

cabana, allí debía permanecer día y noche. AI anochecer lo

encadenaban otra vez. Esto se repitió durante 40 noches. Después de un

tiempo, sus tobillos estaban cubiertos de sangre y tuvieron que

vendárselos. Sus guardias, por compasión, secretamente le cubrían los

pies con tetas antes de ponerle las cadenas".81

Sin embargo, el convicto aún proclamaba su inocencia. A su esposa

le escribió: "En algún lugar, en esta hermosa y generosa tierra de

Francia, debe haber un hombre honesto con el valor suficiente para

buscar y descubrir la verdad",82

De hecho, la verdad ya no estaba en duda. Lo que faltaba era la voluntad

para dejar que saliera a la luz. El abad Brugerette da testimonio al respecto:

"Las presunciones de inocencia en favor del convicto que está en la

Isla del Diablo se multiplican en vano. Las declaraciones de Bulow en

la Cámara Baja del Parlamento, y las que transmitió su embajador

Munster al gobierno francés, también afirman en vano la inocencia de

Dreyfus. Esta inocencia fue proclamada también por el emperador

Guillaume, y se confirmó cuando Schwarzkippen (el agregado militar

alemán) fue llamado a Berlín tan pronto como Esterhazy fue acusado

por Mathieu Dreyfus (hermano del convicto). El Estado Mayor aún se


80. Abad Brugerette, op. cit., n, pp. 454,432,467.

81. Armand Charpentier, op. cit,,p. 75,

82. "Lettres d'un innocent" (enero y febrero de 1895).


108 La Historia Secreta de los Jesuitas


opone a reexaminar el juicio... Alguien está haciendo todo lo posible

para encubrir a Esterhazy. Se ie transmiten documentos secretos para su

defensa, y no se permite comparar su letra con la de la 'lista*...

"Al estar protegido de ese modo, el villano Esterhazy tiene la audacia

de solicitar un juicio ante el consejo de guerra. Allí, el 17 de enero de

1898, se le absuelve unánimemente después de una deliberación que

duró tres minutos".83

Debemos mencionar que, unos meses después, cuando eí coronel Henry

fue declarado culpable de falsificación, Esterhazy huyó a Inglaterra;

finalmente confesó ser el autor de la famosa "lista" atribuida a Dreyfus.

No es posible mencionar aquí todo lo sucedido en este drama; los

numerosos documentos falsos que se presentaron para Iratar de encubrir

una verdad obvia; la destitución del jefe del Estado Mayor; la caída de

ministros; el suicidio de Henry que, estando preso en el monte Valcrien, se

cortó la garganta, firmando así con su sangre la confesión de su culpabilidad.

En diciembre de 1898, la prensa alemana publicó esta nota

semioficial: "Las declaraciones del gobierno imperial han mostrado que

ningún personaje alemán, de alto o bajo rango, tuvo asociación alguna

con Dreyfus. Por tanto, desde el punto de vista de Alemania, no vemos

inconveniente en que se publique el archivo secreto completo".84

Finalmente, la corte decidió que se reabriera el caso. Dreyfus

compareció otra vez ante ei consejo de guerra en Rennes, el 3 de junio

de 1899, marcando el inicio de otra tortura. "Él no pudo haber

imaginado que enfrentaría mayor odio que cuando se fue, y que sus ex

jefes, conspirando para enviarlo otra vez a la Isla del Diablo, no

tendrían compasión de ese pobre ser desafortunado que creía haber

sufrido todo lo que se puede soportar".85

"Por tanto", escribió el abad Brugerette, "el consejo de guerra en

Rennes sólo agregó otra injusticia al juicio inicuo de 1894. Lo ilegal del

juicio, la culpabilidad de Esterhazy, y las maniobras criminales de

Henry fueron evidentes durante las 29 sesiones del juicio en Rennes.

Pero el consejo de guerra... juzgó a Dreyfus por cargos de espionaje de

los cuales jamás se le había acusado ni se había informado. Le

atribuyeron todas las filtraciones previas de información, presentando

documentos totalmente ajenos a él... Al final, y contra nuestras


83. Abad Brugerette,op. cit., II, pp. 454,432,467.

84.MauricePaleologue, "Journal de I'Afíaire Dreyfus" (París: Plon, 1955), p. 149.

85. Abad Burgerctte, ibid.


Los Jesuitas, el General Boulanger y el Caso Dreyfus


tradiciones legales, se le demandó a Dreyfus mismo que probara que él

no había entregado tal documento o papel, como si no fuera

responsabilidad del fiscal presentar las pruebas del crimen".86

La parcialidad de los acusadores de Dreyfus era tan obvia que se

levantó la opinión pública fuera de Francia. En Alemania, el diario

semioficial "Coíogne Gazette" publicó dos artículos durante el juicio

— 16 y 29 de agosto—, en los que leemos: "Después de las

declaraciones del gobierno alemán y los debates de la corte suprema de

apelaciones en Francia, si alguien aún cree que Dreyfus es culpable,

sólo podemos decir que esa persona debe estar mentalmente enferma o

que, en forma deliberada, quiere que un inocente sea condenado" .87

Sin embargo, el odio, lo absurdo y el fanatismo no perdieron fuerza

por ello.

Incluso usaron otros documentos falsos para remplazar los que

habían perdido credibilidad. Es decir, fue una burla siniestra. Dreyfus

fue condenado a 10 años de prisión, ¡con circunstancias atenuantes!

"Este juicio lamentable provocó asombro e indignación en todo el

.mundo, y_ el desprecio contra Francia. ¿Quién podría haber imaginado

tan terrible dolor?",88 exclamó Clemenceau al leer los diarios de

Inglaterra y Alemania, Se necesitaba misericordia. Dreyfus la aceptó

para "continuar", dijo él, "procurando que se revocara eí terrible error

militar del que era víctima". "Para tal revocación, de nada valía esperar

la justicia de los concilios de guerra. ¡Ya se había visto esa justicia en

acción! Una vez más tuvo que actuar la corte suprema de apelaciones

que, después de una cuidadosa investigación y prolongados debates,

anuló definitivamente el veredicto de Rennes. Unos días después, por

voto solemne, la asamblea y el senado readmitieron a Dreyfus en el

ejército, condecorándolo después con la Legión de Honor".89

La revocación, lograda con tanto esfuerzo, se debió a hombres "honestos

y valientes", como los que esperaba ver en acción el prisionero

inocente en la Isla del Diablo, El número de esos hombres fue

aumentando a medida que la verdad salía a la luz. Cuando el consejo de

guerra absolvió tan rápidamente a] traidor Esterhazy, en enero de 1898,

Emilio Zola publicó en la "Aurore", el diario de Clemenceau, su


86. Ibid.,n,pp. 469,471-472.

87. Mauricc Paleologue, op. cit., p. 237.

88. "L'Aurore" (14 de septiembre de 1899).

89. Abad Brugerette, ibid.


La Historia Secreta de los Jesuitas


famosa carta abierta titulada "Yo Acuso". Allí escribió: "Acuso al primer

consejo de guerra de haber violado la ley, condenando a un acusado en

base a un documento secreto, y acuso al segundo consejo de guerra de

haber encubierto esa ilegalidad, cometiendo también un crimen jurídico

al absolver conscientemente a un culpable".

Sin embarco, los ''caballeros" de la famosa Compañía estaban atentos

para acallar todo lo que pudiera instruir al publico. El diputado católico

De Mun llevó a Zola ante la corte de casos criminales de Seine. Allí, el

valiente escritor fue condenado a un año de prisión —la sentencia

máxima— tras ese juicio injusto.

La opinión pública fue engañada tan astutamente ñor las protestas de

los "nacionalistas clericales", une las elecciones en mayo de ISQS

favorecieron a éstos.

No obstante, la revelación pública de los documentos falsos, la

destitución de! jefe de Estado Mayor y la evidente parcialidad criminal

de los jueces, les abrieron los ojos a los que sinceramente buscaban la

verdad. Éstos, en forma casi exclusiva, eran protestantes, judíos o laicos.

"En Francia, pocos católicos estuvieron de parte de Dreyfus, y de

ellos, pocos eran prominentes... La acción de ese pequeño grupo no

tuvo mayor repercusión. La conspiración de silencio lo rodeaba..."90

"La mayoría de los sacerdotes y obispos aún están convencidos de la

culpabilidad de Dreyfus", escribió el abad Brugerette. Georges Sorel

declaró: "Mientras que el caso Dreyfus causó una división entre todos

los grupos sociales, el mundo católico estuvo absolutamente unido para

oponerse a que se reexaminara el juicio". Peguy admitió: "Todas las

fuerzas políticas de la iglesia han estado siempre contra Dreyfus".

¿Necesitamos recordar las listas de suscripciones que abrieron "La

Libre Parole" y "La Croix", en favor de la viuda del falsificador Henry

que se suicidó? Los nombres de muchos sacerdotes suscritos iban

acompañados de "comentarios no muy cristianos", como muestra

Dansette al citar los siguientes:

"El abad Cros pide una alfombra hecha con piel de judío, para

ponerla al lado de la cama y pisarla por la mañana y por la noche; un

joven sacerdote quiere destruir la nariz de Reinach con el tacón de su

zapato; tres sacerdotes desearían golpear la inmunda cara del judío

Reinach".91


90. Adrien Dansette, op. cit., II, pp. 275-276.

91. Adrien Dansette, op. cit., II, pp. 275-276.


Los Jesuitas, el General Boulanger y el Caso Dreyfus 111


El clero secular mantenía cierta reserva, pero el ambiente en las

congregaciones era más ponzoñoso:

"El 15 de julio de 1898, en la entrega de premios del Colegio de

Arcueil, presidida por el generalísimo Jamont (vicepresidente del

Consejo Superior de Guerra), el padre Pidón, rector de la Escuela

Albert-le-Grand, dio un discurso impetuoso. En él defendió el uso de la

violencia contra aquellos que cometieran el crimen de denunciar

valientemente algún error militar..."

El elocuente monje dijo: "¿Debemos permitir que el malvado quede

libre? ¡Por supuesto que no! El enemigo es el intelectualismo que

pretende menospreciar la fuerza, y los civiles que desean subordinar a

los militares. Cuando falla la persuasión, cuando el 'amor' no es eficaz,

debemos blandir la espada, difundir el terror, cortar cabezas1 declarar la.

guerra, atacar..."

"Este discurso se lanzó como un desafío a los que simpatizaban con

el desafortunado convicto".92

Pero, ¿cuántos de estos discursos hemos escuchado desde entonces?

Estos llamados a la represión sangrienta provenían de clérigos gentiles,

¡especialmente durante la ocupación alemana! En cuanto a la

declaración de odio contra et intelectualismo, encontramos el eco

perfecto en la afirmación de cierto general: "Cuando alguien habla de

inteligencia, saco mi revólver".

Destruir los pensamientos por la fuerza es un principio de la Iglesia!

Romana que nunca ha cambiado.

Sin embargo, el abad Brugerette se asombra al ver que el clero

continuó creyendo en la culpabilidad de Dreyfus: "Un evento tan

importante y dramático, que llegó como un trueno en el cielo azul e

iluminó al Departamento respecto a las falsificaciones hechas en el

Estado Mayor, debió abrirles los ojos, aun a los que no querían

descubrir la verdad. Nos referimos a las falsificaciones hechas por

Henry...

"¿No era tiempo de que el clero y los católicos franceses repudiaran

un error que se había prolongado demasiado?... Los sacerdotes y

feligreses hubieran podido ir juntos, y en la última hora, como los

obreros mencionados en los evangelios, hubieran aumentado las filas

de los defensores de la justicia y la verdad.., Pero, los,hechos más

evidentes no siempre iluminan las mentes dominadas por prejuicios,


92. Abad Brugerette, op. cit., II, p. 451.


112 La Historia Secreta de los Jesuítas


porque éstos se oponen al examen y, por su naturaleza, se rebelan

, contra las evidencias".93

¡Cuánto se esfuerzan para man tener en el error a los católicos!

"¿Podían ellos imaginar que la prensa los estaba engañando

vergonzosamente, encubriendo todas las pruebas de inocencia, los

testimonios en favor del convicto de la Isla del Diablo, y que estaba

decidida a impedir el curso de la justicia por todos ios medios?"94

Al frente de esa prensa estaban "La Libre Parole", creada con ayuda

del padre jesuita Du Lac, y "La Croix", del padre asuncionista Bailly,

Siendo la orden de la Asunción una rama camuflada de la Compañía de

Jesús, tenemos que atribuirle el inicio y el desarrollo de la campaña

contra Dreyfus.

El padre Lecanuet, un testigo no muy suspicaz, escribió osadamente:

"Los historiadores del Caso denuncian a las congregaciones, en

especial a los jesuítas. Y, debemos admitir que éstos recibieron los

primeros ataques con una temeridad imprudente".95

"Casi todos los periódicos católicos provinciales, como 'Nouvelliste'

de Lyon, que son informativos y muy leídos, participan en ese oscuro

complot contra la verdad y la justicia. Al parecer, la consigna era

impedir que llegara la luz para mantener al público en oscuridad".9*'

En realidad, se necesitaría una ceguera peculiar para no discernir, tras

el furor demostrado por "La Croix" en París y en las provincias, la

"consigna" que mencionó el abad Brugerette. Y uno tendría que ser

también muy ingenuo para no darse cuenta del origen.963

Dansette dice; "La Orden Asuncionista en general, y con ella la

iglesia, quedan expuestas por la campaña de 'La Croix'... El padre

Bailly se jacta de que el 'Santo Padre' lo aprueba".97

¡Realmente no hay duda alguna respecto a esa aprobación! ¿No

fueron los jesuítas —a quienes los asuncionistas prestan su nómbrelos

instrumentos políticos del papa desde que se fundó la Orden?

Tenemos que sonreír frente a la historia astutamente difundida —y

repetida por los historiadores apologistas— de que León XIII, al

parecer, había "aconsejado moderación" a los directores de "La Croix".


93-94. Ibid., pp. 443^444,448.

95. Padre Lecanuet, "Les Signes avant-coureurs de la Separation",p. 179.

96. Ibid., pp. 443-444,448.

96a. El diario "La Croix" se publicaba entonces ampliamente (nota del autor).

97. Adrien Dansette, op. cit, p. 277.


Los Jesuítas, el General Boulanger y el Caso Dreyfus U3


Es una treta clásica, pero aún eficaz. ¡Algunas personas todavía creen

que la voz oficial de la Santa Sede tiene cierta independencia!

Veamos lo que publicó en Roma la "Civilta Cattolica", publicación

oficial de los jesuítas, bajo el título "El caso Dreyfus":

"La emancipación de los judíos fue resultado de los llamados

principios de 1789, cuyo yugo pesa fuertemente sobre los franceses...

Los judíos tienen en sus manos a la República, que es más hebrea que

francesa... El judío fue creado por Dios para ser usado como espía

dondequiera que se planea una traición... Los judíos no sólo deben ser

eliminados de Francia, sino también de Alemania, Austria e Italia.

Luego, al restablecerse la gran armonía de tiempos pasados, las

naciones otra vez hallarán la felicidad que perdieron".98

En capítulos previos, dimos un breve resumen de la "gran armonía" y

"felicidad" que disfrutaban las naciones cuando los hijos de Loyola

escuchaban confesiones e inspiraban a los reyes. Como acabamos de

ver, también reinaba la "armonía" cuando ellos eran confesores y

consejeros de los jefes del Estado Mayor.

Según el abad Brugerette, el general Boisdeffre, penitente del jesuita

Du Lac, experimentó el sabor amargo como otros antes de él, al ser

engañados por estos "directores de conciencias". Las confesiones del

falsificador Henry lo obligaron a renunciar. "Siendo un hombre

honesto, declaró que había sido 'vergonzosamente engañado', y

quienes lo conocían estaban conscientes de su amargura por el complot

del que había sido víctima"99

Brugerette agrega que Boisdeffre cesó toda comunicación con su ex

confesor; "incluso cuando estaba muriendo, rehusó verlo otra vez".

Después de leer esto, escrito y publicado en la "Civilta Cattolica", no es

necesario seguir hablando de la culpabilidad de Ja Orden. Concordamos

con lo que Reinach escribió entonces: "Como ven, los jesuítas planearon

este caso siniestro. Y, para ellos, Dreyfus es sólo un pretexto. Lo que

quieren, y ellos lo admiten, es reprimir al laicado y controlar la Revolución

Francesa... abolir a los dioses extranjeros y los dogmas de 1789".

Está muy claro. Pero, como algunos insisten —contra todas las

evidencias— que quizá hubo un desacuerdo entre el papa y su ejército

secreto, entre las intenciones de uno y las acciones del otro, es fácil probar

que eso no tiene fundamento. El caso de Bailly revela mucho al respecto.


98. "Civilta Cattolica" (5 de febrero de 1898),

99. Abad Brugerette, op. cit., II, pp. 435,454.


114 La Historia Secreta de los Jesuítas


¿Qué leemos en "La Croix" del 29 de mayo de 1956? Nada menos

que esto: "Como anunciamos, Su Eminencia cardenal Feltin ordenó que

se investigaran los escritos del padre Bailly. Éste fundó nuestra

publicación y la 'Maison de la Bonne Press'. El texto de tal ordenanza,

fechada el 15 de mayo de Í956, dice:

'Yo, Maurice Feltin, por la gracia de Dios y de la Santa Sede

apostólica, cardenal-sacerdote de la Santa Iglesia de Roma cuyo titulo

es Santa María de la Paz, arzobispo de París.

'En vista del plan que presentó la Congregación de los Agustinos de

la Asunción, y aprobado por nosotros, para introducir en Roma la causa

del siervo de Dios, Vincent-de-Paul Bailly, fundador de La Croix y

Bonne Press.

'En vista de las disposiciones... e instrucciones de la Santa Sede

respecto al acto de beatificación e investigación de los escritos de

siervos de Dios:

'Hemos ordenado y ordenamos lo siguiente: Todo el que conoció a

este siervo de Dios o que pueda decirnos algo especial acerca de su

vida, debe hacérnoslo saber... Todo el que posea escritos de este siervo

de Dios debe entregárnoslos antes del 30 de septiembre de 1956, ya

sean libros impresos, notas escritas a mano, cartas, memorandos... aun

instrucciones o consejos no escritos por él, pero que él dictó... Para

todas estas comunicaciones designamos al canónigo Dubois, secretario

de nuestro arzobispado y promotor de fe para esta causa".100

He aquí un "siervo de Dios" que recibiría, en forma de halo, la justa

recompensa por sus servicios leales. Nos atrevemos a decir que

respecto a sus "escritos", buscados tan cuidadosamente, el "promotor

de fe" tendría mucho de qué escoger. En cuanto al material "impreso", la

colección de "La Croix" —sobre todo entre 1895 y 1899— proporcionaría

escritos muy edificantes,

"Su actitud (la de los diarios católicos), y especialmente la de 'La

Croix', constituye para todas Tas mentes instruidas y rectas' lo que Paul

Violet, miembro católico del Instituto, llama un 'escándalo indescriptible'.

En el caso Dreyfus, este escándalo apoya los errores más sorprendentes,

el engaño y el crimen contra la verdad, la rectitud y la justicia". Añade:

"La corte de Roma y todas las cortes de Europa lo saben".101

En realidad, la corte de Roma sabía más que ninguna otra. Como


100. "La Croix" (29 de mayo de 1956).

101. Abad Brugerette, op. cit., II, p. 443.


Los Jesuítas, el General Boulanger y el Caso Dreyfus 115


vimos, en 1956 no había olvidado las hazañas piadosas de este "siervo

de Dios" mientras preparaba su beatificación.

Sin duda, el promotor de fe le acreditó al futuro "santo" las famosas

listas de suscripciones en favor de la viuda del falsificador Henry, de

las cuales Brugerette dice: "Hoy, al considerar esos pedidos para

restablecer la Inquisición, para perseguir a los judíos y para asesinar a

los defensores de Dreyfus, nos parece oír las ideas delirantes de

fanáticos salvajes y grotescos. No obstante, 'La Croix' los presenta

como un gran espectáculo que consuela y anima".102

En vida, el padre Bailly no tuvo el gozo de ver cumplidos sus deseos

para los judíos, en manos de esos fanáticos sin control que seguían la

esvástica. Sólo "desde el cielo" pudo disfrutar de ese "gran espectáculo

que consuela y anima"; aunque, allá arriba, los espectáculos de esa clase

son muy comunes, según afirman los "instruidos", y especialmente

Santo Tomás de Aquino, el ángel de la Escuela:

"Para que los santos disfruten más de su bienaventuranza, y aumente

su gratitud a Dios, se les permite contemplar lo espantoso de la tortura

de los impíos... Los santos se regocijarán con los tormentos de los

impíos" ('Sancti de poenis impiorum gaudebunt').103

Como vemos, el padre Bailly, fundador de "La Croix", cumplió todos

los requisitos para ser santo: persiguió a los inocentes, maldijo a sus

defensores, los entregó para que fueran asesinados, apoyó con todas sus

fuerzas la mentira y la iniquidad, provocó discordias y odio. Ante los

ojos de la Iglesia Romana, esas características eran títulos firmes para

recibir la gloria; por tanto, debemos entender por qué deseaba ponerle

el halo al autor de esos actos piadosos.

Sin embargo, surge la pregunta: "¿Es también este 'siervo de Dios'

un hacedor de maravillas? Pues, sabemos que para merecer tal

promoción, uno debe haber realizado milagros que se hayan

comprobado".

¿Qué milagros realizó el fundador y director de "La Croix"? ¿Fue

acaso la transmutación, ante sus lectores, de lo negro a blanco y de lo

blanco a negro? ¿Haber dicho una mentira como si fuera la verdad, y la

verdad como si fuera mentira? Por supuesto. Pero, un milagro mayor

fue que persuadió a miembros del Estado Mayor (y luego al público) de

que, después de haber cometido un error, y habiéndose descubierto


102.Ibid.,p.450.

103."Sommetheologique",Supple, XCIV, 1,3.


116 La Historia Secreta de los Jesuítas


éste, era para ellos un "honor" negar la evidencia; es decir, ¡transformó

el error en abuso de poder! "Errare humanum est, perseverare

diabolicum". El "siervo de Dios" no prestaba mucha atención a ese

proverbio. En vez de permitir que lo inspirara, lo escondió bajo su

sotana. En realidad, la "mea culpa" era para los feligreses comunes, no

para los clérigos, y como vimos, tampoco para los jefes militares que

tienen confesores jesuítas.

El resultado deseado era exaltar las emociones partidistas y dividir al

pueblo francés.

El eminente historiador Pierre Gaxotte lo declara: "El caso Dreyfus

fue el factor decisivo... Al ser juzgado por oficiales, involucró a la

institución militar... El problema creció, se convirtió en conflicto

político, dividió a familias y partió a Francia en dos. Tuvo el efecto de

una guerra religiosa... Creó odio contra los cuerpos de oficiales,.. Inició

el antimilitarismo".104

Cuando pensamos en la Europa de aquel tiempo, con Alemania

excesivamente armada y rodeada por sus dos aliados; cuando

recordamos la responsabilidad del Vaticano en los inicios de la guerra

de 1941, no podemos creer que la disminución de fuerzas en nuestro

potencial militar no haya sido premeditado.

¿Cómo no nos dimos cuenta de que el caso Dreyfus comenzó en

1894, el año cuando se realizó la ali anza franco-rusa. Luego, los

voceros del Vaticano hablaron abiertamente del acuerdo con un poder

"cismático" que, en su opinión, era un escándalo. Incluso el monseñor

Cristiani, "prelado de Su Santidad", se atrevió a escribir:

"Mediante políticas que no se consideraron sabiamente, nuestro país

parecía complacerse en provocar inclinaciones bélicas en su poderoso

vecino (Alemania)... De hecho, la alianza franco-rusa parecía amenazar

con rodear a Alemania".105

Para el respetable prelado, la triple alianza (Alemania, Italia, Austria-

Hungría) no era una amenaza para nadie y Francia estaba equivocada al

no permanecer aislada ante tal bloque. Siendo tres contra uno, el

"golpe" hubiera sido más fácil y el Santo Padre no habría tenido que

lamentar en 1918 la derrota de sus defensores.


104. Pierre Gacotte, de l'Academie Francaise, "Histoiie de Francais" (París:

Flammarkm, 1951), II, pp. 516-517.

105. Mgr. Cristiani, "Le Vatican politique" (París: Ed. duCenturión, 1957), p. 102.


117


Parte IV

Capítulo 9


Los Años Previos a la Guerra: 1900-1914


El abad Brugerette escribió: "Bajo la imagen de Jesús crucificado,

símbolo divino de la idea de justicia, 'La Croix' había cooperado

apasionadamente con el trabajo de engaño y crimen contra la verdad, la

rectitud y la justicia".106

No obstante, al final la justicia triunfó. El abad Fremont, quien, al

referirse al caso Dreyfus, no temió mencionar la siniestra cruzada

dirigida por Inocencio III contra los albigenses, parecía ser un

verdadero profeta cuando dijo:

"Los católicos están ganando y piensan que derrocarán a la

RepúbJica debido al odio hacia los judíos. Pero, rae temo que sólo se

derrotarán a sí mismos".107

Cuando la opinión pública estaba bien informada, la reacción era

fatal. Ranc había aprendido la lección en el caso Dreyfus cuando

exclamó: "La República destruirá el poder de las congregaciones o será

estrangulada". En 1899 se formó un ministerio de "defensa

republicana". El padre Picard —superior de los asuncionistas—, el

padre Bailly —director de "La Croix"— y otros diez miembros de esa

orden fueron llevados a juicio ante el tribunal de Seine, por violar la ley

de las asociaciones. La congregación de los asuncionistas fue disuelta.

El 28 de octubre de 1900 Waldek-Rousseau, presidente del Consejo,

declaró en un discurso en Toulouse: "Las órdenes religiosas, dispersas

pero no reprimidas, se formaron otra vez más numerosas y más

militantes; cubren el territorio con la red de una organización política,

cuyos vínculos son innumerables y muy unidos como vimos en un

juicio reciente".

Al fin, en 1901, se aprobó una ley ordenando que ninguna congregación

podía formarse sin autorización, y las que no presentaran su solicitud

dentro del tiempo legal, serían disueltas automáticamente.

Estas regulaciones —tan naturales de parte de autoridades públicas


106. Abad Brugerette, op. cit., II, p. 478.

107. Agnes Siegfríed, "L'Abbe Fremont" (París: F. Alean, 1932), II, p. 163.


118 La Historia Secreta de los Jesuítas


que deben controlar toda asociación establecida en su territorio— se

presentaron ante los católicos como un abuso intolerable. Un dicho

afirma: "La casa de un hombre es su castillo", pero la iglesia no lo

acepta; la ley común no es para ella.

La oposición de los clérigos a que se aplicara la ley sería suficiente

prueba de cuánto se necesitaba. Esa resistencia llevó al gobierno a

reforzar su actitud, sobre todo bajo el ministro Combes. La

intransigencia de Roma, en especial cuando Pío I sucedió a León XIII,

dio origen a la ley de 1904 que abolió a las órdenes dedicadas a la

educación,

A partir de entonces, la fricción entre el gobierno francés y la Santa

Sede fue constante. Además, se eligió al nuevo papa en circunstancias

significativas.

"León XIII murió el 20 de julio de 1903. Después de varias

votaciones, el cónclave reunido para nombrar a su sucesor íe dio 29

votos al cardenal Rampolla (se necesitan 42 para elegir a un papa).

Entonces el cardenal austríaco Puzyna se paró y declaró que Su

Apostólica Majestad, el emperador de Austria y rey de Hungría, estaba

inspirado oficialmente para excluir al secretario de estado de León XIII.

Sabemos que el cardenal Rampolla favorecía a Francia".108

Finalmente el cardenal Sarto fue elegido. Mediante la maniobra de

Austria, que tomó el lugar del Espíritu Santo para "inspirar" a los

cardenales del cónclave, esa elección fue una victoria para los jesuítas.

El nuevo pontífice, descrito como una mezcla de "sacerdote de pueblo

y arcángel con una espada feroz", era el perfecto tipo de hombre que

deseaba la Orden. Al respecto, Dansette declaró:

"Cuando amamos al papa, no limitamos el área en que puede y debe

ejercer su voluntad".109

En su primer discurso consistorial dijo: "Sabemos que muchos se

asombrarán cuando declaremos que necesariamente participaremos en

la política. Pero, todo el que desee ser justo puede entender que el

Soberano Pontífice, investido por Dios con autoridad suprema, no tiene

el derecho de separar la política del campo de la fe y la moral".110

Por tanto, tan pronto como Pío X subió al trono de San Pedro,

públicamente declaró que, en su opinión, la autoridad del papa debía

sentirse en todas las áreas, y que el clericalismo político no era sólo un


108-110, Adrien Dansette, op. cit., pp. 317-319.


Los Años Previos a la Guerra: 1900-1914 119


derecho sino un deber. Como secretario de estado escogió también a un

prelado español, monseñor Merry del Val. Éste tenía 38 años de edad y,

como el, apoyaba a Alemania y se oponía a Francia. Esto no nos

sorprende cuando leemos estas palabras del abad Fremont:

"Merry del Val, a quien conocí en el Colegio Romano, era el

'discípulo favorito de los jesuitas'". 11 1

Pronto las relaciones entre la Santa Sede y Francia sintieron los

efectos de tal elección. El primer conflicto surgió por la nominación de

obispos de parte del poder civil.

"Antes de la guerra de 1870, la Santa Sede conocía ios nombres de

los nuevos obispos sólo después que éstos eran nominados. Si el papa

no aprobaba a alguno, se reservaba el derecho de impedir que fuera

obispo reteniendo la institución canónica. Existían enormes dificultades

ya que los gobiernos, bajo toda clase de régimen, eran cuidadosos para

elegir a candidatos dignos del oficio episcopal".1 !2

Tan pronto como Pío X asumió el papado, Roma rechazó la mayoría

de las nominaciones para nuevos obispos. Además, según relata

Dansette, el nuncio en París, Lorenzclli, era "un teólogo que no seguía

la diplomacia en forma apropiada y era totalmente hostil hacia

Francia". Algunos dirán: "¡Sólo fue uno más que se sumó a los otros!"

Pero su elección para ese cargo mostró claramente las intenciones de la

Curia romana en relación a Francia.

Esa hostilidad sistemática fue aún más evidente en 1904, cuando el

presidente Loubet fue a Roma, correspondiendo a la visita que VíctoT

Emmanuel III, rey de Italia, le había hecho en París hacía un tiempo.

Loubet deseaba que también el papa lo recibiera. Pero la Curia

romana presentó un supuesto "protocolo invencible": "El papa no podía

recibir a un jefe de estado que, al visitar al rey de Italia en Roma,

pareciera reconocer como legal la "usurpación" de ese antiguo estado

pontificio. Sin embargo, había precedentes: dos veces, en 1888 y 1903,

un jefe de estado —y no de los menos importantes— había sido

recibido en Roma por el rey de Italia y el papa. Por supuesto, no había

sido el presidente de una república, sino el emperador alemán

Guillermo II.,. El mismo honor se le había otorgado a Eduardo Vil, rey

de Inglaterra, y al zar.

La intención ofensiva del rechazo era evidente, y aun lo enfatizaron


111. Agnes Siegfried, op. cit., p. 342.

112. Adrien Dansette, op. cit., p. 323.


120 La Historia Secreta de los Jesuítas


con un mensaje que el secretario de estado, Merry del Val, envió a

todas las cancillerías. Al respecto, el autor católico Criarles Ledre escribió:

"¿Podía la diplomacia pontificia ignorar el objetivo tan importante

que había tras la visita del presidente Loubet a Roma?"!13

Por supuesto, el Vaticano conocía el plan para separar a Italia de sus

socios de la Triple Alianza: Alemania y Austria-Hungría, dos poderes

germánicos que la Iglesia de Roma consideraba como sus mejores

armas seculares. Este era el punto crucial y, de hecho, la razón de los

frecuentes arranques de ira del Vaticano.

Hubo también otros conflictos respecto a los obispos franceses, a los

que Roma consideraba demasiado republicanos. AI fin, cansados de los

constantes problemas por las violaciones del Vaticano a los términos

del Concordato, el 29 de julio de 1904 el gobierno francés puso fin a las

"relaciones que la Santa Sede había invalidado".

El rompimiento de las relaciones diplomáticas llevó después a la

separación de iglesia y estado.

Dansette escribió: "Nos parece normal ahora que Francia mantenga

relaciones diplomáticas con la Santa Sede, y que el estado y la iglesia

sigan el régimen de separación. Las relaciones diplomáticas son

necesarias porque, aparte de toda consideración doctrinal, Francia debe

estar representada dondequiera que tenga intereses que defender. Pero

también se necesita la separación porque, en una democracia fundada

en la soberanía de un pueblo dividido por diversas creencias, el estado

sólo le debe libertad ala iglesia".114 Luego el autor agrega: "Esta es, al

menos, la opinión general".

Estamos de acuerdo con esta opinión razonable, sin olvidar, claro está,

que el papado nunca la aceptaría. En el transcurso de su historia, la Iglesia

Romana nunca dejó de proclamar su preeminencia sobre la historia

civil, y al no poder imponerla abiertamente, hizo todo lo posible para

implantarla con ayuda de su ejército secreto: la Compañía de Jesús.

Fue en esa época cuando el padre Wernz, general de la Orden,

escribió: "El estado está bajo la jurisdicción de la iglesia; por tanto, la

autoridad secular está en sujeción a la autoridad eclesiástica y tiene que

obedecerla".115


113. Charles Ledre, "Un siecle sous latiare" (París: Bibliotheque

catholique Amiot-Dumont, 1955), p. 125.

114. Adrien Dansette, op. cit., pp. 333,361.

115.PierreDominique, op. cit.,p.241.


Los Anos Previos a la Guerra: 1900-1914 121


Esa es la doctrina de los intransigentes defensores de la teocracia, de

los consejeros y los que ejecutan sus órdenes. Éstos han llegado a ser

tan indispensables en el Vaticano que es imposible distinguir aun la más

leve diferencia entre el "papa negro" y el "papa blanco"; ambos son el

mismo. Y, cuando nos referimos a la política del Vaticano, simplemente

nos referimos a la política de los jesuítas.

Junto con muchos otros observadores calificados, el abad Fremont

admite esto diciendo: "Los jesuítas dominan el Vaticano".116

Frente a la enorme oposición de los jesuítas —todopoderosos en la

iglesia— a la República, desde 1905 a 1908 el estado se vio forzado a

aplicar la ley de la separación con varias enmiendas. El objetivo de esta

ley no era disminuir la riqueza de la iglesia ni sus templos. Los fíeles

podían organizarse en asociaciones locales, bajo la dirección del

sacerdote para que los dirigiera. ¿Qué haría Roma?

"En la encíclica 'Vehementer' (11 de febrero de 1906), Pío X

condenó el principio de separación y el de las asociaciones locales.

Pero, ¿fue más allá de los principios?"117 Pronto lo sabremos. A pesar

del consejo del episcopado francés, el 10 de agosto de 1906 rechazó

todo el acuerdo mediante la encíclica 'Gravíssimo'".

Esto causó otra decepción a los católicos liberales. Brunetiere

exclamó: "Cuando pienso que lo que se les niega a los católicos

franceses —sabiendo que tal negativa desatará una guerra religiosa en

nuestro pobre país que tanto necesita la paz—, se les concede a los

católicos alemanes, y que las 'asociaciones locales' han estado

operando allí por 30 años para satisfacción de todos, no puedo evitar,

como patriota y como católico, sentirme muy indignado".118

Es cierto que hubo algunos problemas al hacer inventario de las

propiedades de la iglesia, pero no fue una guerra religiosa... Aunque los

ultramontanos querían causar conflicto, la población en general

permaneció calmada cuando la iglesia prefirió devolver al estado

algunas de sus propiedades, en vez de someterse a las medidas

conciliatorias establecidas por la ley.

¿Entendió totalmente el escritor Brunetiere por qué Ja JSanta JSede.

trataba en forma diferente a los católicos franceses y a los alemanes?

La Primera Guerra Mundial revelaría su significación, -


116. Agnes Siegfried, op. cit.,p. 421.

117. Adrien Dansette, op. cit.,pp. 333,361. •

118. Adrien Dansette, op. cit.,p. 363.


122 La Historia Secreta de los Jesuítas


Aunque, con el Caso Dreyfus, los jesuítas habían trabajado

eficazmente para dividir al pueblo francés y debilitar el prestigio de su

ejército, en Alemania estaban haciendo lo opuesto.

Bismark, que en el pasado había promovido la Lucha Cultural contra

la Iglesia Católica, estaba recibiendo innumerables favores de ésta. El

escritor católico Joseph Rovan lo explica así:

"Bismark será el primer protestante que recibirá la 'Orden de Cristo'

con joyas, uno de los más altos honores de la iglesia. El gobierno

alemán permite que diarios dedicados a ese fin, publiquen que el

canciller estaría dispuesto a defender las pretensiones del papa a una

restauración parcial de su autoridad temporal".119

"En 1886, el Centro —partido católico alemán— se mostró hostil a

los proyectos militares que presentó Bismark. León XIII intervino en

los asuntos internos de Alemania para apoyar al canciller. Su secretario

de estado le escribió al Nuncio de Munich: 'En vista de la inminente

revisión de la legislación religiosa que, por buenas razones, creemos

que se realizará de manera conciliatoria, el Santo Padre desea que el

Centro promueva los proyectos de los militares en toda forma

posible'".120

Joseph Rovan declara: "La diplomacia alemana interviene —es ya un

antiguo hábito— en el Vaticano para hacer que el papa ejerza su

influencia sobre el Centro (el partido católico), a fin de que apoye los

proyectos militares... Los católicos alemanes hablarán de la gran

'misión política* de Alemania, que es a la vez una misión moral

universal... El Centro también se hace responsable de la prolongación

de un reinado débil que, con discursos de tono bélico sobre armamentos

navales y otras arengas bélicas, llevó a Alemania a una catástrofe... El

Centro fue a la guerra (de 1914) convencido de la rectitud, pureza e

integridad moral de los líderes de su país, y de la armonía de sus planes

y programas con los planes de la justicia eterna".121

Como vemos, el papado había logrado implantar esa convicción.

Además, como el monseñor Fruhwirth dijo en 1914:

"Alemania es la base sobre la cual el Santo Padre puede y debe

establecer grandes esperanzas".


119. Joseph Rovan, op. cit., pp. 121,150ss.

120. Jean Bruhat, "Le Vatícan contre les peuples"

(Paralleles,21 de diciembre de 1950).

121. Joseph Rovan, op. cit.,pp. 121,150ss.


123

Parte V

El Ciclo Infernal

Capítulo 1

La Primera Guerra Mundial


A la furia que despertó en el Vaticano la alianza franco-rusa, tan

evidente en el Caso Dreyfus, y a la ira incitada por la unión francoitaliana,

demostrada en el incidente de Loubet, se añadió un amargo

resentimiento por el "Entente Cordiale" [acuerdo de amistad] con

Inglaterra. Francia había decidido no oponerse sola a su "poderoso

vecino" ni a Austria y Hungría. Según el monseñor Cristiani, los líderes

máximos de ía Iglesia Católica no vieron con agrado esa política tan

"irracional e insensata". Porque, además de poner en peligro la

"depuración radical" que necesitaba la Francia atea, esa política

apoyaba a la cismática Rusia, una oveja perdida cuyo retomo la Iglesia

.Católica aún esperaba, aunque se necesitara una guerra para lograrlo.

Sin embargo, la Iglesia Ortodoxa permaneció firme en los Balcanes,

especialmente en Serbia. Esta, por el tratado de Bucarest que puso fin a

la guerra en los Balcanes, se había convertido en centro de atracción

para los eslavos del sur, sobre todo a los que estaban bajo el yugo

austríaco. Los ambiciosos planes del Vaticano y el imperialismo

apostólico de la dinastía Hapsburgo concordaban perfectamente, tal

como en el pasado. Debido a su creciente poder, Serbia empezó a ser

vista por Roma y Viena como el enemigo que debían derrotar.

Esto está registrado en un documento diplomático que se halló en los

archivos austríacos-húngaros. Respecto a los diálogos que el príncipe

Schonburg tuvo en el Vaticano en octubre y noviembre de 1913, al

ministro austríaco Berchtold se le informó lo siguiente:

"Entre los temas discutidos la semana pasada con el cardenal

Secretario de Estado (Merry del Val), como era de esperarse, surgió el

asunto de Serbia. Ante todo, el cardenal se alegró por nuestra actitud

firme y oportuna en los últimos meses. Durante la audiencia que tuve

ese día con Su Santidad, el Santo Padre, que inició la conversación

mencionando los pasos enérgicos que tomamos en Belgrado, él hizo

algunos comentarios característicos. 'Por cierto, habría sido mejor —

124 La Historia Secreta de los Jesuitas

dijo Su Santidad— si Austria-Hungría hubieran castigado a los serbios

por todas las maldades que hicieron".1

Por tanto, ya en 1913 se manifestaron claramente los sentimientos

bélicos de Pío X. Eso no nos sorprende si consideramos quiénes

inspiraban la política romana.

";.Qué debían hacer los Hapsburgo? Castigar a Serbia, una nación

.ortodoxa. Eso hubiera incrementado el prestigio de Austria-Hungría y

de la dinastía Hapsburgo que, con los Borbones de España, eran ios

últimos partidarios de los jesuitas. Sobre todo, hubiera aumentado el

prestigio del heredero, Francisco Ferdinando. Para Roma, este asunto

adquirió importancia casi religiosa; la victoria de la monarquía

apostólica sobre el zarismo se podría considerar como una victoria de

Roma sobre el cisma del este".2

La situación continuó en 1913, Sin embargo, el 28 de junio de 1914

el archiduque Francisco Ferdinando fue asesinado en Sarajevo. El

gobierno serbio no participó en el crimen, cometido por un estudiante

macedonio, pero fue la excusa perfecta para que el esperador Francisco

José atacara.

"El conde Sforza sostiene que el principal problema fue persuadir a

.Francisco José de que la guerra era necesaria. Jil consejo del papa v su

«ministro fue lo quemasinfluyó en éí"^

Este consejo, claro está, le fue dado al emperador; y fue el tipo de

consejo que se hubiera esperado de ese papa y su ministro, "discípulo

favorito de los jesuitas". Mientras Serbia procuraba mantener la paz,

cediendo a los deseos del gobierno austríaco —que había enviado un

mensaje amenazador a Belgrado—, el 29 de julio el conde Palffy,

representante austríaco ante el Vaticano, le entregó al ministro

Berchtold un resumen de su conversación del día 27 con el cardenal

Secretario de Estado, Merry del Val. Este diálogo trató de asuntos que

perturbaban a Europa en aquel tiempo".

Él diplomático negó con desden los rumores "imaginarios" sobre la

supuesta intervención del papa, quien, al parecer, "había suplicado al

emperador que librara a las naciones cristianas de los horrores de la

guerra". Habiendo enfrentado esas "absurdas" suposiciones, expresó la

"verdadera opinión de la Curia" que le transmitió el Secretario de

Estado:


1. "Documento" P.A.,XI/291.

2-3. Pierre Dominique, op. cít., pp. 245-246,250.


La Primera Guerra Mundial 125


"Hubiera sido imposible detectar un espíritu de indulgencia y

conciliación en las palabras de Su Eminencia. Es cierto que calificó de

severo el mensaje a Serbia, pero lo aprobó totalmente y, en forma

indirecta, expresó el deseo de que la monarquía finalizara el trabajo. En

verdad, agregó el cardenal, era una lástima que no se hubiera humillado

a Serbia mucho antes, porque entonces se habría hecho sin grandes

riesgos. Esta declaración concuerda con los deseos del papa, que en los

últimos años a menudo lamentó que Austria-Hungría no hubiera

'castigado' a su peligroso vecino del Danubio".4

Esto era lo opuesto a los rumores "imaginarios" sobre !a intervención

pontificia en favor de la paz.

En realidad, el diplomático austríaco no fue el único que informó la

"verdadera opinión" del pontífice romano y su ministro.

Un día antes, el 26 de julio, el barón Ritter, encargado de negocios

ante el Vaticano, había escrito a su gobierno:

"El papa está de acuerdo con Austria en tratar severamente a Serbia.

No cree que los ejércitos ruso y francés sean tan poderosos, y opina que

no podrían lograr mucho en una guerra contra Alemania. El cardenal

Secretario de Estado no sabe cuándo Austria podría declarar la guerra si

no se decide ahora".5

Por tanto, la Santa Sede estaba consciente de los "grandes riesgos"

que representaba una guerra entre Austria y Serbia, pero hizo todo lo

posible por incitarla.

Al Santo Padre y a sus consejeros jesuitas no les importaba que las

"naciones cristianas" sufrieran. No era la primera vez que éstas eran

usadas para beneficiar la política de Roma..Al finteníai) la oportunidad

anhelada de usar el arma secular germánica contra la Rusia ortodoxa,

contra la Francia "atea" que necesitaba una "depuración radical", y,

como un beneficio adicional, contra la Inglaterra "hereje". Todo parecía

prometer una guerra "emocionante y feliz".

Pío X no vio el desarrollo ni el resultado de la guerra como esperaba.

Murió cuando ésta se iniciaba, el 20 de agosto de 1914. Pero 40 años

después, Pío XII canonizó a este augusto pontífice, y el Resumen de la

Historia Santa, usado como catecismo parroquial, le dedicó estas

edificantes palabras:


4. "Veroffentlichungen der Kommissíon fur Neuere Geschichte Osterreichs"

(26 Wien-Leipzig, 1930), pp. 893-894.

5. Este comunicado apareció en "Bayerische Dokumenten zum Kriegssausbruch",

III, p. 205.


126 La Historia Secreta de los Jesuítas


"Pío X hizo todo lo posible para impedir que estallara la guerra de

1914, y murió de angustia al prever los sufrimientos que causaría".

Si fuera una sátira, ¡nadie la habría planeado mejor!

Unos años antes de 1914, Yves Guyot, un verdadero profeta, declaró:

"Si estalla la guerra, escuchen, ustedes que creen que la Iglesia Romana

es el símbolo de orden y paz, y np .busquen al culpable fuera del

Vaticano: éste será el instigador astuto, como en la guerra de 1870".6

Habiendo instigado la matanza, el Vaticano apoyó también con

astucia a sus defensores austríacos y alemanes durante la guerra. La

incursión militar en Francia, anunciada por el Kaiser, fue detenida en el

Marne y el agresor se vio forzado a defenderse tras sus feroces ataques.

Pero, al menos la diplomacia pontificia le proveyó toda la ayuda

posible. No debe sorprendernos ya que, al parecer, la Divina

Providencia se complacía en favorecer a los imperios centrales.

El cardenal Rampolla, considerado defensor de Francia —y a quien, por

lo mismo, un veto de Austria le impidió subir al trono pontificio—, falleció

unos meses antes que Pío X. Fue, aparentemente, una muerte muy oportuna.

Pero esta no fue la intervención total "de Dios": Como había

prometido antes de la votación, el nuevo papa, Benedicto XV, nombró

al cardenal Ferrata como secretario de estado.

No obstante, el cardenal7 ni siquiera tuvo tiempo de asumir

totalmente su nuevo cargo. Después de ocupar el puesto de secretario a

fines de septiembre de 1914, MURIÓ REPENTINAMENTE el 20 de

octubre, víctima de una terrible indisposición luego de un

"REFRIGERIO LIGERO".

"Eslaba sentado frente a su escritorio y de pronto se sintió mal,

desplomándose como si le hubiera caído un rayo. Los sirvientes

acudieron rápidamente para atenderlo. El doctor, a quien llamaron de

inmediato, se dio cuenta al instante de la gravedad de la situación y

solicitó una consulta rápida. Ferrata había comprendido lo que estaba

sucediendo y sabía que no tenía esperanza... Suplicó que no lo dejaran

morir en el Vaticano.,, La consulta médica se realizó en su hotel, con seis

doctores... Éstos rehusaron escribir un informe médico; el que se publicó

no estaba firmado".8 Él no padecía de ningún tipo de mal o enfermedad,


6. Yves Guyot,"Bilan poütique de l'Eglise",p. 139.

7. Él no simpatizaba mucho con los jesuítas.

8. Abbe Daniel, "Le Bapteme de sang" (Herblay: Ed. de I'Mee Libre, 1935),

pp.28-30,


La Primera Guerra Mundial 127


"El escándalo de esa muerte fue tal que no se pudo evitar una

investigación. Este fue el resultado: En la oficina se había roto un

frasco. Así se explicó la presencia de vidrio pulverizado en el azucarero

que usaba el cardenal. ¡El azúcar granulada puede ser útil! Allí se

detuvo la investigación..."9

El abad Daniel agrega que, días después, la salida repentina del

criado del cardenal fallecido provocó muchos comentarios, sobre todo

porque él, aparentemente, había trabajado para el Monseñor von

Gerlach antes que su amo ingresara a las Santas órdenes. Este prelado

germánico y espía notorio huyó de Roma en 1916. Luego fue arrestado

y acusado de sabotear el barco de guerra italiano "Leonardo de Vinci",

que explotó en la bahía de Tárente, causando la muerte de 21 oficiales y

221 marineros. Su juicio continuó en 1919. Von Gerlach no compareció

y fue condenado a 20 años de trabajo forzado".10

Con el caso de este "chambelán participante", editor del "Osservatore

Romano", tenemos una idea clara del estado de ánimo en las altas

esferas del Vaticano.

Una vez más, el abad Brugerefte describe el "ambiente de la Santa

Sede": "Ningún obstáculo detiene a los profesores v clérigos en su,

esfuerzo para que el clero italiano y el mundo católico de Roma

respeten y admiren al ejército alemán, v desprecien y aborrezcan a

Francia".1^

jFerrata~que prefería la neutralidad, había fallecido en el momento]

oportuno, y el cardenal Gasparri pasó a ser secretario de estado. Éste,

en perfecta armonía con Benedicto XV, se esforzó para apoyar losj

intereses de los imperios centrales., \

"Considerando esto, no nos sorprende que el papa Benedicto XV, en

los meses siguientes, trabajara arduamente para mantener a Italia en el

camino de la intervención, lo que beneficiaría más a los jesuitas,

amigos de los Hapsburgo..."12

Al mismo tiempo, los aliados se habían desmoralizado grandemente,

aunque no lo expresaban.

"El 10 de enero de 1915, un decreto firmado por el_cardenal

Gasparri, secretario de estado de Benedicto XV, ordenó que se

observara nn día de oración para que reinara ia paz,,. Uno de los


9. Abbe Daniel, "Le Bapteme de sang" (Herblay: Ed. de Tldee Libre, 1935), pp. 28-30.

10-11. Abad Brugerette, op. cit., IIÍ, pp. 553,528-529.

12. Pierre Dominique,op. eit.,p. 252.


128 La Historia Secreta de los Jesuítas


ejercicios de piedad obligatorios era rezar la oración que Benedicto XV

frabi'a escrito,,, JEÍ gobierno francés ordenó que se incautara el

documento pontificio. Pensaban que esa oración por la paz era una

manifestación debilitante y destructiva, capaz de aminorar el esfuerzo

de ios ejércitos en una época cuando las hordas alemanas estaban

siendo presionadas a abandonar el territorio, y el Kaiser podía ver ej

inminente castigo por sus crímenes imperdonables,,. El papa —se

decía— deseaba la paz de cualquier manera, aunque en ese tiempo sólfj

podía favorecer a los imperios centrales. Al papa no le agradaba

Francia; él era "alemán".13

Charles Ledre, otro escritor católico, lo confirma: "En dos ocasiones,

mencionadas en artículos famosos de "La Revue de París", la Santa

Sede, al pedir a Italia y luego a los Estados Unidos que se mantuvieran

alejados de la guerra, no sólo deseaba que la guerra concluyera más

rápidamente... Según el abad Brugerette, apoyaba los intereses de

nuestros enemigos y actuaba contra nosotros".14

Sin embargo, las acciones de los jesuítas y, por tanto, las acciones del

Vaticano, no sólo afectaron a Italia y a los Estados Unidos. Todo medio

y todo lugar era bueno para ellos,

"No nos sorprende, pues, que la diplomacia pontificia procurara

desde el principio que no recibiéramos alimentos, disuadiendo a los

neutrales para que no se pusieran de nuestro lado y destruir la unión del

'Entente'... Nada era insignificante si podía ayudar en esta tarea, y si

producía paz al provocar debilidad entre los aliados.

"Hubo algo peor: peticiones de una paz separada. Entre el 2 y el 10

de enero de 1916, algunos católicos alemanes fueron a Bélgica —en

nombre del papa, dijeron— a predicar una paz separada. Los obispos

belgas los acusaron de mentir, pero el nuncio y el papa permanecieron

callados...

"Entonces, la Santa Sede pensó unir a Francia y Austria, esperando

así hacer que Francia firmara un acuerdo de paz separada, o

demandarle que negociara la paz general con sus aliados... Unas

semanas después, el 31 de marzo de 1917, el príncipe Sixto de Borbón

entregó la famosa carta del emperador Carlos al presidente de la

República.

"Puesto que la maniobra falló en este lado de los Alpes, se tenía que


13. Abad Brugerette, op. cit., III, pp. 553,528-529.

14. Charles Ledre, op.cit„p. 154,


La Primera Guerra Mundial 129


intentar nuevamente en otros lugares, en Inglaterra, en los Estados

Unidos y sobre todo en Italia...

"Destruir los poderes temporales del 'Entente' para detener sus

ataques, y arruinar su prestigio moral a fin de debilitar su valentía y

obligarlo a negociar... Estas dos acciones conforman la política de

Benedicto XV, y todos sus esfuerzos han tenido y tienen el objetivo de

destruirnos"-15

Louis Canet, un conocido católico, escribió .esas palabras. Y el abad

Brugerette escribió:

"Recién cuatro años después, por las declaraciones de Erzberger

publicadas en 'Germania' el 22 de abril de 1921. supimos que la

propuesta de paz que el papa proclamó, en agosto de 1917. fueT

precedida por un acuerdo jecreto entre la Santa Sede y Alemania".16

Otro dato interesante es que el diplomático eclesiástico que negoció

el "acuerdo secreto" fue el nuncio de Munich, monseñor Pacelli, futuro

, Pío XII. _ _ _ ^ -

Uno de sus apologistas, el jesuíta Fernesolle, escribió; "El 28 de

mayo (1917), monseñor Pacelli presentó sus cartas de nombramiento al

rey de Bavicra... Procuró arduamente obtener la cooperación de

Guillermo II y del canciller Bcthmann-Hoíveg, El 29 de junio, el

emperador Guillermo II recibió al monseñor Pacelli en su sede de

Kreuznach".17 I

„J¿Así, el futuro papa inició sus 12 años como UuasiBBKEWMffiiiSÉi!^ '

luego en Berlín, tal como pensó realizar su trabajo. Durante esos años

multiplicó las intrigas para derrocar a la república alemana que se

estableció después de la Primera Guerra Mundial, y preparar las

^gjiganza de 1939 colocando a Hitler en el poder. {

No obstante, cuando los aliados firmaron el tratado de Versalles en

julio de 1919, conocían tan bien el papel que había desempeñado el

Vaticano en el conflicto, que con cuidado lo mantuvieron alejado de la

mesa de la conferencia. Lo más sorprendente es que Italia, el estado

más católico, fue el que insistió en tal exclusión.

"Mediante el artículo XV del pacto de Londres (26 de abril de 1915),


15. Louis Canet, "Le Poütique de Benoit XV" (París: Revue,

15 de octubre y 1 de noviembre de 1918).

16. Abad Brugerette, op, cit., III, p. 543.

17. R.P, Fernesolle, S J., "Pro pontifíce", Imprimatur 26 de junio de 1947

(París: Beauchesne, 1947), p. 15.


130 La Historia Secreta de los Jesuítas


que definía la participación de Italia en la guerra, el barón Sormino

logró que los otros aliados prometieran oponerse a toda intervención

del papado en los arreglos para lograr la paz".18 Esta medida fue sabia

pero insuficiente. En vez de aplicar las sanciones contra la Santa Sede,

que ésta merecía por haber provocado la Primera Guerra Mundial, los,

vencedores no hicieron nada para prevenir las futuras intrigas de los

jesuitas y del Vaticano. Veinte años después, tales intrigas condujeron a

. una catástrofe aún peor, quizá la peor que el mundo haya conocido.


18. Charles Pichón, "Histoire de Vadean" (París: Sefi, 1946), p. 143.


131

Parte V

Capítulo 2

Preparativos Para la Segunda

Guerra Mundial


s

En 1919, los hijos de Loyola cosecharon los frutos amargos de su |

política criminal. Francia no había sucumbido a la "depuración :

radical". El imperio apostólico de los Hapsburgo —a los que incitaron

para ''castigar a los serbios"— se había desintegrado, librando a los

eslavos ortodoxos del yugo de Roma. Rusia, en vez de volver al redil

romano, se tornó marxista, anticlerical y ofiddmente^atea^Yj^enjei^.

caos vla jnvencibJ^3i?SSSÍ^Sídí!ESáiJ

Sin embargo, por el orgullo característico de la Compañía, ésta jamás

iba a confesar un pecado. Cuando Benedicto XV falleció en 1922,

estaba lista para empezar otra vez con nuevas fuerzas. ¿Acaso no era

todopoderosa en Roma?

Pierre Dominique declara: "El nuevo papa, Pío XI, que según

algunos es jesuíta, intenta arreglar la situación. Le pide al jesuíta

D'Herbigrry que vaya a Rusia para reunir lo que queda del catolicismo

y, en especial, para ver qué se puede hacer. Es una esperanza grande y

vaga: reunir alrededor del pontífice al mundo ortodoxo perseguido.

"En Roma hay 39 colegios eclesiásticos, cuya fundación marca la fecha

de importantes contraofensivas. De éstas, muchas fueron dirigidas y

realizadas por jesuitas: el colegio germánico (1552), inglés (1578),

irlandés {1628, restablecido en 1826), escocés (1600), estadounidense

(1859), canadiense (1888), etíope (1919, reconstituido en 1930).

"Pío XI crea el colegio ruso (Colegio Pontificio Ruso de Santa Teresa

del Niño Jesús) y lo pone bajo el cuidado de los jesuitas. Estos

controlan también el Instituto Oriental, el Instituto de San Juan

Damasceno, el colegio polaco y después el colegio lituano. ¿No nos

recuerda esto al padre Possevino, a Iván el Terrible y al falso Demetrio?

Se cumple así el segundo de los tres objetivos principales del tiempo de

Ignacio. Una vez más los jesuitas son los agentes que inspiran y llevan

a cabo tal operación".19


19. Pierre Dominique, op. cit.,pp. 253-254.


132 La Historia Secreta de los Jesuítas

En la derrota sufrida, los hijos de Loyola vislumbran una esperanza.

Al eliminar la revolución rusa al zar, protector de la Iglesia Ortodoxa,

¿no ha decapitado al gran rival, ayudando a que entre la Iglesia

Romana? ¡Deben atacar mientras haya oportunidad! Se crea entonces el

famoso "Russicum" [colegio pontificio ruso] y sus misioneros

clandestinos llevan las Buenas Nuevas a ese país cismático.13a Un siglo

después de ser expulsados por el zar Alejandro I, ios jesuítas emprenden

otra vez la conquista del mundo eslavo. Desde 1915 su general es

Nalke von Ledochowski.

Dominique dice: "¡Algunos pensarán que veo jesuítas en todas partes!

Pero me siento obligado a señalar su presencia y sus actos; a declarar

que apoyaban la monarquía de Alfonso XIII, cuyo confesor era el padre

López; que, cuando se puso fin a la monarquía española y quemaron

sus monasterios y colegios, ellos estaban ayudando a Gil Robles;

después, cuando estalló la guerra civil, estaban con Franco. En Portugal

apoyaron a Salazar. En Austria y Hungría, donde el emperador Carlos

fue destronado tres veces (¿qué papel jugaron ellos en esos intentos de

recuperar el trono de Hungría? ¡Nadie lo sabe!), ellos mantenían el

asiento listo, sin saber para quién o para qué. Monseñor Seipel, Dolfuss

y Schussnigg pertenecen a sus filas. Por un tiempo soñaban con una

gran Alemania, y una mayoría católica a la que ios austríacos tendrían

que pertenecer necesariamente: una versión moderna de la antigua

alianza del siglo 16, entre los Wittelsbach y los Hapsburgo. En Italia,

apoyan primero a Don Sturzo, fundador del partido popular, y luego a

Mussolini... El jesuíta Tacchi Venturi, secretario general de la

Compañía, actuó como intermediario entre Pío XI —cuyos confesores

eran los jesuítas Alissiardi y Celebrano— y Mussolini.

"En febrero de 1929, en el período del Tratado Laterano. el papa

llamó a Mussolini 'el hombre que la Providencia nos permitió

conocer'. Roma no condenó lo que se conoce como la 'agresión etíope'

_y_, en 1940. el Vaticano aún es el amigo sincero de Mussolini. .

B"Los jesuítas tienen en él un cuartel secreto. Desde allí observan a la

Iglesia Universal con el ojo frío y calculador del político".20 •

Esto resume perfectamente la actividad de los jesuítas entre las dos

guerras mundiales. El "cuartel secreto" de los hijos de Loyola era el


19a. Véase también Frederic Hoffet, "L'Equivoquc catholique ct le nouveau

clericalisme" (París: Fischbacher),

20. Pierre Dominique, op. cit., pp. 253-254.


Preparativos Para la Segunda Guerra Mundial 133


cerebro político del Vaticano. Los confesores de Pío XI eran jesuítas;

los de su sucesor, Pío XII, también fueron jesuítas y, además, alemanes.

No importaba si el complot resultaba evidente: al parecer, todo estaba

listo para la venganza,

Pero, bajo el pontificado de Pío XI hubo un período de preparación. El

"brazo secular" germano, al ser derrotado, soltó la espada. Mientras esperaba

tomarla otra vez en sus manos, se preparaba en Europa un campo digno

de sus futuras hazañas, y antes debían detener el auge de la democracia.

Italia sería el primer campo de acción. Allí había un jefe socialista

alborotador, reuniendo a ex militares alrededor de él. Éste proclamaba

una doctrina aparentemente intransigente, pero, a pesar de sus alardes

irracionales, poseía suficiente ambición y lucidez para ver su situación

precaria.

La diplomacia jesuíta pronto lo ganaría para sus filas.

Francois Charles-Roux, del Instituto, y que era entonces embajador

de Francia ante el Vaticano, dijo: "Cuando el futuro Duce era sólo un

simple diputado, el cardenal Gasparri, secretario de estado, tuvo una

entrevista secreta con él... El líder fascista estuvo de acuerdo en que el

papa debía ejercer soberanía temporal sobre una parte de Roma,..

"Cuando el cardenal Gasparri me informó de la entrevista, concluyó

diciendo: 'Con tal promesa, estuve seguro de que si este hombre subía

, al poder, tendríamos éxito'.

"No mencionaré su relato sobre las negociaciones entre los agentes

secretos de Pío XI y Mussolini..."21

Estos agentes secretos —siendo el principal el jesuíta Tacchi

Venturi— cumplieron muy bien su misión. No nos sorprende, sabiendo

que dicho padre era secretario de la Compañía de Jesús y conffi.snr.áa

Mussolini. Según el relato de Gastón Gaillard, Halke von

Ledochowski, general de su Orden, fue quien lo "dirigió" a ganarse la

simpatía del líder fascista.22

El 16 de noviembre de 1922 el parlamento eligió a Mussolini con

306 votos a favor y 116 en contra. Allí el grupo católico de Don Sturzo,

que supuestamente era demócrata cristiano, votó unánimemente por el

primer gobierno fascista".23


21. Francois Charles-Roux, "Huit ans an Vadean" (París: Flammarion, 1947), pp. 47ss.

22. Gastón Gaillard, "La fin d'uti temps" (París: Ed. Albert, 1933),p. 353.

23. Pietro Nenni, "Six ans de guerre civiie en Italie" (París: Librairie Valois,

1930), p. 146.


134 La Historia Secreta de los Jesuítas


Diez años después, la misma maniobra tuvo un resultado similar en

Alemania. Medíante sus votos, el Centro Católico del monseñor Kass

aseguró la dictadura del nazismo.

En 1922, Italia fue ebterreno de maesa para la nueva fórmula del

conservadurismo autoritario: el fascismo, con un disfraz más elegante

si las circunstancias locales lo exigían, y algo de seudo socialismo.

Desde ese momento, todos los esfuerzos de los jesuitas del Vaticano

procuraban difundir esta "doctrina" en Europa, con una ambigüedad

típica de ello*.

Ni la caída del régimen de Mussolini, ni la derrota ni la ruina fueron

suficientes para desacreditar, ante los demócratas cristianos italianos, al

dictador con delirio de grandeza que el Vaticano impuso en Su país.

Aunque lo repudiaron externamente, su prestigio siguió intacto en el

corazón de ios clérigos. La prensa publicó Jo siguiente:

"Esto hemos decidido: Los visitantes, al llegar a Roma para las

Olimpíadas de 1960, verán el obelisco de mármol que Benito Mussolini

erigió en su honor, porque domina el estadio olímpico desde las orillas

del Tíber. El monumento, de 33 metros de alto, lleva la inscripción

'Mussolíni-Dux', y lo adornan mosaicos e inscripciones que alaban al

fascismo. La frase 'Larga vida al Duce' aparece más de 100 veces; y el

lema, 'Muchos enemigos significan mucho honor', se repite varías

veces también. A cada lado del monumento hay bloques de mármol,

conmemorando los eventos principales del fascismo, desde la

fundación de la publicación 'Popólo d'Italia' por Mussolini, hasta el

establecimiento del imperio fascista —de muy corta duración—,

incluyendo la guerra en Etiopía. El pian era coronar el obelisco con una

estatua gigante de Mussolini —representado como un atleta desnudode

casi 100 metros de alto. Pero el régimen cayó antes que este extraño

proyecto se llevara a cabo.

"Después de un año de controversias, el gobierno de Segni ha

decidido que el obelisco del Ducc debe permanecer".24

No importaban la guerra, la sangre que coma profusamente, las

lágrimas y las ruinas. Eran detalles sin importancia, pequeñas manchas

en el monumento erigido para la gloria del "hombre que la Providencia

nos permitió conocer", como lo describió Pío XI.

Ningún defecto, error o crimen podía borrar su principal mérito: él


24. Piess Itaí ienne, Neví York Herald Tribune, Time y París Presse,

3 de noviembre de 1959.


Preparativos Para la Segunda Guerra Mundial 135


restableció el poder temporal del papa, proclamó al catolicismo romano,

como la religión del estado., y. mediante leves que aun están vigentes'. le^

dio al clero poder total sobre la vida de la nación..

El obelisco de Mussolini debía estar en el corazón de Roma para dar

testimonio de eso, para beneficio de turistas extranjeros que lo miraran

con admiración, o burla; y con la esperanza de que llegaran mejores

tiempos y se erigiera al "atleta desnudo" de 100 metros de alto,

defensor simbólico del Vaticano.

El Tratado Laterano, con el que Mussolini le demostró su gratitud al

papado, le dio a la Santa Sede —aparte del pago de 1,750 millones de

liras— la soberanía temporal sobre el territorio de la ciudad del

Vaticano. Monseñor Cristiani, prelado de Su Santidad, explicó la

importancia del evento: _

"Ciertamente la Constitución de la ciudad del Vaticano era de primordial

^importancia para establecer al papado como poder político".25

No perderemos tiempo intentando conciliar esta confesión con la

frase tan escuchada: "La Iglesia Romana no participa en política". Sólo

señalaremos la posición singular que tiene en el mundo un estado que

es secular y sagrado, v de naturaleza ambigua, y las consecuencias de

1<M posición.

' ¿Cuáles son las astütas^artimañas jesuíticas que emplea este pooer;

que, según las circunstancias, usa su carácter temporal o el espiritual para

estar exenta de las reglas establecidas por las leyes internacionales?

Las naciones mismas han dado lugar a esos engaños v. aj hacerlo,

ayudaron a que el caballo de.Troya del crericalismo penetrara en medio

de ellas. ^

"El papa se identificaba demasiado con los dictadores" ,26 escribió

Francois Charles-Roux, embajador francés ante el Vaticano. Pero,

¿podía esperarse algo distinto cuando la Santa Sede misma había

elevado a esos hombres al poder?

Mussolini, el prototipo, inauguró esa serie de hombres "providenciales",

individuos armados con espada que prepararían la venganza para 1918.

Desde Italia, donde el fascismo prosperó bajo el cuidado del jesuíta

Tacchi Venturj y sus acólitos, se exportaría pronto a Alemania. "Hitler

recibe su ímpetu de Mussolini; el ideal de los nazis es el mismo que


25. Monseñor Cristiani, "Le Vatican politique", Imprimatur: 15 de junio de 1956

(París: Ed. du Centurión, 1957), p. 136.

26. Francois Charles-Roux, op. cit., p. 231.


136 La Historia Secreta de los Jesuitas


existía en Italia... Puesto que Mussolini está a la cabeza, todos

simpatizan con Berlín... En 1923, su fascismo se une con el

nacionalsocialismo; él establece amistad con Hitler, proveyéndole

armas y dinero" .27~t "

En aquel tiempo, el monseñor Pacelli —futuro Pío XII y el mejor

diplomático de la Curia entonces— era Nuncio en Munich, capital de la

Baviera católica. Allí comenzó a elevarse la estrella del futuro dictador

alemán; él también era católico, como sus asociados más importantes.

Respecto al país, cuna del nazismo, Maurice Laporte nos dice: "Sus dos

enemigos se llaman protestantismo y democracia".

Por tanto, era comprensible i,a ansiedad que vivía Prusia.

"Es fácil imaginar el cuidado especial del Vaticano por Baviera, donde

el nacionalsocialismo de Hitler recluta a sus más fuertes contingentes".2^.

Quitarle a la Prusia "hereje" el control del "brazo secular" alemán, y

transferirlo a la Baviera católica, ¡qué hermoso sueño! Eí monseñor.

Pacelli hizo todo lo posible para realizarlo, actuando en convenio con el

líder de la Compañía de Jesús., f"

" "Después de la otra guerra (1914-1918), el genera! de los jesuitas,

Halke von Ledochowski, concibió un vasto plan... crear, con o sin el

emperador Hapsburgo, una federación de las naciones católicas del

centro y este de Europa: Austria, Eslovaquia, Bohemia, Polonia,

Hungría, Croacia y, por supuesto, Baviera.

"Este nuevo imperio central debía pelear en dos frentes: por el este,

contra la Unión Soviética; por el oeste, contra Prusia, la Gran Bretaña

protestante, y la Francia republicana y rebelde. En esa época el

monseñor Pacelli era nuncio en Munich —entonces Berlín— y amigo

íntimo del cardenal Faulhaber, principal colaborador de Von

Ledochowski. El plan de éste era el sueño de juventud de Pío XII".29

Pero, ¿era sólo un sueño de juventud? La Europa central que Hitler

trató de organizar se asemejaba mucho a este plan, sin la presencia de

la Prusia luterana en ese bloque —una minoría no peligrosa— y las

zonas reconocidas de influencia que —quizá temporalmente —

pertenecían a Italia. En realidad, era el plan de Ledochowski, adaptado

a las necesidades de ese tiempo; el Fuhrer estaba tratando de realizarlo

.bajo el patrocinio de la Santa Sede, con ayuda de Franz von Papen,


27. Antonio Aniante, "Mussolini" (París: Grasset, 1932), pp. 123ss.

28. Maurice Laporte, "Sous le casque d'acier" (París: A. Redier, 1931),p. ¡05.

29. "La Tribune des Nations", 30 de junio de 1950.


Preparativos Para la Segunda Guerra Mundial 137


chambelán privado del papa, y el nuncio de Munich, monseñor Pacelli.

Charles-Roux escribió: "En la época contemporánea, la política

mundial nunca sintió tanto la intervención católica como durante el

ministerio del monseñor Pacelli".30

"Ahora la Baviera católica", dijo Joseph Rovan, "dará la bienvenida

y protegerá a todos los que siembran problemas, a los confederados y

asesinos de la Santa Vehm".31

Entre esos agitadores, los "regeneradores" de Alemania escogieron a

Hitler, el destinado a superar los "errores de la democracia" bajo el

estándar del Santo Padre. Por supuesto, él era católico como sus

principales colaboradores.

"El régimen nazi es como el retomo al gobierno de) sur de Alemania.

Los nombres y el origen de sus líderes lo muestran: Hitler es austríaco,

Goreing es bávaro, Goebbels es de la región del Rin, y así sucesivamente".32

En 1924. la Santa Sede firmó un Concordato con Baviera. En 1927.

la "Gaceta de Colonia" afirmó: "Pío XI es e,I papa más alemán que se

haya sentado en el trono de San, Pedro''.

Su sucesor, Pío XII, le quitó ese título. Pero, por el momento él

estaba atendiendo su carrera diplomática —o su carrera política— en

esta Alemania por la cual, como le dijo a Ribbentrop, "siempre sentiría

un afecto especial".

Al nombrársele nuncio en Berlín, trabajó con Franz von Papen para

destruir a la república de Weimar. El 20 de julio de 1932 se declaró

estado de sitio en Berlín y los ministros fueron expulsados por la fuerza de

las armas. Ese fue el primer paso hacia la dictadura hitleriana. Luego, se

planearon nuevas elecciones que determinaron el triunfo de ios nazis.

"Goering y Strasser, con la aprobación de Hitler, contactaron al

monseñor Kass, jefe del partido Centro Católico".33

El cardenal Bertram, arzobispo de Breslau y primado de Alemania,

declaró: "Nosotros, cristianos y católicos, no reconocemos a ninguna

religión o raza..." Como muchos otros obispos, intentó advertir a los

fíeles acerca del "ideal pagano de los nazis". Obviamente este prelado

no había entendido la política del papa, pero pronto se la enseñarían.


30. Francois Charles-Roux, op. cit., p. 93.

31. Joseph Rovan, op. cit.,p. 195.

32. Gonzague de Reynold, "D'ou vícnt l'Allemagne" (París: Pión, 1939), p. 185.

33. Walter Gorlitz y Herbert A. Quint, "Adolf Hitler" (París: Amiot, Dumont,

1953), p. 32.


138 La Historia Secreta de los Jesuítas


En Í934, el "Mercurio de Francia" publicó un estudio excelente:

"A principios de 1932, los católicos alemanes no creían haber perdido

la causa; pero, en la primavera, sus líderes no sabían qué pensar: les

habían dicho que 'personalmente, el papa estaba a favor de Hitler'.

"No debe sorprendernos que Pío XI simpatizara con Hitler... Según

él, Europa experimentaría estabilidad sólo por medio de la hegemonía

de Alemania... El Vaticano por mucho tiempo había pensado cambiar el

centro alrededor del cual giraba el Reich, mediante la unificación

(Anschluss), y la Compañía de Jesús trabajaba abiertamente con ese

objetivo (plan de Ledochowski), sobre todo en Austria. Sabemos ya

que Pío XI dependía de Austria para lograr lo que él llamaba su triunfo

político. Tenía que evitar la hegemonía de la Prusia protestante y,

puesto que el Reich debía dominar a Europa.,, tenía que reconstruir un

Reich donde los católicos fueran los amos...

"En marzo de 1933, los obispos de Alemania, reunidos en Fulda,

aprovecharon el discurso de Hitler en Potsdam para declarar: 'Debemos

reconocer que el máximo representante del gobierno del Reich, que es a

la vez líder del movimiento nacionalsocialista, presentó declaraciones

públicas y solemnes por las cuales se reconoce la inviolabilidad de la

doctrina católica, el trabajo y los derechos inmutables de la iglesia...'

Von Papen se dirigió a Roma. Este hombre, con un pasado maligno,

llega a ser un peregrino piadoso con la misión de concluir un

Concordato con el papa (para Alemania entera). También tendría que

imitar la conducta de Mussolini hacia el Vaticano".34

En ambos países sucedió lo mismo: en Italia, el partido católico de

Don Sturzo aseguró el ascenso de Mussolini al poder; en Alemania, el

Centro de monseñor Kaas hizo lo mismo por Hitler. Y, en ambos casos,

un Concordato selló el pacto.

Rovan lo admite diciendo: "Gracias a Von Papen, el representante

ante el Centro desde 1920 y dueño de la publicación oficial del partido,

'Germania', Hitler subió al poder el 30 de enero de Í933... El

catolicismo político alemán, en vez de volverse demócrata cristiano,

tuvo que otorgarle poder total a Hitler el 26 de marzo de 1933... Para

votar a favor de poderes totales, se requería una mayoría de dos terceras

partes, y se necesitaban los votos del Centro para alcanzarla".35 El

mismo autor agrega: "Bajo el régimen nazi, en la correspondencia y


34. "Mercure de France", "Pius XI and Hitler" (15 de enero de 1934),

35, Joseph Rovan, op, cit.,pp. 197,209,214.


Preparativos Para la Segunda Guerra Mundial 139


declaraciones de dignatarios eclesiásticos siempre hallaremos la

ferviente aprobación de los obispos".36

Este fervor se explica fácilmente al leer lo que escribió Von Papen:

"Los términos generales del Concordato fueron más favorables que

todos los demás acuerdos similares que firmó el Vaticano", y "el

canciller Hitler me pidió que le asegurara al secretario de estado papal

(cardenal Pacelli) que de inmediato callaría al clan anticlerical".37

Esta promesa no se hizo en vano. En 1933, aparte de la masacre de

judíos y los asesinatos perpetrados por nazis, existían ya 45 campos de

concentración en Alemania, con 40.000 prisioneros de diversas

opiniones políticas, pero mayormente liberales. Von Papen, chambelán

privado del papa, definió perfectamente el significado del pacto entre el

-Vaticano y Hitler con esta frase, digna de grabarse: "El nazismo es una

reacción cristiana contra el espíritu de 1789". L

En 1937, presionado por la opinión mundial, Pío XI "condenó" las

teorías raciales por ser incompatibles con la doctrina y los principios

católicos. Lo hizo mediante lo que sus apologistas, en forma divertida,

llaman la "terrible" encíclica "Mit brennender Sorge". Allí se condena

el racismo nazi, pero no a Hitler, su promotor: "Distinguió". Y el

Vaticano se cuida de no denunciar el "ventajoso" Concordato que

cuatro años antes había concluido con el Reich nazi.

Mientras la cruz de Cristo y la esvástica cooperaban en Alemania,

Benito Mussolini emprendió la fácil conquista de Etiopía con la

.bendición del Santo Padre.

"El soberano pontífice no había condenado la política de Mussolini,

dejando al clero italiano en total libertad para colaborar con el gobierno

fascista... Los clérigos, desde los sacerdotes de parroquias humildes

hasta los cardenales, hablaban en favor de la guerra...

"Uno de los ejemplos más asombrosos fue el del cardenal arzobispo

de Milán, Alfredo Ildefonso Schuster (jesuita), quien llegó al extremo

de describir esta campaña como una cruzada católica".38 Pío XI aclaró:


36. Joseph Rovan, op. cit., pp. 197,209, 214.

37. Franz von Papen, op. cit., p. 207.

38. Es comprensible el entusiasmo del cardenal Schuster, ya que la Compañía de

Jesús había enfrentado en Abisinia la misma situación que en los países

europeos. Con la ayuda del usurpador Segud, a quien habían convertido y puesto

en el trono, tos hijos de Loyola trataron de imponer el catolicismo en toda la

nación, provocando levantamientos y represiones sangrientas. Finalmente el

Negus Basüides los expulsó.


140 La Historia Secreta de los Jesuítas ,


"Italia considera que esta guerra se justifica por la apremiante

necesidad de expansión..."

"Diez días después, cuando hablaba a una audiencia de ex militares.

Pío XI expresó el deseo de que se cumpliera el anhelo legítimo de una

.nación grande v noble, de la cual —les recordó— descendía él".39 i

r La agresión fascista contra Albania el Viernes Santo de 1939, se basó

en el mismo "razonamiento", como relata Camille Cianfarra: "La

ocupación italiana de Albania fue de gran provecho para la iglesia... De

una población de un millón de albaneses que se convirtieron en

subditos de Italia, el 68% eran musulmanes, el 20% eran griegos

ortodoxos, y sólo el 12% eran católicos romanos... Desde el punto de

vista político, la anexión del país por un poder católico mejoraría la

jrosición de la iglesia y agradaría al Vaticano",40 ¡

En España, la Curia romana aún consideraba el establecimiento de la

república como una ofensa personal. "Nunca me atreví a mencionar el

apunto de España a Pío XI", escribió Charles-Roux. "Probablemente

me hubiera recordado que los intereses de la iglesia en esa gran tierra

histórica de España,,eran tan solo asunto del papado".41

Por tanto, a este "protegido territorio de cacería" se le dio un

dictador, similar a los que habían tenido éxito en Italia y Alemania. La

aventura del general Franco principió a mediados de julio de 1936.

Pero, el 21 de marzo de 1934 ya se había sellado el Pacto de Roma

entre Mussolini y los jefes de los partidos reaccionarios de España; uno

de ellos era Goicoechea, líder de la Renovación Española. Con este

pacto, el partido italiano fascista se encargó de proveer a los rebeldes el

dinero, equipo de guerra, armas y municiones. Sabemos que hicieron

aún más de lo prometido, y que Mussolini y Hitler constantemente

abastecían a la rebelión española con equipo, aviones y "voluntarios".

El Vaticano, pasando por alto su propio principio —los fíeles deben

'respetar al gobierno establecido—, oprimía a España con amenazas..

"El papa excomulgó a los líderes de la república española y declaró

guerra espiritual entre la Santa Sede y Madrid. Luego, publicó la

encíclica 'Dilectissimi Nobis'... El arzobispo Goma, nuevo primado de

España, declaró la guerra civil".4.2


39-40. Camilíe Cianfarra, "LaGuerreet le Vatican" (París: Le Portulan, 1946),

pp. 46-48. El cárdena! Schusterera también rector de esta extraña institución,

"L'Ecole de mystíque fasciste" {escuela de misticismo fascista).

41, Francois Charles-Roux, op. cit., p. 181.

42. Andre Ribard, "1960 et le secret du Vatican" (París: Libr. Robín, 1954), p. 45.


Preparativos Para la Segunda Guerra Mundial 141


Los prelados de Su Santidad aceptaban sin problema los horrores de

esta guerra fratricida. El monseñor Gomara, obispo de Cartagena,

interpretó muy bien los sentimientos apostólicos de aquellos al decir:

"Benditos son los cañones si, en los agujeros que éstos hacen, ¡el

evangelio crece!" ,

El Vaticano incluso reconoció al gobierno de Franco el 3 de agosto

_ de 1937,20 meses antes que finalizara la guerra civil.

Bélgica también estaba protegida por la Acción Católica, una,

fc organización eminentemente ultramontana v jesuítica,. ¡Tenían que

preparar el terreno para la venidera invasión de los ejércitos del Fuhrer!

Simulando una "renovación espiritual", el monseñor Picard (jesuíta), el

padre Arendt (jesuíta), el padre Foucart (jesuíta) y otros predicaban

diligentemente el evangelio fascista hitleriano. Un joven belga, que

cayó víctima de ellos como muchos otros, testificó: "En ese tiempo

todos estábamos obsesionados ya con cierto tipo de fascismo... La

Acción Católica, a la que yo pertenecía, simpatizaba con el fascismo

italiano... Monseñor Picard proclamaba abiertamente que Mussolini era

un genio y deseaba con fervor un dictador,.. Se organizaron

peregrinajes para favorecer los contactos con Italia y el fascismo.

Cuando fui a Italia con 300 estudiantes, al retornar a casa todos nos

saludaban al estilo romano y cantaban 'Giovinezza'".43

Otro testigo declara: "Después de 1928, el grupo de León Degrelle

colaboró regularmente con el monseñor Picard... [Éste] consiguió ayuda

de León Degrelle para una misión muy importante: administrar una

nueva casa de publicaciones en el centro de la Acción Católica. A esta

casa editora se le puso un nombre que pronto se hizo famoso: Rex...

"El clamor por un nuevo régimen se multiplicó... Los resultados de

esta propaganda en Alemania eran observados con mucho interés. En

octubre de 1933, un artículo en el 'Vían* nos recordó que en 1919 sólo

había siete nazis, y que Hitler los trajo años después, sin otro recurso

sino su talento para la publicidad... Habiéndose fundado con principios

similares, el equipo 'rexista' inició un activo programa de propaganda

en el país. Sus reuniones pronto atrajeron a centenares, y luego a miles

de personas".44


43. Raymond de Becker, "Livre des vivants et des morts" (Bruselas: Ed. de la

Toisón d'Or, 1942), pp. 72-73, 175.

44. Jacques Saint-Germain, "La Bataille de Rex" (París: Les oeuvrcs francaises,

1937), pp. 67,69.


142 La Historia Secreta de los Jesuítas


Por supuesto, al igual que Mussolini con el fascismo, Hitler había

traído al nuevo nacionalsocialismo mucho más que talento para la

publicidad; ¡trajo el apoyo del papado!

Siendo tan solo una pálida sombra de aquellos dos, León Degrelle —

líder del "Christus Rex"— recibió también el mismo apoyo, pero con

un propósito muy distinto, ya que su trabajo fue abrirle las puertas de

su país al invasor.

Raymond de Becker dice: "Yo colaboré con el 'Avant-Garde'... Esta

publicación (del monseñor Picard) procuraba romper los lazos que

unían a Bélgica, Francia e Inglaterra".45

Sabemos cuan rápidamente el ejército alemán derrotó a la defensa

belga, traicionada por la quinta columna clerical. Tal vez recordemos

también que el apóstol de "Christus Rex", vistiendo el uniforme alemán

y acompañado de mucha publicidad, "peleó en el frente del este" a la

cabeza de sus "Waffen SS", reclutados principalmente entre la juventud

de la Acción Católica; luego, una retirada oportuna le permitió llegar a

España. Pero, antes expresó con libertad sus sentimientos "patriotas"

por última vez.

Maurice de Behaut escribió: "Hace diez años (en 1944) el puerto de

Anvers, tercero en importancia en el mundo, cayó casi intacto en manos de

las tropas británicas... Cuando parecía que terminarían los sufrimientos

y privaciones de la población, cayó sobre ella el invento nazi más

diabólico: las bombas voladoras VI y V2. Este bombardeo, el más

prolongado en la historia —día y noche durante seis meses—, se mantuvo

oculto por orden del cuartel de los aliados. Por eso, aun hoy, la mayoría

de la gente ignora el martirio que sufrieron las ciudades de Anvers y Liege.

"En la víspera del primer bombardeo (12 de octubre), algunas

personas habían oído por Radio Berlín las alarmantes declaraciones del

traidor "rexista", León Deselle: "Le pedí a mi Fuhrer —exclamó—

20,000 bombas votadoras. Éstas castigarán a un pueblo necio. Lc/j

prometo que convertirán a Anvers en una ciudad sin puerto, o en un

puerto sin ciudad".

"Desde ese día los bombardeos aumentaron, causando catástrofes y

destrucción, mientras el traidor Degrelle gritaba por Radio Berlín,

prometiendo cataclismos aún más terribles".46


45. Raymond de Becker, "Livre des vivants et des morts"

(Bruselas: Hd. de la Toisón d'Or, 1942), pp. 72-73,175.

46. "Historia", diciembre de 1954.


Preparativos Para la Segunda Guerra Mundial 143


Así se despidió de su tierra natal aquel producto cruel de la Acción

Católica. Siendo un discípulo obediente del monseñor iesuita Picard;

del padre jesuíta Arendt; etc., el líder de "Christus Rex" siguió

estrictamente las reglas papales. ^^

"Los hombres de la Acción Católica —escribió Pío XI— no

cumplirían su deber si, al presentárseles la oportunidad, no intentaran

dirigir la política He. su provincia y de su país".47 f

León Degrelle cumplió su deber, y el resultado —como vimos— fue

proporcional a su celo.

En el libro de Raymond de Becker leemos: "Acción Católica halló en

Bélgica a hombres excepcionales para dirigir sus asuntos, tales como el

monseñor Picard (el más importante)... el canónigo Cardíjn, fundador

del movimiento 'jocista', un hombre visionario y de muy mal carácter.. "48

Este juró que nunca había "visto ni oído" a su compañero León

Degrelle. Por tanto, los dos líderes de la Acción Católica belga, que

trabajaban bajo el báculo del cardenal Van Roey, ¡al parecer nunca se

habían conocido! ¿Cómo ocurrió ese milagro? Por supuesto, el ex

canónigo no lo explica. Luego, Pío XII lo nombró monseñor y director

de los movimientos 'jocistas* para el mundo entero.

Otro milagro: El monseñor Cardijn nunca conoció al reprensible líder

de 'Rex' durante el gran congreso descrito por Degrelle:

"Recuerdo ei gran congreso de la Juventud Católica en Bruselas en

1930. Yo estaba detrás del monseñor Picard, que estaba al lado del

cardenal Van Rocy. Unos 100,000 jóvenes marcharon frente a nosotros

durante dos horas, vitoreando a las autoridades religiosas reunidas

sobre la plataforma..."4tí

¿Dónde estaba escondido el líder de la Juventud Obrera Católica,'

cuyas tropas estaban participando en esa marcha gigantesca? ¿Hubo un

decreto especial de la Providencia, condenando a esos dos hombres a

estar juntos sin verse, tanto en plataformas oficiales como en el centro

de la Acción Católica al que ambos iban constantemente?

El monseñor Cardijn, que era jesuíta, va más lejos. Pretende también

haber peleado "verbalmente" con el 'rexismo'.


47. Pío XI, "Peculari Quadam", citado por R.P. jesuíta de Soras, en "Action

catholique et action temporelie" (París: Ed, Spes, 1938), p. 105. Imprimatun 1938.

48. Raymond de Becker, op. cit.,p. 66.

49. León Degrelle, "La cohue de 1940" (Laitóanne: Robert Crausaz, 1949), pp.

214-215.


144 La Historia Secreta de los Jesuítas


En realidad, la Acción Católica era una organización peculiar. Los

líderes de sus dos "movimientos" principales, J.O.C. y Rex, no sólo

jugaban a las escondidas en los pasillos, sino que uno podía "pelear"

contra lo que el otro hacía, con la total aprobación de la jerarquía.

Esto es indisputable: El monseñor Picard mismo puso a Degrelle

como líder de 'Rex*, bajo la autoridad del cardenal Van Roey y del

nuncio apostólico, monseñor Micara. Así, según Cardijn, él

desaprobaba lo que hacían sus colegas de la Acción Católica, bajo el

patrocinio —al igual que él— del primado de Bélgica y sin ninguna

consideración por el nuncio, su "protector y respetado amigo", de

acuerdo con Pío XII".50

La afirmación es severa. Es más evidente aún al ver, después que

Hitler invadió Bélgica, la actitud de personas como el monseñor

Cardijn y sus colegas, que luego repudiaron a Degrelle y el 'rexismo'.

En un libro que quedó 'oculto' tras ser publicado, el líder mismo del

'Rex' nos refrescó la memoria —como veremos después— y hasta

donde sabemos, nunca se refutó lo que él dijo.

"Siendo un cristiano ferviente, conocedor de la interacción entre lo

espiritual y lo temporal, no habría considerado colaborar (con Hitler)

sin consultar con las autoridades religiosas de mi país... Solicité una

entrevista con Su Eminencia, el cardenal Van Roey... Una mañana el

cardenal me recibió en forma amigable en el palacio obispal de

Malines... A él lo impulsaba un fanatismo agresivo y total... Si hubiera

vivido unos siglos antes, habría cantado el 'Magníficat' al dar cuenta de

los infieles con su espada, o a las ovejas desobedientes de su redil las

hubiera quemado o arrojado a los calabozos del convento. Puesto que

era el siglo 20, sólo contaba con el báculo, pero con él hacía un gran

trabajo. Para él, todo era importante si contribuía a los intereses de la

iglesia: si algo era bueno, lo apoyábamos, pero destruíamos lo malo. La

iglesia tenía muchos medios de 'servicio': obras, partidos, periódicos,

cooperativas agrícolas ('Boerenbond*), instituciones bancarias que

aseguraban el poder temporal de ía institución divina...

"Ahora puedo decir sinceramente lo que quiso decir el cardenal: 'La

colaboración era lo correcto; en realidad, lo único que toda persona

sensible haría'. Durante la entrevista, ni siquiera consideró que pudiera

existir otra actitud. Para el cardenal, la guerra había concluido en el

otoño de 1940, No mencionó la palabra 'inglés' ni expresó la


50. "La Croix", 24 de mayo de 1946.


Preparativos Para la Segunda Guerra Mundial 145


suposición de una posible recuperación aliada... El cardenal no pensaba

que, políticamente, fuera posible algo aparte de la colaboración... No

objetó ninguno de mis conceptos y proyectos... El podría haberme

advertido —o debería haberlo hecho— si consideraba que mis ideas

políticas se estaban desviando, ya que fui a él en busca de consejo...

Antes de irme, el cardenal medio su bendición paternal...

"En el otoño de Í940, otros católicos dirigieron la mirada hacia la

torre de San Rombaut... Muchos fueron al palacio obispal para pedir

consejo al monseñor Van Roey, o a sus allegados, respecto a la

moralidad, utilidad o necesidad de la colaboración...

"Más de mil burgomaestres católicos, todos los secretarios generales,

aunque fueron escogidos cuidadosamente, se adaptaron de inmediato a

la nueva Orden... Todas esas personas buenas que fueron encarceladas

o atacadas en 1944, quizá en 1940 se preguntaban: ¿Qué piensa

Malines? Pero, quién hubiera imaginado que ni Malines, ni sus obispos

ni sus sacerdotes habían podido aquietar sus mentes.

"De cada diez colaboracionistas belgas, ocho eran católicos...

"Durante esas semanas cruciales por la decisión que debía hacerse,

Malines y los otros obispados nunca nos enviaron, a mí y a los otros

colaboracionistas, ningún consejo escrito o verbal en contra.

"Aunque no sea agradable, esa es la verdad. La actitud del alto clero

católico, en general, fortalecía la convicción de los feligreses de que la

colaboración era perfectamente compatible con la fe... En Vichy, tras la

entrevista de Hitler con Marshai Pctain, los prelados franceses más

importantes se tomaron fotografías con éste y Pierrc Laval. En París, el

cardenal Baudrillart declaró públicamente que era colaboracionista.

"En Bélgica, el cardenal Van Roey permitió que uno de los

sacerdotes más famosos de Flandes —su principal intelectual

católico—, el abad Verschaeve, durante una sesión solemne del senado

el 7 de noviembre de 1940, declarara en presencia de un general

alemán, el presidente Raeder: 'El deber del Concilio Cultural es

edificar ei puente que una a Flandes y Alemania...'

"El 29 de mayo de 1940, un día después de la rendición, el cardenal

Van Roey describió la invasión como un regalo del cielo:

'Pueden estar seguros —escribió a los feligreses— de que

presenciamos en este momento una intervención excepcional de la

divina Providencia, que está mostrando su poder por medio de grandes

eventos'.

146 La Historia Secreta de los Jesuítas

"Así, Hitler parecía ser un instrumento purificador que castigaba

providencialmente al pueblo belga".51

Algo muy similar ocurría en nuestro pafs (Francia), donde

constantemente se nos recordaba que "la derrota es más fructífera que

la victoria", como antes de 1914, cuando se deseaba para Francia un

purificador "sangrado profundo".

En estas memorias que fueron olvidadas —o desechadas —

encontramos también detalles muy interesantes acerca del

"Boerenbond, la gran maquinaria católica, política y financiera del

cardenal Van Roey, que financió extensamente al sector flamenco de ía

Universidad de Louvain..."52

"La casa publicadora Standaard mantenía ocupadas sus prensas,

imprimiendo los llamados más colaboracionistas del V.N.V. ('Vlaamsch

Nationalist Verbond'). Muy pronto el negocio estaba ganando mucho

dinero... Siendo profundamente católicos y pilares de la iglesia de

Flandcs, los líderes de Standaard no se hubieran animado a colaborar a

menos que el cardenal les hubiera dado primero su bendición clara y

directa.

"Lo mismo ocurrió con toda la prensa católica..,"-''3

El objetivo de esos esfuerzos era dividir a Bélgica, como nos lo

recuerda el escritor católico Gastón Gaillard:

"Los católicos de habla flamenca y los católicos autonomistas de

Alsacia justificaban su actitud, por el apoyo tácito que la Santa Sede

daba siempre a la propaganda alemana. AI referirse a la memorable

carta de Pío XI a su secretario de estado, el cardenal Gaspari, el 26 de

junio de 1923, quedaron convencidos de que Roma aprobaba la política

que ellos seguían, y, por supuesto, Roma no trató de contradecirlos.

¿No había apoyado hábilmente el nuncio Pacelli a los nacionalistas

alemanes, y fomentado la población 'oprimida' de la Alta Silesia? ¿No

había aprobado la iglesia las conspiraciones autonomistas de Alsacia,

Eupen, Malmedy y Silesia, y no siempre en forma discreta? Por tanto,

los flamencos fácilmente podían ocultar sus acciones contra la unidad

de Bélgica tras las directivas romanas,.."54

En 1942, el papa Pío XII le pidió a su nunciatura en Berlín que

trasmitiera sus condolencias a París por la muerte del cardenal

Baudrillart; así mostró que, para él, era un hecho la anexión del norte


51-53. León Degrelle, op. cit., pp, 213,216ss., 219ss.

54. Gastón Gaillard, "La fin d'un temps" (París: Ed. Albeit, 1933), II, p. 141.


Preparativos Para la Segunda Guerra Mundial 147


de Francia por parte de Alemania. Confirmó una vez más el "apoyo

tácito" que la Santa Sede, y él en particular, dieron siempre a la

expansión alemana.

Ahora sólo podemos sonreír burlonamente al ver a los jesuítas de Su

Santidad criticando algo tan obvio, y rechazando toda complicidad con

la quinta columna que ellos mismos organizaron, en especial con

Degrelle. Éste, encerrado en su refugio por saber demasiado, recordaba

los famosos versos de Ovidio: "Mientras seas feliz, tendrás muchos

amigos. Cuando aparezcan las nubes, solo estarás)".55

Las siguientes declaraciones del jesuíta Fessard nos hacen sonreír:

"En 1916 y 1917 esperamos impacientemente los refuerzos de

Estados Unidos. En 1939 vimos con tristeza que, aun después de

declararse la guerra, muchos estadounidenses tenían un concepto

favorable de Hitler, en especial los católicos. En 1941 y 1942, nos

preguntábamos otra vez si Estados Unidos intervendría o no".56

Al parecer, el Santo Padre observó "con tristeza" los resultados que

sus hermanos jesuítas habían logrado en los Estados Unidos. La razón

era que —y este es un hecho histórico— el Frente Cristiano, un

movimiento católico que se oponía a la intervención norteamericana,

era dirigido por el jesuíta Coughlin, conocido por su apoyo a Hitler.

"A esta organización religiosa no le faltaba nada y, desde Berlín, recibía

abundante material de propaganda preparado por la oficina de Goebbel.

"A través de su publicación 'Justicia Social' y programas radiales, el

padre Coughlin —apóstol de la esvástica— alcanzaba a un vasto

público. También supervisaba 'células de comando* secretas en los

principales centros urbanos, dirigidos conforme a los métodos de los

hijos de Loyola y capacitados por agentes nazis".57

Un documento secreto del juicio de Wilhelmstrasse aclara el

siguiente punto: "Al estudiar la evolución del antisemitismo en los

Estados Unidos, notamos que el número de oyentes de los programas

radiales del padre Coughlin, conocido por su antisemitismo, supera los

20 millones".»


55. Doñee eris felix,mu]tos numembis amicos. Témpora si fuerint nubila, solus eris.

56. R.P. Fessard S.J., "Libre meditation sur un message de Pie XII" (París: Plon,

1957), p. 202.

57. Edmond París, "The Vatican against Europe" (Londres: P.T.S., 1959), p. 141.

58. Archivos secretos del Wilhelmstrasse, documento 83-26 19/1 (Berlín, 25 de

enero de 1939).


148 La Historia Secreta de los Jesuítas


/.Debemos recordar las acciones del jesuíta Walsh, agente del papa,

decano de la facultad de ciencias .políticas en la Universidad de

Georgetown. criadero político de la diplomacia estadounidense. ,Y,

celoso propagandista de la política alemana?.

En aquel tiempo, el general de la Sociedad de Jesús era, casualmente,

Halke von Ledochowski, ex general del ejército austríaco. Sucedió al

prusiano Wernz en 1915.

¿Acaso el R.P. Fessard olvidó también lo que "La Croix" escribió

durante la guerra, diciendo en especial: "Nada se ganará con la

intervención de tropas del otro lado del canal y del Atlántico"?59

¿No recuerda él eí siguiente telegrama de Su Santidad Pío XII: "El papa

envía su bendición a 'La Croix', la voz del pensamiento pontifical"?60

Ante tanto olvido, ¿debemos concluir que los miembros de la Sociedad

de Jesús tienen mala memoria? Sin embargo, ni de sus enemigos recibieron

este tipo de censura. Notemos que el Ri* Fessard sólo en 1957 expresó sus

temores patrióticos respecto a los años 1941-1942. Sus "meditaciones

libres" durante 15 años tuvieron cierto resultado, volviendo a leer un

pasaje de los "Ejercicios Espirituales". Éste dice que "si la iglesia

declara que lo que ve negro es blanco, el jesuita debe estar dispuesto a

concordar con ella, aunque sus sentidos le indiquen lo contrario".61

En ese aspecto, el R.P. Fessard parece haber sido un jesuita excelente.

El 7 de marzo de 1936, Hitler llevó al ejército conocido como

Wehrmacht a la región desmilitarizada del Rin, violando así el pacto de

Locarno. El 11 de marzo de 1938 se llevó a cabo la unión de Austria y

Alemania, y, por medio del Reich en Munich, el 29 de septiembre del

mismo año Francia e Inglaterra impusieron la anexión de Sudetenland

en Checoeslovaquia.

El Fuhrer había subido al poder gracias a los votos del Centro Católico

sólo cinco años antes, pero la mayoría de los objetivos revelados

cínicamente en "Mein Kampf' (Mi lucha) ya se habían realizado. Este

libro, un desafío insolente alas democracias occidentales, fue escrito por

el jesuita Staempfle y firmado por Hitler. Aunque muchos lo ignoran, la

Sociedad de Jesús fue la que perfeccionó el famoso programa

pangermanista que se presentó en esa obra, y el Fuhrer lo apoyó.


59. "La Croix", 10 de agosto de 1943,

60. Ibid., 28 de enero de 1942.

6Í."... siquid quod oculis nostris appareí álbum, nigrum illaesse defínierit

debemus itidem quod nigrum sit pronuntiare". "Instítutum Societatis Jesús"

(edición romana de 1869), II, p. 417.


Parte V

149

Capítulo 3

La Agresión Alemana y los Jesuitas: Austria,

Polonia, Checoslovaquia y Yugoslavia


Veamos cómo se preparó la unión o "Anschluss":


Primero, gracias a la sincronía "providencial", cuando Mussolini

tomó el poder en Italia con ayuda de Don Sturzo —jesuíta y líder del

partido católico—, el monseñor jesuita Seipcl llegó a ser canciller de

Austria. Ocupó ese cargo hasta 1929, con una interrupción de dos años,

conduciendo la política interna de Austria por un camino reaccionario y

clerical. Al ser imitado por sus sucesores, el país fue absorbido por el

bloque alemán. Debido a su represión sangrienta en los levantamientos

de la clase obrera, se ganó el apodo de "Keine Mude Kardinal" o

"Cardenal Inmisericorde".

"En los primeros días de mayo de 1936, Von Papen inició

negociaciones secretas con el canciller austríaco Schussnigg.

Aprovechando el punto débil de éste, le mostró lo ventajoso que la

reconciliación con Hitler resultaría para el Vaticano. El argumento

quizá parezca extraño, pero Schussnigg era muy devoto y Von Papen

era el chambelán del papa".62

Así, el chambelán privado dirigió la operación que, el 11 de marzo de

1938, terminó con la renuncia del devoto Schussnigg (discípulo de los

jesuitas), siendo sustituido por Seyss-Inquart, líder de los nazis

austríacos. El siguiente día, después de la llegada de las tropas

alemanas, el gobierno títere de Seyss-Inquart proclamó que Austria se

unía al Reich. El arzobispo de Viena. el cardenal jesuita Innitzer.

recibió con entusiasmo ese acontecimiento.

"El 15 de marzo la prensa alemana publicó esta declaración del

cardenal Innitzer: 'Los sacerdotes y feligreses deben apoyar sin titubear

al gran estado alemán y al Fuhrer. cuya lucha para establecer el poder,

honor y prosperidad de Alemania armonizan con los deseos de la

Providencia'.


62. G.E.R.Gedye,"Suícidedel'Autriche" (Para: Union latine d'editions, 1940),p. 188.


150 La Historia Secreta de ios Jesuitas


"Los periódicos imprimieron una copia de la declaración para disipar

toda duda sobre su autenticidad. En Viena y otras ciudades austríacas,

también pusieron copias en las paredes. Sobre su firma, el cardenal

Innitzer había escrito con su puño y letra: 'UndHeil Hitler'.

"Tres días después, el episcopado austríaco dirigió una carta pastora)

a sus diocesanos. Esa carta, publicada por los diarios italianos,el 28 de

.marzo, era una adhesión directa al régimen nazi, ensalzando,

grandemente sus virtudes".63

El cardenal Innitzer, máximo representante de la Iglesia Romana en

Austria, escribió en su declaración: "Invito a los líderes de organizaciones

juvenilew que se preparen para unirse a la organización del Reich

alemán".S4

Por tanto, el cardenal y arzobispo de Viena, seguido por su

episcopado, no sólo se unió a Hitler sino que le entregó a la juventud

"cristiana" para que la capacitara con los métodos nazis. Estos métodos

habían sido "condenados oficialmente" en la "terrible" encíclica "Mit

brenuender Sorgc".

El "Mercurio de Francia" con justa razón comentó: "Estos obispos no

hicieron solos una decisión que afecta a la iglesia en su totalidad; la

Santa Sede les dio instrucciones que ellos simplemente obedecieron" .65_

Era obvio. ;Quc otras "instrucciones" podían esperarse de la Santa,

Sede quCqpLiso en el poder a.MussolmLJJ.i.tler v Franca, v que en

Bélgica creó el 'Christus-Rex' de León Degrelle?

"Por tanto, se comprende por qué autores ingleses como K A. Ridley,

Secker y Warburg objetaban la política de Pío XI, que favoreció a los

movimientos fascistas en todo lugar".66

Respecto a la unión (Anschluss), Charles-Roux explica por que la

iglesia la apoyaba: "Ocho millones de católicos austríacos, unidos a los

católicos del Reich, harían que el cuerpo de católicos alemanes hiciera

sentir su importancia".67

Polonia estaba en la misma situación que Austria cuando Hitler, tras

invadirla, anexó parte de ella en el nombre de la madre patria. A la


63, FrancoÍsCharles-Roux,op.cit.,pp. 118,122.

64, Ernest Pezet, ex vicepresidente de la Comisión de Asuntos Extranjeros,

"L'Autriche et la paix" (París: Ed. Self, 1945), p. 149.

65, Austria y Hitler, "Mercure de Frange", 1 de mayo de 1938, p. 720.

66, J. Tchernoff, "Les Demagogies conlre les democracies"

(París: R. Pichón y Durand-Auzias, 1947), p. 80.

67, Charles-Roux, op. cit., p. 114.


La Agresión Alemana y los Jesuítas: Austria, Polonia... 151


Santa Sede tenía que agradarle la idea de tener unos millones más de

católicos para reforzar al contingente alemán bajo el dominio romano, a

pesar de su amor por el "querido pueblo polaco". En realidad, no

protestó por el cruel reagrupamiento de los católicos en Europa central

según el plan de Halke von Ledechowski, genera! de los jesuítas.

Los turiferarios con licencia del Vaticano les recuerdan a sus lectores

que en la encíclica "Summi Ponlificatus", Pío XII "protestó" contra la

agresión. Pero ese documento absurdo —como todos los de su clase—,

de no menos de 45 páginas, sólo contiene una frase al final en relación

a Polonia y la dominación de Hitler. Y. esa breve mención es un

consejo al pueblo polaco para que rece mucho a la virgen Mana. Hay

un marcado contraste entre las pocas y trilladas palabras de

condolencia, y las páginas de elogio dedicadas a la Italia fascista y a la

exaltación del Tratado Laterano. Este tratado fue firmado por la Santa

ftede v Mussottni. colaborador de Hitler que, en el tiempo cuando el,

papa escribía su encíclica, dio un mensaje vergonzoso desafiando al

mundo, comenzando con estas palabras: "¡Liquidata la Polonia,!"

Pero, ¿qué riesgos se corren al usar esas palabras sin sentido al

predicar a los convertidos? ¿Y cuántos querrían examinar tales

referencias?

No obstante, al estudiar el comportamiento del Vaticano a! respecto,-

¿qué vemos? En primer lugar, el nuncio en Varsovia, monseñor Cortesi,

insta al gobierno polaco a cederle todo a Hitler: Dantzig, el corredor,

los territorios donde viven las minorías alemanas.68 Luego, el Santo

Padre ayuda al agresor cuando intenta que París y Londres ratifiquen la

separación de una parte extensa de su "amada Polonia",6?

Para los que se sorprenden por esa conducta hacia un país católico,

mencionaremos un precedente famoso: después de la primera división

de Polonia en 1772 —una catástrofe en la que las intrigas de los

jesuítas tuvieron parte importante—, el papa Clemente XIV, al

escribirle a la emperatriz María Teresa de Austria, expresó su

satisfacción diciendo:

"La invasión y división de Polonia no se llevaron a cabo sólo por

razones políticas; fue por el bien de la religión y porque, para el

provecho espiritual de la iglesia, era necesario que la corte de Viena

extendiera su dominio sobre Polonia tanto como fuera posible".


68. Véase "Journal" (1933-1939), Count Szembeck {París: Plon, 1952), pp. 499.

69. Véase Camille Cianfana, op. cit,, pp. 259-260.


152 La Historia Secreta de los Jesuítas


Obviamente no hay nada nuevo bajo el sol, sobre todo en el Vaticano.

En 1939 no fue necesario cambiar ni una palabra en esa cínica

declaración, aparte del "provecho espiritual de ía iglesia", que consistía

entonces de varios millones de católicos polacos que se unieron al Gran

Reich.

Esto explica fácilmente la parsimonia de las condolencias papales en

"Summi Ponlificalus".

En Checoslovaquia, el Vaticano hiserTrnTTáBajó^aün mejor: a Hitler le

proveyó uno de sus prelados, un chambelán privado que sería la cabeza

de ese estado satélite del Rcich. — ——-— '

El "Anschluss" había causado gran conmoción en Europa. Desde

entonces, la amenaza hitleriana se cernía sobre Checoslovaquia y se

hablaba de una posible guerra. Pero, en el Vaticano a nadie parecía

preocuparle. Veamos io que relata Charles-Roux:

"A mediados de agosto yo había intentado persuadir al papa para que

hablara en favor de la paz —una paz justa, por supuesto... Mis primeros

intentos fueron infructuosos. Pero desde principios de septiembre de

1938, cuando la crisis internacional alcanzó su peor nivel, en el

Vaticano empecé a recibir impresiones tranquilizadoras que, en forma

misteriosa, diferían con la situación que empeoraba rápidamente".70

"Todos mis intentos —agrega el ex embajador francés— recibían la

misma respuesta de Pío XII: 'Sería inútil, innecesario e inoportuno*. No

podía comprender su obstinación en permanecer callado".7!

Los acontecimientos pronto explicarían su silencio. En primer lugar,

el Reich, con el apoyo del Partido Social Cristiano, anexó el

Sudetenland; el acuerdo de Munich ratificó la anexión y

Checoslovaquia se dividió. Pero Hitler, que había decidido respetar la

integridad territorial, en realidad deseaba anexar los países checos

independientes de Eslovaquia, y reinar sobre ellos mediante la persona

que él nombrara.

Era fácil para él lograr este objetivo, ya que la mayoría de los líderes

políticos eslovacos eran eclesiásticos católicos, según afirma Walter

Hagen.72 Entre éstos, el jesuíta Hlinka tenía a su disposición una

"guardia" entrenada bajo los principios nazis S.A. de los grupos de

asalto.


70. Charles-Roux, op. cit., pp. 127-128.

71. Ibíd.

72. Cf. Walter Hagen, "Le Front Secret" (París: Les lies d'Or, 1950).


La Agresión Alemana y los Jesuítas: Austria, Polonia... 153


, Sabemos que, según la ley canónica, ningún sacerdote puede aceptar

un cargo público o poder político sin consentimiento de la Santa Sede.

El jesuita De Soras lo confirma y explica: "¿Cómo podía ser de otra

manera? Ya lo dijimos: un sacerdote, por el 'carácter' que le confiere la

ordenación, por las funciones oficiales que ejerce en la iglesia y por la

sotana que usa, está obligado a actuar como católico, al menos cuando

se trata de un acto público. Donde está el sacerdote^ está la iglesia".7? _

Por tanto, en el parlamento checoslovaco había miembros del clero

con el consentimiento del Vaticano. Además, uno de esos sacerdotes

tuvo que recibir aprobación de la Santa Sede cuando el Fuhrer lo

invistió como cabeza del estado, y luego le confirió las más altas

distinciones hitlerianas: la Cruz de Hierro y la condecoración águila

Negra.

Como se esperaba, el 15 de marzo de 1939 Hitler anexó el resto de

Bohemia y Moravia, y puso "bajo su protección" a Eslovaquia, la

república que había creado con un trazo de su pluma. A la cabeza puso

al monseñor jesuíta Tiso, "que soñaba con combinar el catolicismo corr

el nazismo". Esta noble ambición se realizó fácilmente, puesto que los

episcopados alemanes y austnacos ya lo habían hccho._EJLrnooseñoii

Tiso proclamó: "El catolicismo y el na/.ismo tienen mucho en común;

trabajan lado a lado para reformar al mundo" J^\

Esa debió ser también la opinión del Vaticano, porque a pesar de la

"terrible" encíclica "Mit Brennender Sorge", no discutió para aprobar al

sacerdote dictatorial.

"En junio de 1940, Radio Vaticano anunció: 'La declaración de

monseñor Tiso, jefe del estado eslovaco, proclamando su intención de

formar a Eslovaquia de acuerdo a un plan cristiano, tiene la total

aprobación de la Santa Sede".75

"El régimen de Tiso en Eslovaquia afectó especialmente a la Iglesia

Protestante. de ese país, que constituía la quinta parte de la población.

Monseñor Tiso trató de reducir al mínimo la influencia protestante, y

aun eliminarla... Los miembros influyentes de la Iglesia Protestante

fueron enviados a campos de concentración".76

Éstos podían considerarse afortunados al considerar la declaración de

Weirvz. general prusiano de los iesuitas n?06-1915Y "La iglesia puede


73. R.P. de Soras, op. cit., p. 96.

74-75, Henriette Feuillet, "France Nouvelle", 25 de junio de 1949.

76. "Reforme", 17 de agosto de 1947.


154 La Historia Secreta de los Jesuítas


condenar a los herejes a la muerte, porque los derechos que tienen se

deben só)o a nuestra tolerancia". v

Veamos cuál fue la bondad apostólica que el prelado dictatorial Tiso

mostró a los judíos: "En 1941, el primer contingente de judíos de

Eslovaquia y del norte de Silesia llegó a Auschwitz; desde el principio,

los que no podían trabajar eran enviados a la cámara de gas, en un

cuarto del edificio donde estaban los hornos crematorios".77

¿Quién escribió esto? Un testigo que no podría ser refutado, Lord

Russcll, de Liverpool, abogado judicial que estuvo en los juicios de los

criminales de guerra.

Por tanto, la Santa Sede no le "prestó" uno de sus prelados a Hitler en

vano. El jefe de estado jesuíta estaba realizando un buen trabajo, y por

eso Radio Vaticano expresó su satisfacción. Ser el primero en proveer

prisioneros a Auschwitz constituía una gran gloria para este hombre

santo y para toda la Compañía de Jesús.

En realidad, ese triunfo fue total. Al realizarse la Liberación, los

estadounidenses entregaron al prelado a Checoslovaquia. Allí, en 1946,

lo condenaron a la pena capital y fue ejecutado en la horca, ¡la gloria

para un mártir!

"Todo lo que hacemos contra los judíos, se debe al amor por nuestra

nación. El amor a nuestro prójimo y a nuestro país se ha convertido en

una lucha fructífera contra los enemigos del nazismo",78

En un país vecino, otro alto dignatario de la Iglesia Romana podría

haberse apropiado de esta declaración de monseñor Tiso. Porque, si !os

fundamentos de la "Ciudad de Dios" eslovaca eran el odio y la

persecución, según la inquebrantable tradición de la iglesia, ¡qué podría

decirse del estado eminentemente católico de Croacia, producto de la

colaboración entre el asesino Pavelic y monseñor Stepinac, con la

ayuda del legado pontifical Marcone!

Retrocediendo a ía conquista del Nuevo Mundo, tendríamos que unir

los actos de los aventureros de Cortés y de los monjes, igualmente

violentos al procurar la conversión de los nativos. Esos hechos podrían

compararse a las atrocidades que cometieron los ustashis, a quienes los

clérigos fanáticos apoyaban, impulsaban y daban órdenes. Lo que estos

"asesinos en el nombre de Dios" —nombre muy apropiado que les dio


77. Lord Russcll de Liverpool, "'Sous le signe de la croix gammes"

(Genova: L'Ami du livre, 1955), p. 217.

78.Feuillet,ihid.


La Agresión Alemana y los Jesuítas: Austria, Polonia... 155


Herve Lauriere— hicieron, por más de cuatro años, sobrepasa nuestra

imaginación. Aunque los anales de la Iglesia de Roma contienen gran

cantidad de material al respecto, no pueden proporcionar el equivalente

de lo que ocurrió en Europa. ¿Es necesario agregar que el gran amigo

de Ante Pavelic, un hombre sediento de sangre, era el monseñor

Stepinac, otro jesuita?

El pueblo francés supo de la organización terrorista de Croacia, los

ustashis dirigidos por Pavelic, debido al asesinato en Marsella del rey

Alejandro I de Yugoslavia y nuestro ministro de Asuntos Extranjeros,

Louis Barthou, en 1934. "Puesto que el gobierno de Mussolini

obviamente estaba involucrado en el crimen",79 el gobierno francés

demandó la extradición de Pavelic, que se había refugiado en Italia. Por

supuesto, el Duce no aceptó; la corte de Assize en Aix-cn-Provence le

impuso la sentencia de muerte al líder de los ustashis estando él

ausente.

Este líder de terroristas, contratado por Mussolini, "trabajó" para

lograr lá expansión de Italia en la costa del Adriático. En 1941, cuando

Hitler y Mussolini invadieron Yugoslavia y la dividieron, colocaron a

este supuesto patriota croata como gobernante del estado satélite que

crearon con el nombre de "Estado Independiente de Croacia". E! 18 de

mayo de ese año, en Roma, Pavelic le dio la corona de ese estado al

duque de Spoleto, que adoptó el nombre de Tomislav II. Éste nunca

pisó el territorio de su reino falso y manchado de sangre.

"Ese mismo día. Pío XII concedió una audiencia privada a Pavelic y

sus 'amigos'; uno de ellos era el monseñor Salis-Seis, vicario general

del monseñor Stepinac.

"La Santa Sede no temía dar la mano a un criminal comprobado y

sentenciado a muerte, en ausencia, por ía muerte del rey Alejandro I y

Louis Barthou, ¡un líder terrorista que tenía en su conciencia los

crímenes más horrendos! De hecho, el 18 de mayo de 1941, cuando Pío

XII recibió a Pavelic y a su banda de criminales, la masacre de croatas

ortodoxos estaba en su apogeo, a la vez que lograban conversiones

forzadas al catolicismo".793

El sector de la población que perseguían era la minoría serbia, como

explica el autor Walter Hagen: "Gracias a los ustashis, el país pronto se


19. Charles-Roux, op. cit,, p. 132

79a. Cf. Herve Lauriere, "Assassins in the Ñame of God"

(París: Ed. Dufour, 1951), pp. 4()ss).


156 La Historia Secreta de los Jesuítas


transformó en un caos sangriento... El odio mortal de los nuevos amos

estaba dirigido hacia los judíos y serbios, considerados oficialmente

como criminales.,. Pueblos y aun regiones eran totalmente asolados en

forma sistemática,.. Puesto que la antigua tradición quería que Croacia

y la fe católica, y Serbia y la Iglesia Ortodoxa fueran sinónimos, a los

creyentes ortodoxos se les obligaba a unirse a la Iglesia Católica. Con

esas conversiones forzadas se completó la 'croatización'".80

El Ministro del Interior Andrija Artukovic fue el principal

organizador de las masacres y conversiones forzadas. Sin embargo, según

un testigo que ocupaba un alto cargo, él se defendía "moralmeníe".

Cuando el gobierno yugoslavo solicitó su extradición de los Estados

Unidos, donde se había refugiado, alguien habló en su favor: e( jesuita

Lackovic, que también residía en los Estados Unidos y era secretario

del monseñor Stepinac, arzobispo de Zagreb durante la última guerra.

"Artukovic —declara el jesuita— era el vocero laico del monseñor

Stepinac. Entre 1941 y 1945, no pasó ni un día sin que él viniera a mi

oficina o sin que yo fuera a la suya. Él pedía consejo del arzobispo

respecto a todas sus acciones, en lo concerniente al aspecto moral".81

Al conocer cuáles eran las "acciones" de este verdugo, nos damos

cuenta de la clase de consejo "moral" que le daba monseñor Stepinac.

Las masacres y "conversiones" continuaron hasta que se realizó la

Liberación, y la buena voluntad del Santo Padre hacia los asesinos

jamás cambió.

Sería interesante leer, en los diarios católicos de Croacia de aquel

tiempo, el intercambio de halagos entre Pío XII y Pavelic, el

"Poglavnik" a quien monseñor Saris, arzobispo jesuíta de Sarajevo y

poeta en su tiempo libre, dedicó versos impregnados de gozosa

adoración.

Pero, eran sólo una muestra de cortesía: "Monseñor Stepinac llegó a

ser miembro del parlamento ustashi.82 Usaba las decoraciones de los

ustashis, asistía a las manifestaciones ustashis oficiales en las que

incluso daba discursos... ¿Cómo puede sorprendernos, entonces, que el

estado satélite de Croacia tratara al monseñor Stepinac con tanto

respeto, o que la prensa ustashi lo alabara? Es obvio que sin el apoyo


80. Walter Hagcn, op. cit., pp. 168,176,198-199.

81."MirrorNews", Los ángeles, 24 de enero de 1958.

82. Con otros eclesiásticos católicos, tales como monseñor Aksamovic, los jesuítas

Irgolis, Lonacir, Pavunic, Mikán, Polic, Severovic, Sipic, Skrinjar, Vuceti.


La Agresión Alemana y los Jesuítas: Austria, Polonia... 157


del monseñor Stepinac en lo religioso y político, Ante Pavelic jamás

hubiera recibido ese grado de colaboración de los croatas católicos".83

Para comprender el alcance total de esa colaboración, tenemos que

leer la prensa católica croata: "Katolicki Tjednik", "Katolick List",

"Hrvatski Narod" y muchas otras publicaciones que parecían competir

en su afán por adular al sangriento "Poglavnik". Pío XII, complacido de

que fuera "católico practicante", trataba bien aun a sus cómplices.

El "Osservatore Romano" informa que el 22 de julio de 1941, el papa

recibió a 100 miembros de la Policía de Seguridad Croata, dirigida por

Eugen Kvatcrník-Dido, jefe de la policía de Zagreb. Este grupo de la

S.S. croata, principales verdugos y torturadores en los campos de

concentración, fueron presentados al Santo Padre por el autor de

crímenes tan monstruosos que, su propia madre, dominada por la

desesperación, se suicidó.

La buena voluntad de Su Santidad Pío XII se explica fácilmente

mediante el celo apostólico de estos asesinos. En agosto de 1941, Mi le

Budak, otro "católico practicante" y Ministro de Culto, dijo en

Karlovac: "El movimiento ustashi está basado en la religión. Todo

nuestro trabajo se fundamenta en nuestra lealtad a la religión y a la *

Iglesia Católica".84

El 22 de julio, en Gospic, el mismo Ministro de Culto definió muy

bien el trabajo; "Mataremos a algunos serbios, deportaremos a otros y *

obligaremos al resto a aceptar la religión católica romana" &5

Este programa perfecto se realizó al pie de la letra. Cuando la

Liberación puso fin a esa tragedia, 300,000 serbios y judíos habían sido

deportados, y más de 500,000 habían sido masacrados. Además, usando

este medio la Iglesia Romana había forzado a 240,000 creyentes

ortodoxos a unirse a ella... Éstos, al recuperar la libertad, retornaron a la

religión de sus ancestros.

Pero, para lograr esos terribles resultados, ¡qué horrores sufrió el

infortunado país! La obra de Herve Lauriere, "Assasins in the Ñame of

God" (Asesinos en el nombre de Dios), describe las horrendas torturas

que los ustashis —católicos practicantes— infligían a sus pobres

víctimas.

El periodista inglés J. A. Voigt escribió: "La política croata consistía


83. "Le Monde", 27 de mayo de 1953.

84. Cf. Herve Lauriere, "Assassins in the Ñame of God",p. 97.

85. "L'Ordre de París", 8 de febrero de 1947.


158 La Historia Secreta de los Jesuítas


en masacres, deportaciones o conversiones. Cientos de miles de

personas fueron asesinadas, acompañando esas masacres con las

torturas más crueles. Los ustashis arrancaban los ojos a sus víctimas;

luego, con ellos hacían guirnaldas para usarlas o regalarlas como

recuerdo".86

"En Croacia los jesuítas implantaron el clericalismo político".87

Este es siempre el regalo que la famosa Compañía da a las naciones

que la reciben. El mismo autor agrega: "Con la muerte del tribuno

croata Radie, Croacia perdió a su principal oponente al clericalismo

político, el cual adoptó la misión de la acción católica definida por

Friedrich Muckermann. En 1928, este jesuíta alemán conocido antes

que llegara Hitler, en un libro —cuyo prólogo fue escrito por el

monseñor Pacelli— anunció lo que sucedería. Muckermann afirmó: "El

papa apela en favor de la nueva cruzada de la Acción Católica. El es el

guía que lleva el estándar del reino de Cristo... La Acción Católica

significa la unión del catolicismo mundial. Debe vivir su edad heroica....

La nueva época puede ser lograda por Cristo únicamente mediante el

precio de sangre".88

Diez años después, el que escribió el prólogo del libro de

Muckermann estaba sentado en el trono de San Pedro, Durante su

pontificado, "la sangre por Cristo" literalmente corrió en Europa, pero

.Croacia sufrió los hechos más atroces de esa "nueva época".

Algunos sacerdotes no sólo abogaban desde el pulpito en favor de las

matanzas, sino que marchaban al frente de los asesinos. Otros, además

del ministerio sagrado, ocupaban cargos como prefectos o jefes de la

policía ustashi, y aun como jefes de campos de concentración, donde

los horrores cometidos no fueron superados ni por los de Dachau o

Auschwitz.

A la sangrienta lista de honor debemos añadir al abad Bozidar Bralo,

el sacerdote Dragutin Kamber, el jesuíta Lackovic y el abad lván Salic,

secretarios del monseñor Stepinac, el sacerdote Nicolás Bilogrivic y

numerosos franciscanos. De éstos, uno de los peores fue el fraile

Miroslav Filipovic, organizador de las masacres, y jefe y verdugo en el

campo de concentración de Jasenovac, el más maligno de esos infiernos

terrenales.

Filipovic sufrió el mismo fin que el monseñor Tiso en Eslovaquia.


86. "Nineteenth Century and After", agosto de 1943.

87-88. Herve Lamiere, op. cit., pp. 82, 84-85.


La Agresión Alemana y los Jesuítas: Austria, Polonia,.. 159


Cuando llegó la Liberación, lo colgaron en la horca vistiendo la sotana.

Muchos de sus rivales, sin ansias de recibir la gloria como mártires,

huyeron a Austria con los asesinos a los que habían ayudado.

¿Qué hizo la "jerarquía" ante la sed de sangre de muchos de sus

subordinados?

La "jerarquía" —el obispado y su líder, monseñor Stepinac— votó en

el parlamento ustashi en favor de decretos sobre la conversión de los

ortodoxos al catolicismo, envió "misioneros" a los aterrorizados

campesinos, convirtió a pueblos enteros a la fuerza,89 confiscó

propiedades de la Iglesia Ortodoxa serbia y, siguiendo el ejemplo del

papa Pío XII, sin cesar alabó y bendijo al Poglavnik.

En Zagreb, el representante personal de Pío XII era un monje

eminente, el R.P. Marcone. Este "Sancti Sedis Legatus" ocupaba el

lugar de honor en las ceremonias del régimen ustashi; además, se tomó

fotografías con Pavelíc —jefe de los asesinos— y su familia en la casa

de ellos, donde ío recibían como amigo, "Dime con quién andas, y te

diré quién eres".

Por tanto, siempre reinó la más sincera cordialidad entre los asesinos

y los clérigos. Por supuesto, muchos de éstos ocupaban ambos cargos y

nunca se les condenó por ello. "El fin justifica los medios".

Cuando Pavelic y sus 4,000 ustashis —incluyendo al arzobispo

jesuíta Saric, al obispo Garic y 400 clérigos— abandonaron la escena

de sus hazañas, huyendo a Austria y luego a Italia, dejaron parte de sus

"tesoros": películas, fotografías, mensajes grabados de Pavelic, cofres

llenos de joyas, monedas de oro, platino y oro de dentaduras, brazaletes

y aros de matrimonio. Este botín, tomado de las pobres víctimas que

fueron asesinadas, estaba oculto en el palacio arzobispal, donde

posteriormente fue hallado.

Los fugitivos, por su parte, aprovecharon los servicios de la

Comisión Pontifical de Asistencia, creada para salvar a criminales de

guerra. Esta institución de caridad los ocultaba en conventos,

principalmente en Austria e Italia; además, proporcionaba pasaportes

falsos a los jefes para que huyeran a naciones "amistosas", donde

pudieran disfrutar en paz del fruto de sus robos. Esto hicieron en favor

89. En la diócesis del monseñor Stepinac, Kamensko, 400 volvieron al

catolicismo romano en un día. El 12 de junio de 1942, Radio Vaticano anunció

estas conversiones masivas, declarando que habían ocurrido "en forma

espontánea y sin presión alguna de parte de autoridades civiles y eclesiásticas".

160 La Historia Secreta de los Jesuítas

de Ante Pavelic, cuya presencia en Argentina se descubrió en 195,7.

cuando fue herido en un atentado contra su vida.

Tras ese incidente, el régimen dictatorial en Buenos Aires colapso. Al

igual que el ex presidente Perón, su protegido tuvo que salir de,

Argentina.¡Pasando primero por Paraguay, se dirigió a España, donde '

falleció el 28 de diciembre de 1959 en el hospital alemán de Madrid.

En esa ocasión, la prensa francesa recordó la carrera sangrienta de

Pavelic y —de modo más discreto— a los "cómplices poderosos" que

lo ayudaron a escapar del castigo.

Bajo el título "Belgrado demandó su extradición en vano", en "Le

Monde" leemos: "La escasa información publicada por la prensa esta

mañana, revivió, en el pueblo yugoslavo, recuerdos de un pasado lleno

de sufrimiento; y amargura contra aquellos que al esconder a Ante

Pavelic por casi 15 años, obstruyeron el curso de la justicia".90

"Paris-Presse" menciona el último refugio que se le brindó al

terrorista, usando esta frase breve pero significativa: "Terminó en un

monasterio franciscano de Madrid".91

De allí, Pavelic fue llevado a un hospital donde pagó su deuda a la

naturaleza, pero no a la justicia, menospreciado por sus "cómplices

poderosos" a quienes es fácil identificar.

Monseñor Stepinac, que, según declaró, tenía la "conciencia limpia",

permaneció en Zagreb, donde se le juzgó en 1946. Tras ser condenado a

trabajo forzado, en realidad sólo se le obligó a residir en su pueblo

natal. El castigo era fácil de cumplir, como se puede ver, pero la iglesia

necesita mártires. Pío XII incluyó al arzobispo de Zagreb como

miembro de su corte sagrada, confiriéndole el título de cardenal en

reconocimiento por "su apostolado, que muestra la más pura nobleza".

Conocemos va el significado simbólico de la púrpura cardenalicia:

quien la recibe debe estar dispuesto a confesar su fe "u.sque ad

.sanguinis effusipn.gm". es decir, hasta derramar sangig. No se puede

negar que en Croacia hubo abundante derramamiento de sangre durante

el apostolado de este religioso, pero no fue la de él, sino la de judíos y

creyentes ortodoxos, pebe verse allí una "inversión de méritos".

En ese caso, no se puede cuestionar el derecho del monseñor

Stepinac al cardenalato. En la diócesis de Gornji Karlovac, que forma

parte de su arzobispado, de los 460 mil ortodoxos que vivían allí, 50


90. "Le Monde", 31 de diciembre de 1959.

91. "Paris-Presse", 31 de diciembre de 1959.

[


La Agresión Alemana y los Jesuítas: Austria, Polonia... 161


mil lograron esconderse en las montañas; 50 mil fueron enviados a

Serbia; 40 mil fueron forzados a convertirse al catolicismo bajo el

régimen de terror, y 280 mil fueron masacrados".92

En "Catholic France", del 19 de diciembre de 1958, leemos: "Para exaltar

la grandeza y el heroísmo de Su Eminencia cardenal Stepinac, el 21 de

diciembre de 1958, a las 4:00 p.m., se llevará a cabo una gran reunión en

la cripta de Sainte Odile, 2, Avenida Stephane Mallarme, París 17. La

presidirá Su Eminencia cardenal Feltin, arzobispo de París. Tomarán parte el

senador Ernest Pezet y el R.P. Dragoun, rector nacional de la Misión Croata

de Francia. Su Excelencia monseñor Rupp celebrará la misa y comunión".

De esta manera el cardenal Stepinac, un personaje nuevo e

.importante, enriqueció la galería de los Grandes Jesuítas.

Otro objetivo de la reunión del 21 de diciembre de 1958 en la cripta

de Sainte Odile, fue el "lanzamiento" de un libro en defensa del

arzobispo de Zagreb, escrito por el R.P. Dragoun. Monseñor Rupp,

coadjutor del cardenal Feltin, escribió el prólogo. No podemos ofrecer

aquí un análisis completo, pero diremos lo siguiente:

El libro, titulado "El Expediente del Cardenal Stepinac", parecía

prometer al lector una exposición objetiva del juicio en Zagreb. En

realidad, esta obra de 285 páginas contiene discursos completos de los

dos consejeros del arzobispo, acompañados por extensas declaraciones

del autor. No se mencionan, ni siquiera brevemente, los cargos ni el

discurso del fiscal.

El RP. Dragoun parecía ignorar el proverbio francés: "Qui n'entend

qu'une cloche n'entend qu'un son" (hay dos lados en toda historia). ¡A

menos que él la conociera muy bien!

En todo caso, la forma sistemática de ignorar et otro lado de la

historia bastaría para cerrar el debate.

Sin embargo, veamos las razones que dieron para retirarle los cargos

al arzobispo de Zagreb. Pero, consideremos antes esta pregunta: ¿Era el

monseñor Stepinac el metropolitano de Croacia y Eslovenia? E! libro

del R.P. Dragoun no nos da la respuesta. En la página 142 de esa obra,

leemos lo siguiente respecto a la copia de un informe del monseñor

Stepinac, cuya autenticidad cuestionó el abogado defensor:

"En el texto de la copia se describe al arzobispo como 'Metropolita

Croatíae et Slavoniae', pero el arzobispo no es metropolitano y nunca

se presentó como tal".


92. Cf. Jean Hussard, "Vu en Yougoslavie" (Lausanne, 1947), p. 216.


162 La Historia Secreta de los Jesuítas


Eso aclararía el asunto si en la página 114 no aparecieran estas

declaraciones de Stepinac ante el tribunal:

"La Santa Sede a menudo recalcó que las naciones pequeñas y las

minorías nacionales tienen el derecho de ser libres. ¿No debería yo,

como 'arzobispo y metropolitano', tener el derecho de discutirlo?"

Mientras más leemos, ¡menos entendemos!

Pero, no tiene importancia. Como se nos recuerda una y otra vez,

monseñor Stepinac no podía influir en el comportamiento de su redil y

su clero.

Para quienes mencionan los artículos de la prensa católica, alabando

los logros de Pavelic y de sus asesinos contratados, la respuesta es:

"Simplemente es absurdo responsabilizar al monseñor Stepinac por lo,

que escribió un periódico".

¡Aunque ese periódico fuera el "Katolicki List", la publicación

católica más importante de Zagreb, diócesis del monseñor Stepinac!

Por tanto, ni siquiera nos molestaremos en mencionar el "Andjeo

Cuvar" (ángel de la guarda) de los franciscanos; "Glasnik Sv. Ante"

(La voz de San Antonio) de los conventuales; "Katolicki Tjednik" (El

semanario católico) de Sarajevo, del obispo Saric; ni "Vjesnik Pocasne

Straze Srca Isusova" (Publicación de la guardia de honor del Corazón

de Jesús) de los jesuítas.

Se afirma, pues, que monseñor Stepinac —"metropolitano en

disputa"— no influyó en esas publicaciones de las cuales era

presidente, y que constantemente competían entre sí para adular a

Pavelic y su régimen sangriento.

Tampoco tenía autoridad —dicen ellos— sobre obispos ustashis

como Saric, Garic, Aksamovic, Simrak, etC;, que abundaban en

alabanzas al Poglavnik y aplaudían sus crímenes, ni sobre los Cruzados

de la Acción Católica —ayudantes de los ustashis que forzaban las

conversiones—, ni sobre los asesinos franciscanos, ni sobre las monjas

de Zagreb que marchaban con la mano alzada, haciendo el saludo a

Hitler.

¿Qué jerarquía tan extraña, sin autoridad alguna sobre nada ni nadie,!

Aunque el arzobispo se sentaba con 10 sacerdotes católicos en el

parlamento ustashi, eso no lo comprometía; o eso debemos suponer ya

que se pasa por alto ese dato.

Tampoco debemos censurarlo por presidir conferencias obispales o el

comité para aplicar el decreto acerca de la conversión de ortodoxos. En

su apología explica hábilmente el pretexto "humanitario" por el que


La Agresión Alemana y los Jesuítas: Austria, Polonia... 163


muchas personas entraron a la Iglesia Católica a la fuerza. Respecto a

ese "terrible dilema" que enfrentó el monseñor Stepinac, leemos: "Su

deber pastoral era mantener intactos los principios canónicos; pero, por

otro lado, los disidentes que rehusaban aceptar el catolicismo eran

masacrados; por tanto, él aminoró la severidad de las reglas".

Quedamos aún más desconcertados al seguir leyendo: "Él trató de

resolver este dramático dilema en la circular del 2 de marzo de 1942, en

la que ordenó a los sacerdotes que examinaran bien ios motivos para la

conversión".

Realmente este es un método extraño de "aminorar la severidad de

las reglas" y resolver el "dramático duerna".

¿Estaba eí monseñor Stepinac abriendo o cerrando las puertas de la

Iglesia de Roma a los falsos convertidos? Es imposible saberlo si sólo

se consideran estos argumentos de la defensa. Sin embargo, los

abogados del arzobispo parecen indicar que las estaba "cerrando" al

declarar: "Los casos de re-bautismos eran escasos en el territorio de la

archidiócesis de Zagreb" 92a

Lamentablemente, como dijimos, las estadísticas dicen lo contrario:

"Tan solo en 5a diócesis de Gornji Karlovac, que forma parte del

arzobispado de Zagreb, 40 mil personas fueron bautizadas otra vez".

Es evidente que esos resultados sólo pueden obtenerse en

conversiones masivas de pueblos enteros, tales como Kamensko, en la

misma archidiócesis del monseñor Stepinac, donde 400 ovejas perdidas

volvieron al redil romano en un día, "en forma espontánea y sin presión

alguna de las autoridades civiles y eclesiásticas".

Entonces, ¿por qué ocultan esas cifras? Si se debían a los

"sentimientos caritativos" del clero católico de Croacia —no a la cínica

explotación de terror—, debían enorgullecerse. La verdad es que, el

velo con que tratan de ocultar esas infamias, es transparente v no lo

suficientemente ancho. Para encubrir a Stepinac, hay que poner a otros

al descubierto: los obispos Saric, Garic y Simrak; los sacerdotes

Bilogrivic, Kamber, Bralo y sus asociados, los franciscanos y jesuítas, y

finalmente la Santa Sede.

Quizá debamos permitir que este extraño arzobispo disfrute de su

"conciencia limpia"; este primado de Croacia, supuestamente

despojado de toda autoridad, que se atribuyó el título de


92a. R.P. Dragoun, "The Dossier of Cardinal Stepinac"

(París: Nouvelles Editions Latines, 1958), pp. 46,163.

164 La Historia Secreta de los Jesuítas


"metropolitano" aunque no lo era, y que, para colmo, estaba abriendo

puertas cuando las estaba cerrando. Pero, a su lado había otro prelado

firme y corpulento, el R,P, Marcone. representante personal de Pío XII»,

¿Estaba este "Sancti Sedis legatus" despojado también de autoridad

sobre el clero croata? ¡Nadie lo sabe! El expediente, tan hábilmente

expurgado, no menciona a esta gran persona. En verdad, podríamos

ignorar por completo su existencia si no contáramos con otra

información, como fotografías que lo muestran oficiando en la catedral

de Zagreb, sentado entre los líderes ustashis y, sobre todo, comiendo

con la familia de Pavelic, el católico "practicante" que organizó las

masacres.

Al ser confrontados por ese documento, no nos sorprende que

encubrieran al representante del papa. ¡Los místicos lo llamarían

"oscuridad iluminadora"! Pero, las siguientes líneas del expediente

revelan aún más:

"El procurador mismo, en su acta de acusación, menciona aj

secretario de estadtj de la Santa Sede, cardenal Maglione. que en 1942

había aconsejado al arzobispo Stepinac que entablara relaciones más

..cordiales y sinc.eras c.on, las autoridades ustashis"92b

Bastan esas palabras para poner fin a todo subterfugio.

La confabulación entre el Vaticano y los asesinos ustashis se ve

claramente. La Santa Sede instó al monseñor Stepinac a colaborar con

aquellos, y el representante personal de Pío XII, al sentarse a la mesa de

Pavelic, estaba poniendo en práctica la orden pontifical: entablar

relaciones sinceras y cordiales con los asesinos de judíos y creyentes

ortodoxos.

¡Nonos sorprende!

Pero, ¿qué opinan los jesuítas, quienes insisten que la cooperación

constante de los prelados de Su Santidad con los dictadores era una

"opción" totalmente personal, no dictada por el Vaticano?

Cuando el cardenal Maglione envió las recomendaciones antes

mencionadas al arzobispo de Zagreb, ¿estaba expresando su "opción

personal" con el sello de su cargo como secretario de estado?

La prueba —antes mencionada— de la confabulación entre la Santa

Sede y los ustashis, provista por Dragoun. pone fin a este capítulo. |B

Pero, veamos otra prueba de los sentimientos vehementes que se


92b.Ibid.,p.32.


La Agresión Alemana y los Jesuitas: Austria, Polonia... 165


propagaban, y aún se propagan, entre los seguidores de la Iglesia

Católica Croata hacia los serbios ortodoxos.

La Federación de Obreros Crnatas de Francia envió una invitación a

la solemne reunión a celebrarse el domingo, 19 de abril de 1959, en el

centro de la Confederación Oeneral de Obreros Cristiano^ en París,

para celebrar el décimo octavo aniversario de la fundación del estado

ustashi croata.

La invitación decía: "La ceremonia se iniciará con una santa misa en

lajglesia de Nuestra Señora, de Lon^o", Sin embflrgo, después de esas ,

palabras piadosas, el lector quedaba desconcertado al leer esta

exhortación directa: "¡M1IRRAN TOS SFRBTO.S ¡"93 _^

| _Por tanto, el documento —de considerable importancia— expresaba/

pesar de que no se hubiera matado a un número mayor de estos/

"hermanos en Cristo". ¡

El libro del R.P. Dragoun, rector de la Misión Croata en Francia, da a

entender que la recepción de los católicos franceses a los refugiados

croatas no fue muy cálida. En las páginas 59, 60, 280 y 281, el autor

menciona la "decepción dolorosa" de los refugiados cuando "sus

hermanos en la fe no mostraron comprensión al recibirlos".

Al considerar tal documento, es fácil entender esa falta de

comprensión. Nos complace que nuestros compatriotas, a pesar de esas

invitaciones grandiosas, no simpatizaron con esa piedad en la que el

llamado a matar iba de la mano con la "santa misa", según la tradición

romana y ustashi. Nos habría alegrado aún más si no hubieran

permitido imprimir y distribuir en París esos tratados violentos.

El 10 de febrero de 1960, el infame arzobispo de Zagreb, Alois

Stepinac, falleció en su pueblo natal,"XárTóvice, donde se le había

ordenado residir. Su muerte le dio al Vaticano la oportunidad dg,

organizar una de esas manifestaciones espectaculares por las que es

conocido.

Puesto que muchos católicos no sabían del "caso" Stepinac, la Santa

Sede se esforzó para darle toda la pompa posible a esa apoteosis. El

"Osservatore Romano" y toda la prensa católica dedicaron muchas

columnas para alabar al "mártir" y su "testamento espiritual", y para

presentar los discursos de Su Santidad Juan XXIII, proclamando "su

respeto y afecto sobrenatural". Estas razones —aunque el cardenal no

era parte de la Curia— motivaron al papa a rendirle los honores de un


93. Cf. "Le Monde", 19 de abril de 1959.


166 La Historia Secreta de los Jesuítas


servicio solemne en San Pedro, Roma, donde le concedió también la

absolución general.]para completar la glorificación, la prensa anunció

que pronto se iniciaría el proceso de beatificación de esa persona

ilustre, f' ~~

Vale reconocer que merecía toda esa alabanza y aun la aureola por su _

,. "santa obediencia": él cumplió al pie de la letra la orden de la Santa

,. Sede respecto a las "relaciones sinceras y cordiales" aue debía haber

£oir.e.él.y los us.tas.hia

. No obstante, esperamos que, aun entre los católicos, algunos

disciernan que tras la exaltación de este futuro santo. V su entierro bajo

flores con los recuerdos sangrientos de,.su "apostolado", se encuentra fel

L deseo del Vaticano de encubrir su propio crimen. ¿-


167


Parte V

Capítulo 4

El Movimiento Jesuíta en Francia Antes de

la Guerra de 1939-1945 y Durante Ella


Como vimos, la Acción Católica, con León Degrelle y sus asociados

a la cabeza, prepararon el camino para Hitler en la Bélgica del

"Christus Rex". En Francia se realizó el mismo trabajo oculto. Empezó

cuando Mussolini subió al poder y concluyó en 1940, con el colapso de

la defensa nacional. En Bélgica, se dijo que los "valores espirituales"

debían ser restaurados por el bien del país. Por tanto, se formó la

Federación Católica Nacional (FCN) bajo la presidencia del General

Castelnau, y unos tres millones de seguidores se unieron a ella. La

elección del líder se hizo astutamente. El general, de 78 años de edad,

era un militar de gran prestigio personal. Por supuesto, él desconocía el

intenso programa de propaganda clerical fascista.

Es obvio que la FCN y la Acción Católica en general eran jesuítas.

Pero, sabemos también que a los Padres, cuyo mayor pecado es el

orgullo, les agrada poner su firma en todas sus creaciones. Y, eso

hicieron en la FCN al consagrar a este ejército católico al Sagrado

Corazón de Jesús, una adoración establecida por la Compañía. Fue,

desde su basílica, ubicada en la colina de Montmartre, de donde Ignacio

de Loyola v sus compañeros partieron para conquistar el mundo.

Un libro sobre la FCN, cuyo prólogo escribió el R.P. Janvier, ha

preservado para la posteridad el acto de consagración que el antiguo

general leyó "en el altar". Citaremos sólo algunas frases:

agrado Corazón de Jesús: Los líderes y representantes de ios

católicos franceses, postrados ahora ante ti, han reunido y organizado la

Federación Católica Nacional para restablecer tu reino en esta tierra...

Todos nosotros, los presentes y los ausentes, no siempre hemos sido

irreprensibles... Llevamos la carga de los crímenes que la nación

francesa cometió contra ti... Es, pues, con el objetivo de reparar y

expiar, que hoy presentamos ante ti nuestros deseos y propósitos, y la

resolución unánime de restablecer en toda Francia tu soberanía sagrada

y real, y liberar las almas de sus hijos de una enseñanza sacrilega... No

retrocederemos ante esta lucha para la cual te has dignado armarnos.


168 La Historia Secreta de los Jesuítas


Deseamos dirigir y dedicar todo a tu servicio...

"Sagrado Corazón de Jesús: Te imploramos, por medio de la virgen

María, que recibas el homenaje..."94

El mismo autor católico enumera los "crímenes de ía nación

francesa":

Palabras y directrices fatídicas: el socialismo es condenado... el

liberalismo es condenado... León XIII mostró que la libertad de cuito es

injustificable. El papa también mostró que no se puede otorgar

justificadamente la libertad de palabra y expresión... Por tanto, no se

puede conceder la libertad de pensamiento, prensa, enseñanza y culto

que algunos consideran como derechos naturales del ser humano...

"Debemos —dijo Pío XI— restablecer estas enseñanzas y regías de

la iglesia".

Ese era el principal objetivo de la FCN bajo el control de la jerarquía,

garantizado por la descentralización de los comités diocesanos.

"En la Acción Católica, como en la guerra, la famosa palabra del

General Castelnau es aún legítima: 'Adelante'".95

Estaba claro y explícito. Uno sabía qué esperar al leer las palabras de

Pío XI: "La Acción Católica es el apostolado de los fíeles..." (carta al

cardenal Van Roey, 15 de agosto de 1929).

Realmente era un apostolado extraño, pues consistía en rechazar

todas las libertades que las naciones civilizadas valoraban, y en ser los

patronos del evangelio totalitario. ¿Es este "el derecho de comunicar a

otras mentes los tesoros de la redención"? (Pío XI, "Non abbiamo

bisogno").

En Bélgica, León Degrelle y sus amigos —héroes de la Acción

Católica— difundieron estos "tesoros de la redención"... revisados y

actualizados por el jesuíta Staempfle, el discreto autor de "Mein

Kampf".

Lo mismo sucedió en Francia, donde apóstoles laicos, "uniéndose a

la actividad del apostolado jerárquico" (Pío XI, "Dixit"), se dedicaron a

organizar otra "colaboración". Leamos lo que escribió al respecto Fxanz

von Pacen, chambelánprivadodel papa v mano derecha del Fuhrer:

"Nuestra primera reunión se celebró en 1927, cuando una delegación

alemana —a la que tuve el honor de pertenecer— llegó a París para la

'Semana Social del Instituto Católico' bajo la presidencia del monseñor


94-95. Georges Viance, "La Federation nationale catholique"; prólogo escrito

por el RÍ.Janvier (París: Rammarion, 1930), pp. 186-188,78.


El Movimiento Jesuíta en Francia Antes de la Guerra... 169


Baudrillart. Ese primer contacto fue fructífero, marcando el inicio de un

prolongado intercambio de visitas entre personajes importantes de

Francia y Alemania.

"De parte de Francia, en esas conferencias estuvieron los jesuítas

Delattre, de la Briere y Denset".96

Más adelante, el apóstol agrega que por momentos "esta conferencia

de católicos alcanzó niveles sobrehumanos de grandeza".

Esa "grandeza" llegó a su apogeo el 14 de junio de 1940, el día en

que la bandera adornada con la esvástica flameó victoriosamente sobre

París. Sabemos que Goebbels, jefe de la propaganda hitleriana, señaló

esa fecha tres meses antes, el 14 de marzo, y que la ofensiva alemana

empezó el 10 de mayo.

La precisión del anuncio no es tan asombroso como pudiera parecer.

"Este es el informe secreto del agente 654 J.56 que trabaja para el

Servicio Secreto alemán, quien envió estos datos a Himmler: 'París, 5

de julio de 1939. Puedo declarar que en Francia, la situación está ahora

en nuestras manos. Todo está listo para el día J y todos nuestros agentes

están en sus puestos. Dentro de unas semanas, la fuerza policial y el;

sistema militar caerán como un juego de naipes".

"Muchos documentos secretos relatan que los traidores habían sido

escogidos mucho tiempo antes. Hombres como Luchaire, Bucard, Deat,

Doriot... y Abel Bonnard (de la Academia Francesa)".97

(Éste huyó a España durante la Liberación. El 1 de julio de 1958

volvió a Francia y se entregó a las autoridades, pero el presidente del

Tribunal Supremo de Justicia de inmediato lo dejó en libertad en forma

temporal).

El libro de Andre Guerber —una obra muy bien documentada—

detalla los pagos que el S.R, alemán dio a esos traidores. Estos en

verdad se ganaron ese dinero porque realizaron un trabajo muy eficaz.

Además, el ambiente se había preparado por mucho tiempo. A fin de

"regenerar" la tierra, como deseaba la Acción Católica, habían

producido toda una generación de dictadores aprendices bajo el modelo

de León Degrelle; hombres como Deat, Bucard y Doriot que —según

Guerber— era eí "agente 56 BK del Servicio Secreto alemán". De este

grupo heterogéneo, él era también el más apreciado por el arzobispado


96. Franz von Papen, "Memoires" (París: Rammarion, 1953), p. 91.

97. Andre Guerber, "Himmler et ses crimes" (París: Les Documents

NuitetJour, 1946),p. 101.

1

170 La Historia Secreta de los Jesuítas


quienes los apoyaban... y por supuesto, por Hitler, que después le

otorgó poder total en Sigmaringen.

Doriot era la gran estrella. Pero, para el futuro inmediato, y para

manejar cautelosamente la transición —tras la derrota prevista y

deseada—, se necesitaba a otro hombre: un líder militar respetado, que

pudiera encubrir el desastre y presentarlo como la "recuperación

nacional".

/ En 1936 el canónigo Coube escribió: "El Señor que levantó a

Carlomagno y a los héroes de las Cruzadas, aún puede levantar

salvadores... Entre nosotros debe haber hombres que El ha marcado con

Su sello y que serán revelados cuando llegue su tiempo... Entre

nosotros debe haber clérigos que trabajarán en las grandes

restauraciones nacionales. Pero, ¿qué necesitan para cumplir esta

misión? Cualidades naturales como inteligencia y carácter; también

cualidades sobrenaturales, es decir, la obediencia a Dios y a Su Ley es

indispensable, porque esta labor política es, ante todo, moral y

religiosa. Estos salvadores son hombres con corazones generosos que

^trabajan sólo para la gloria de Dios".98

Cuando el discípulo de Loyola expuso estas ideas políticas y

religiosas, sabía quién sería ese "salvador" piadoso. Como dice

Francois Temand, su nombre no era un secreto entre los clérigos y

fascistas.

"Se inició una campaña astuta y persistente en favor de 'la dictadura,

de Petain:.

"En 1935, Gustavo Hcrve publicó un folleto que examinaremos... Se

titula 'Necesitamos a Petain'... El prólogo es una apología entusiasta de

la 'recuperación italiana' y i a aún más asombrosa recuperación de

Alemania', que exalta a los maravillosos líderes que las realizaron. ¿Y

qué de la gente de Francia?... Hay un hombre a quien podríamos

apoyar... Nosotros también tenemos a un hombre providencial,.. ¿Desea

saber su nombre? Petain".

'"Necesitamos a Peíain' porque la patria está en una situación peligrosa; ¡

y no sólo la patria, sino el catolicismo: 'La civilización cristiana está ]

condenada a morir si no se establece un régimen dictatorial en todos los

países'..f

"Escuchen: En tiempo de paz, un régimen sólo puede ser derrocado


98. Canónigo Coube, "Sainte Therese de l'Enfant Jesús et les crises du temps

present" (París: Flammarion, 1936),pp. 165ss. Imprimatur: 11 de enero de 1936.


El Movimiento Jesuíta en Francia Antes de la Guerra... 171


con golpe de estado si existe la disposición, o si no tiene el apoyo del

ejército y la administración. La operación sólo puede resultar mediante

la guerra y, en especial, la derrota".99

Por tanto, el camino a seguir se indicó claramente en 1935. Para

"recristianizar" a Francia, debían derrocar al régimen. Y el mejor

método para lograrlo era sufrir una derrota militar que colocara al pa(s

bajo el yugo alemán.. En 1943, Pierre Laval —ennde del papa y

presidente del gobierno de Vichv— lo confirmó diciendo:

"Espero que Alemania obtenga la victoria. Quizá suene extraño que

el derrotado desee el triunfo del vencedor. Es porque esta guerra no es

como las previas. ¡Esta es en verdad una guerra religiosa! Sí. una

guerra religiosa".10u

Esto era lo que deseaba la iglesia, aunque no le agrade al olvidadizo

jesuíta Fessard —antes mencionado—, que no desea saber lo que el

padre Coughlit). su compañero loyolista, dijo en los Estados Unidos a

los 20 millones de radioescuchas del programa "Christian Front"

(Frente cristiano): "La guerra alemana es una batalla por el

cristianismo".101

Pero, por ese tiempo, durante la ocupación en Francia, el cardenal

Baudrillart —rector del Instituto Católico de París— hizo una

declaración similar:

"La guerra de Hitler es una empresa noble, llevada a cabo para

defender a la cultura europea".102

Así, en ambos lados del Atlántico v en todo el mundo, las voces de

los clérigos alababan al nazismo victorioso^

En Francia, el cardenal Suhard, arzobispo de París, dio el ejemplo a

todo el obispado mediante su "colaboración" total; lo mismo hizo el

nuncio jesuíta, monseñor Valerio Valeri.

Después de la Liberación, el gobierno solicitó al Vaticano que retirara

por lo menos a 30 obispos y arzobispos que estaban profundamente

comprometidos. Al final aceptaron retirar a tres de ellos.

"Francia se ha olvidado...", escribió Maurice Nadeau. "La Croix', el

vocero más peligroso al servicio de la colaboración, ocupa su lugar


99. Francois Tenand,"L'Ascensión politiquedu Marechal Petain"

(París: Ed. du livre francais, 1946), pp. 40ss,

100, Radio Nacional, 2 de enero de 1943,

101.7 de julio de 1941.

102. 30 de julio de 1941.


172 La Historia Secreta de los Jesuitas.


entre las publicaciones de la Francia liberada; los prelados que instaban

a la juventud francesa a trabajar por la victoria de Alemania, aún no

han sido juzgados".'03

El 13 de diciembre de 1957 "Arlaban" publicó lo siguiente:

"En 1944, el periódico 'La Croix' fue juzgado en ]a corte de París

por ayudar al enemigo, pero el juez Raoult lo absolvió. El caso se

discutió en la Cámara el 13 de marzo de 1946 (J. O. Debates

Parlamentarios, pp. 713-714), y se supo que el Ministro de Justicia

Menthon, deseoso de exonerar a la prensa francesa, había hablado en

favor de 'La Croix"'.

"La voz del pensamiento pontifical" —como la llamó Pío XII al

e.nviarlp; su bendición en 1942— fue la única eximida de las medidas de

represión aplicadas a los diarios durante la ocupación. Sin embargo.

'Arlaban' nos recuerda:

'"La Croix' recibía órdenes del teniente alemán Sahm y. en Vichv. de

PierreLaval",

Por supuesto, el "pensamiento pontifical" y las órdenes hitlerianas

coincidían. Esto se comprueba al estudiar ¡as ediciones del periódico

publicadas durante la guerra.

Una de las atribuciones de los jesuitas, entre las más importantes, era

supervisar a la prensa católica. En los diversos escritos, adaptados a las

necesidades de sus lectores, presentaban los distintos matices del

"pensamiento pontifical" que, bajo sus variados aspectos, cumplía

siempre sus propósitos. No existía una sola revista o diario "cristiano"

que no recibiera la colaboración de jesuitas discretos. #

Estos Padres, que son "de todo para todos los hombres", son los

mejores si se trata de actuar como camaleones. Sabemos que eso es lo

que hicieron, Pero, después de la Liberación, era sorprendente ver por

doquier a Padres que "habían pertenecido a la resistencia" (¡se unieron

a ella después que los otros!), y testificaban que la iglesia NUNCA,

NUNCA había participado en la "colaboración",

Los artículos de 'La Croix' y otros diarios católicos, las órdenes

obispales, las cartas pastorales, los comunicados oficiales de la

Asamblea de Cardenales y Arzobispos, y las exhortaciones del cardenal

Baudrillart a los jóvenes franceses —para que vistieran el uniforme

nazi y sirvieran en el L.VP. tras jurar lealtad a Hitler— quedaron en el


103. Prólogo de "L'Eglise a-t-elle collabore?" por lean Cotereau

(París: Spartacus, mayo de 1946).


El Movimiento Jesuíta en Francia Antes de la Guerra... 173


olvido, se eliminaron y evaporaron. ¡Todo quedó en el pasado y se olvidó!

"La historia es una novela", dijo un pensador decepcionado. La

nuestra cumplirá esa definición; la novela se está escribiendo

ante nuestros ojos. Muchos "historiadores" —clérigos y laicos

bienintencionados— están contribuyendo en ella, y podemos estar

seguros de que el resultado será edificante: una novela católica, por

supuesto. La contribución de los jesuitas es extensa, como dignos,

herederos del padre Loriquet. cuya "Historia de Francia" pintó un

cuadro tan fantasioso de Napoleón.

Comparándolo con este trabajo tan hábil, sólo fue necesario camuflar

la colaboración entre los clérigos y el ocupador alemán desde 1940

hasta 1944, y hacer que desapareciera. Esto continúa hoy. A lo largo de

los años se han escrito muchos artículos en diarios, revistas y libros

patrocinados por el Imprimatur, alabando a super patriotas que fueron

juzgados erróneamente, como Suhard, Baudrillart, Duthoit, Auvity, Du

Bois de Villerabel, Mayol de Luppe y otros. Cuántas páginas se han

usado para exaltar la actitud —tan heroica— del obispado durante la

guerra, cuando Francia enfrentó "una situación que llevó a los obispos

franceses a convertirse en 'defensores de la ciudad'", como escribió

alguien en forma irónica.104

"¡Calumnien y calumnien otra vez! Seguramente algo debe quedar",

aconsejó Basilio, un jesuíta perfecto. "Encubran y encubran otra vez",

dicen sus sucesores, grandes escritores de las "novelas históricas", v

Y el encubrimiento continúa de manera extensa. '

Las futuras generaciones, sumergidas bajo un torrente de exageraciones,

pensarán con gratitud —al menos, esperamos que lo hagan— en estos

"defensores" de la ciudad, héroes de la Iglesia Romana y la patria,

"vestidos con el lino blanco de la honestidad inocente" gracias al

trabajo de sus defensores. ¡Algunos de ellos incluso fueron canonizados!,

El 25 de agosto de 1944. el cardenal jesuita Suhard. arzobispo de

.París (desde el 11 de mayo de 1940) y líder de tos colaboradores

clericales, sin perturbarse decidió celebrar el Te Deum de la victoria en

Notre Dame. Sólo "la firme protesta del capellán general de las FFI"

nos libraron de esa farsa.

En el "France-Dimanche" del 26 de diciembre de 1948, leemos: "Su

eminencia, cardenal Suhard, arzobispo de París, en el aniversario de su


104. R.P, Deroo, "L'Episcopat francais dans la meíee de son temps"

(París: BonnePresse, 1955),p. 103. Imprimatur: 1955. ,:


174 La Historia Secreta de los Jesuítas


ingreso al sacerdocio, recibió una carta firmada por Su Santidad Pío XII,

felicitándolo, entre otras cosas, por el papel que desempeño durante la

ocupación. Sabemos que, después de la Liberación, se criticó severamente

la conducta del cardenal durante el período de ocupación. Cuando el general

De Gaulle retornó a París en agosto de 1944, rehusó reunirse con el

cardenal durante el Te Deum en Notre Dame. En ese tiempo al prelado

se le acusó abiertamente por sus 'tendencias colaboracionistas'".

Por tanto, son comprensibles las congratulaciones del Santo Padre.

Pero, hay otra historia aún más edificante acerca del Te Deum;

Después que desembarcaron los aliados, ¡a ciudad de Rennes sufrió

mucho durante la lucha que siguió. El oficial que comandaba la guarnición

alemana se negó a evacuar a ios civiles y muchos fallecieron. Cuando

la ciudad fue tomada, se iba a celebrar el tradicional Te Deum, pero el

arzobispo y primado de Britania, monseñor Roques, rehusó oficiarlo y

tampoco permitió que se realizara en su catedral. Dar gracias a Dios por

la liberación de su ciudad era un escándalo intolerable para este

prelado. Por su actitud, las autoridades francesas lo confinaron a la

residencia arzobispal.

Tal lealtad al "pensamiento pontifical" le valió una recompensa. Poco

después recibió de Roma el sombrero de cardenal.

A Pío XII se le puede acusar de muchas faltas, pero debemos admitir

que siempre "reconoció a los suyos". Envió una carta halagadora al

cardenal Suhard, distinguido colaborador; y concedió la púrpura de

cardenal al monseñor Roques, héroe de la resistencia alemana. Este

"gran papa" practicaba una estricta justicia distributiva, ___

Por supuesto, estaba rodeado de personas que le daban sabios

consejos: dos jesuítas alemanes, Leiber y Hentrich, eran los "secretarios

privados y sus favoritos".10-1' Su confesor era el jesuíta alemán Bea. La

monja alemana Pascualma supervisaba los asuntos de su casa y, sobre

todo, cocinaba para él. Aun el canario, con su dulce nombre Dumpfaf,

había sido importado de la tierra más allá del Rin.

Después que Hitler invadió a Polonia, ¿no le dijo el Soberano Pontífice

a Ribbentrop que "siempre tendría un afecto especial por Alemania?"106


105. "La Croix", 10 de octubre de 1958.

106, En "Documentation catholique" del 15 de marzo de 1959, leemos: "Respecto

a la amada nación alemana, seguiremos el ejemplo que nos dio nuestro predecesor

(Pío XII)", firmado, Juan XXIII, El espíritu de continuidad es uno de los atributos

del Vaticano.


175

Parte V

Capítulo 5

La Gestapo v la Compañía de Jesús


Si Pío XI y Pío XII nunca dejaron de mostrar buena voluntad y

amistad hacia el Fuhrer —a quien habían llevado al poder—, debemos

reconocer que éste cumplió todas las condiciones del pacto que lo

ligaba al Vaticano. Puesto que había prometido "estrangular" a los

enemigos del clero, los envió a los campos de concentración como

había hecho con los liberales y los judíos. Y, sabemos cuál era el

destino que el líder del Tercer Rcich había elegido para los judíos:

simplemente los masacraba o, cuando le resultaba más ventajoso, los

obligaba a trabajar hasta que quedaban exhaustos y luego los liquidaba.

En este caso, sólo se retrasaba la "solución final".

Pero, veamos primero cómo Franco, líder "autorizado" y Caballero

de la Orden de Cristo, confirmó la confabulación entre el Vaticano y los

nazis. Según "Reforme", la prensa del dictador español (Franco)

publicó lo siguiente el 3 de mayo de 1945, el día en que Hitler murió:

"Adolfo Hitler, hijo de la Iglesia Católica, falleció mientras defendía

al cristianismo. Es, pues, comprensible que no se hallen palabras para

lamentar su muerte, cuando se hallaron tantas para exaltar su vida.

Sobre los restos mortales se yergue su victoriosa imagen moral. Con la

palma del mártir, Dios le da a Hitler los laureles de la victoria".107

Esta oración fúnebre en honor del líder nazi —y un desafío a los

aliados vencedores— la expresó la Santa Sede misma, encubierta bajo

el disfraz de la prensa de Franco. Fue un comunicado del Vaticano

proclamado vía Madrid.

Por supuesto, el héroe desaparecido merecía la gratitud de la Iglesia

Romana y ella no trataba de ocultarlo. El le había servido fielmente:

todos los que la iglesia señalaba como sus adversarios, experimentaban

las consecuencias. Y este buen "hijo" admitía prontamente lo que le

debía a su Santísima Madre, y en especial a los soldados de ésta en el


107. "Reforme", 21 de julio de 1945.


176 La Historia Secreta de los Jesuítas


mundo.


"aprendí mucho de la Orderi'cfe los Jesmta"Dijo Hitler. "Hasta ahora

; no ha existido en ía tierra nada más grandioso que la organización

jerárquica de la Iglesia Católica. Yo transferí a mi partido mucho de

esta organización... Les diré un secreto... Fundaré una Orden... En la

¡'fortaleza' de mi Orden, formaremos una juventud que hará temblar al

¡mundo... Hitler luego se detuvo, explicando que no podía decir

Walter Schellenberg, otro hitleriano importante y ex jefe del

contraespionaje alemán, completó esta confidencia del Fuhrer después

de la guerra:

"Himmler constituyó la organización de la S.S. [cuerpo de

protección] según los principios de la orden jesuita. Sus reglas, y los

Ejercicios Espirituales prescritos por Ignacio de Loyola, fueron el

modelo que Himmler trató de copiar exactamente... El "SS del

Reichsfuhrer" —título de Himmler como jefe supremo de la SS —

debía ser el equivalente del General de los jesuítas, y la estructura total

de la dirección era una imitación cercana del orden jerárquico de la

Iglesia Católica. Restauraron un castillo medieval cerca de Paderborn,

en Westfalia, y lo llamaron Webelsbourg. Este llegó a ser lo que podría

llamarse un monasterio de la SS" J09

Los mejores autores teológicos, por su parte, trataban de mostrar la

similitud entre las doctrinas católicas y nazis. Y los hijos de Loyola

eran los más dedicados a ese objetivo. Por ejemplo, el teólogo jesuita

Michaele Schmaus presentó al público una serie de estudios sobre el

tema:

f "Imperio e Iglesia" es una serie de escritos que debían ayudar a

formar el Tercer Reich, ya que unen un estado nacionalsocialista al

cristianismo católico,.. El movimiento nacionalsocialista es la protesta

más fuerte y masiva contra el espíritu de los siglos 19 y 20... Es

imposible lograr un compromiso entre la fe católica y el pensamiento

liberal... Nada es más opuesto al catolicismo que la democracia... El

significado renovado de "autoridad estricta" abre el camino otra vez a

la verdadera interpretación de la autoridad eclesiástica... La


108. Hermann Rauschning, ex líder nacionalsocialista del gobierno de Dantzig,

"Hitler m'a dit" (París: Ed. Cooperation, 1939), pp. 266-267,273ss.

109. Walter Schellenberg, "LeChef du contre-espionnage nazi vous parle"

(París; Julliard, 1957), pp. 23-24.


La Gestapo y la Compañía de Jesús 177


desconfianza en la libertad se basa en la doctrina católica del pecado

original... Lcis_mandamÍent.os nacionalsocialistas v los de la Iglesia

Católica tienen el mismo ohjetivp.. "110

Este objetivo era ía "nueva edad media" que Hitler le prometió a

Europa. Es obvia la similitud entre el apasionado antiliberalismo de

este jesuita de Munich, y eí fanatismo expresado durante el "acto de

consagración de la F.C.N. en la basílica de Montrnartre". Durante la

ocupación, el R.P. Merklen escribió: "En estos días, la libertad ya no

parece merecer aprecio alguno".5 • *

Podríamos citar miles de declaraciones similares. ¿No era ese odio a la

libertad —en todas sus formas— el carácter mismo del Amo romano?

Es fácil también comprender por qué armonizaban tan bien la "doctrinas"

católica y nazi. El jesuita Michaele Schmaus mostró hábilmente esa

armonía, y, diez años después de la guerra, "La Croix" lo llamó "el gran

teólogo de Munich".112 A nadie puede sorprenderle que Pío XII lo

hiciera "Príncipe de la iglesia".

Bajo tales circunstancias, ¿qué sucedió con la "terrible" encíclica

"Mit brennender Sorge" de Pío XI, que supuestamente condenó al

nazismo? Por supuesto, ningún casuista ha tratado de explicarlo.

El "gran teólogo" Schmaus tuvo muchos rivales, según explica un

autor alemán que señala el "Katolisch Konservatives Erbgut" como el

libro más extraño impreso por Publicaciones Católicas Alemanas:

"Esta antología, que reúne textos de los principales teóricos católicos

de Alemania, desde Gorres hasta Vogelsang, nos hace creer que el

nacionalsocialismo nació de ideas católicas".113

Al escribir esas palabras, el autor no sabía que lo estaba describiendo

perfectamente. Franz von Papen —otra persona bien informada, que

fue la causa principal del pacto entre la Santa Sede v Berlín, y

chambelán privado del papa— fue aún más explícito:

"El Tercer Reich es la primera potencia mundial que no sólo reconoce,


110. "Begegnungen zwichen Katholíschen Chrístentum und nazionalsozialitischer

Weltanchaunung", por Michaele Schmaus, profesor de

la Facultad de Teología de Munich (Aschcndorf, Munster, 1933).

111. "La Croix", 2 de septiembre de 1951.

112. Ibid., 2 de septiembre de 1954.

113. Gunter Buxbaum, "Les Catholiques en Europe céntrale" ("Mercure de

France", 15 de enero de 1939).

114. Robert d'Harcouri, Academia Francesa, "Franz von Papen, l'hoirune a tout

faire" (L'Atibe, 3 de octubre de 1946).


<

178 La Historia Secreta de los Jesuítas


sino que pone en práctica los elevados principios del papado",114

A esto agregaremos lo que resultó al "poner en práctica" esos

principios: 25 millones de víctimas en.campns dr t-nni-cnrraí-ián, la

cifra oficial publicada por la Organización de las Naciones Unidas,.

Aquí debemos añadir algo, especialmente para quienes no creen que

las masacres organizadas fueron uno de los "elevados principios" del

papado. Pov supuesto, tal incredulidad es alimentada por los que

afirman: "¡Esos hechos crueles pertenecen al pasado!"

Eso dicen algunos apóstoles a los simples, mientras se encogen de

hombros ante los no católicos, "para quienes aún arden las hogueras de

la Santa Inquisición".115

Pero, dejemos de lado los innumerables testimonios sobre la crueldad

clerical del pasado lejano, y consideremos el siglo 20.

Sin mencionar lo que hicieron hombres como Stepinac y Marcone en

Croacia, y Tiso en Eslovaquia, sólo examinaremos la ortodoxia de

algunos "elevados principios" que pusieron en práctica.

¿Han pasado de moda esos principios? ¿Han sido repudiados para

seguir una "doctrina mejor informada"? ¿Los ha rechazado

oficialmente la Santa Sede, junto con otros errores de un pasado

sombrío? Es fácil descubrirlo.

Veamos, por ejemplo, "Great Apologetics" (Gran apologética) del

abad Jean Vieujan, que no puede considerarse medieval porque data de

1937. ¿Qué leemos allí?

"Para aceptar el principio de la Inquisición sólo se necesita «na

mentalidad cristiana, y de esto carecen muchos cristianos... La iglesia

no tiene ese temor".116

No podríamos haberlo expresado mejor.

¿Se necesita otra prueba, no menos ortodoxa y moderna? Veamos lo

que declaró el R.P. Janvier, famoso orador de Notre Dame:

"En virtud de su poder indirecto sobre los asuntos temporales, ¿no

debería la iglesia tener el derecho de esperar que los estados católicos

opriman a los herejes, aun hasta la muerte, a fin de reprimirlos?

"Esta es mi respuesta:

"Yo abogo por esto, ¡aun hasta la muerte!... apoyados primeramente en

la práctica, luego en la enseñanza de la iglesia misma; y estoy convencido


115."Temoignage chretien", 6 de diciembre de 1957.

116. Abad Jean Vieujan, "Grande Apologetique" (París: Bloud et Gay, 1937), p. 1316.

117. Conferencia del 25 de marzo de 1912.


La Gestapo y la Compañía de Jesús 179


deque ningún católico diría lo contrario sin errar gravemente".117

No se puede acusar a este teólogo de hablar en acertijos. Su

declaración es clara y concisa. Es imposible decir más con menos

palabras. Todo está allí, respecto al derecho que se atribuye la iglesia

para exterminar a los que tienen creencias diferentes a las de ella: la

"enseñanza" que la compele, la "práctica" autenticada por la tradición,

e incluso el "Uaraado a los estados católicos", de lo cual la cvuzada

hitleriana fue un ejemplo perfecto.

Las siguientes palabras tampoco son ambiguas ni se pronunciaron en

la oscuridad de la Edad Media:

"La iglesia puede condenar a ios herejes a la muerte, porque los

derechos que tienen se deben sólo a nuestra tolerancia, y, al parecer,

esos derechos no son reales".

El autor de esas palabras fue el general de los jesuitas, Franz Wernz

(1906-1915). Siendo él alemán, su declaración adquiere aún más

importancia.

También en el siglo 20, el cardenal Lepicier> conocido príncipe de la

iglesia, escribió: "SÍ alguien confiesa públicamente que es hereje, o

trata de pervertir a otros con sus palabras o ejemplo, no sólo se le puede

excomulgar sino que con justicia se le puede ejecutar..."118 Nadie

puede negar que ese es un llamado a matar.

¿Deseamos conocer también la contribución del Soberano Pontífice?

El papa iesuita moderno León X11I, cuyo "liberalismo" fue criticado

por los clérigos intransigentes, dijo: "Sea anatema el que diga: el

Espíritu Santo no quiere que matemos a los herejes".

¿Qué autoridad superior a esta podría invocarse, aparte de la del

Espíritu Santo?

Aunque desagrade a los que manipulan la cortina de humo (los que

hacen las señales de humo cuando se elige a un papa) —apaciguadores

de conciencias preocupadas—, los "elevados principios" del papado no

han cambiado. Entre otras cosas, la exterminación a causa de la fe es

tan válida y canónica hoy como lo fue en el pasado. Esta conclusión es

muy "iluminadora" —término favorito de los místicos— al considerar

lo que ocurrió en Europa entre 1939 y 1945.

"Hitler, Goebbels, Himmler y la mayoría de los miembros de la 'vieja


118, "De stabilitate et progressu dogmatis", primera parte, art. VI 9 I (Roma:

Typographia editríx romana, 1909). Véase también Sol Ferrer y Francisco Ferrer,

"Un Martyr au Xxe siecle" (París: Fischbacher).


180 La Historia Secreta de los Jesuítas


guardia' del partido eran católicos", escribió Frederic Hoffet. "No

fue accidente que, por la religión de sus líderes, el gobierno

nacionalsocialista haya sido el más católico que ha tenido Alemania...

La afinidad entre el nacionalsocialismo y el catolicismo impresiona

más aún al estudiar los métodos de propaganda y la organización

interna del partido. Las obras de Joseph Goebbels son las que más

información nos dan al respecto. Él estudió en un colegio jesuíta y fue

seminarista, antes de dedicarse a la literatura y la política... En cada

página y cada línea de sus escritos recuerda la enseñanza de sus

maestros. Por tanto, recalca la obediencia... el desprecio de la verdad...

"¡Algunas mentiras son tan útiles como el pan!", proclamó debido al

relativismo moral que extrajo de los escritos de Ignacio de Loyola".1 '9

Hitler no le otorgó los laureles del jesuitismo a su jefe de propaganda;

sin embargo, respecto al jefe de la Gestapo comentó con sus amigos:

"Puedo ver a Himmler como a nuestro Ignacio de Loyola", 120

El Fuhrer debió tener buenas razones para decirlo. Primero, notamos

que Kurt Heínrich Himmler — Reichsfuhrer de la SS, la Gestapo y la

fuerza policial alemana— parecía estar más impregnado de

clericalismo que los otros miembros católicos del grupo de Hitler. Su

padre había sido director de una escuela católica en Munich, y luego,

tutor del príncipe Ruprecht de Baviera. Su hermano, monje

benedictino, vivía en el monasterio de María Laach, uno de los lugares

importantes del pangermanismo. Además, tenía un tío que ocupó el alto

cargo de canónigo en la corte de Baviera, el jesuita Himmler.

El autor alemán Walter Hagen proporciona esta información discreta:

"El general de los jesuítas, conde Halke von Ledochowski, estaba listo

para organizar —sobre la base común del anticomunismo— cierta

colaboración entre el Servicio Secreto alemán y la Orden Jesuíta".12!

Como resultado, se creó una organización dentro del Servicio de

Seguridad Centra] de la SS, y la mayoría de los cargos fueron ocupados

por sacerdotes católicos que vestían el uniforme negro de la SS. El

padre jesuita Himmler fue uno de los oficiales superiores.

Después de la capitulación del Tercer Rcich, el padre Himmler fue

arrestado y llevado a la prisión de Nuremberg. Su audiencia ante el


119, Frederic Hoffet, "L'Imperialisme protestant" (París: Flarnmarion, 1948),

pp. 172ss.

Í20. Adolfo Hitler, "Libres propos" (París: Flammarion, 1952),p. \(A.

121. Walter Hagen, op. cit.,p. 358.


La Gestapo y la Compañía de Jesús 181


tribunal internacional hubiera sido muy interesante, pero la "providencia"

estaba muy atenta: el tío de Hcinrich Himmler nunca compareció ante

esa corte. Una mañana LO HALLARON MUERTO EN SU CELDA, y

el público nunca supo la causa de su muerte.

No deshonraremos la memoria de este clérigo suponiendo que él se

quitó la vida, contra las reglas solemnes de la Iglesia Romana.

Su muerte, sin embargo, fue tan repentina y oportuna como la de otro

jesuita, el padre Staempfle, el autor no reconocido de "Mein Kampf

(Mi lucha). Fue una extraña coincidencia.

Pero, volvamos a Kurt Heinrich Himmler, jefe de la Gestapo, que,

como tal, tenía en sus manos las riendas del poder del régimen. ¿Fue

por sus méritos personales que obtuvo ese alto cargo? ¿Vio Hitler en él

un genio superior cuando lo comparó con el creador de la Orden

Jesuita? Realmente los que lo conocían no decían eso, ya que sólo

veían mediocridad en él.

¿Acaso esa estrella brillaba con resplandor ajeno? ¿Era Kurt Heinrich

Himmler, el jefe visible, quien reinaba sobre la Gestapo y los servicios

secretos? ¿Quién estaba deportando a millones de personas por motivos

políticos y enviando a los judíos a la muerte? ¿Era el sobrino o el tío,

ex canónigo de la corte de Baviera, uno de los favoritos de von

Ledochowski, padre jesuita y oficial superior de la SS?

Quizá parezca irresponsable, aun presuntuoso, echar una mirada

indiscreta tras el escenario de la historia. El drama se desarrolla en el

escenario, bajo el brillo combinado de candilejas y reflectores. Es lo

normal en todo espectáculo. Si alguien intentara mirar detrás de la

escenografía, dirían que quiere causar problemas y que carece de educación.

Sin embargo, los actores en quienes el público hechizado fija la

mirada salen de detrás del escenario. Esto es evidente al estudiar a estos

"monstruos sagrados", y comprobar que están lejos de ser como los

individuos que deben representar.

Ese parece ser el caso de Himmler. Y, ¿no podría decirse lo mismo de

Hitler, a quien ayudaba como su mano derecha?

Cuando vemos a Hitler gesticulando en las pantallas, o lo

escuchamos vociferando histéricamente sus discursos, ¿no parece un

autómata con resortes que requieren ajuste? Aun sus movimientos más

simples y calmados nos hacen pensar en una marioneta mecánica. ¿Y

qué podríamos decir de los ojos saltones e inexpresivos, la nariz

informe y esa fisonomía hinchada, cuya vulgaridad no podía

disimularse con aquel famoso mechón de pelo y el ridículo bigote, que


182 La Historia Secreta de los Jesuítas


parecía estar pegado bajo su nariz.

¿Era realmente un líder ese individuo que gruñía en las reuniones

públicas? ¿Era el "verdadero" amo de Alemania y un gobernante

"auténtico", cuyo genio cambiaría totalmente al mundo?

¿O era tan solo un mal sustituto? ¿Era acaso un fantasma bajo una

piel inflada para usarlo ante las masas, alguien que podía agitar al

populacho?

Él mismo lo admitió al declarar: "Soy sólo un clarín". Francois

Poncet, para entonces embajador de Francia en Berlín, confirmó que

Hitler trabajaba poco, no leía mucho y permitía a sus colaboradores

hacer lo que querían.

Sus ayudantes también parecían faltos de vida e irreales. El primero,

Rudolf Hess —que voló a Inglaterra en 1941— parecía una persona

extraña en su juicio en Nuremberg. Nunca se supo si estaba demente o

si era sólo excéntrico. El segundo, Goering, era grotesco, vanidoso y

obeso. Usaba los uniformes más espectaculares, como los de una ópera

cómica; era ladrón de pinturas famosas y, para colmo, estaba adicto a la

morfina.

Otros personajes importantes del partido eran semejantes a éstos.

Durante los juicios en Nuremberg, un periodista expresó su asombro al

informar que aparte de los defectos particulares de cada uno, esos

héroes nazis carecían de intelecto y de carácter, y que eran más o

menos insignificantes.

El único que sobresalía —no por su valía moral sino por su astuciaera

Franz von Papen, chambelán de Su Santidad, "el hombre que lo

hacía todo"... y que luego sería absuelto.

Si el Fuhrer parecía títere, ¿era su modelo mejor que él? Recordemos

las demostraciones ridiculas de aquel "César apropiado para un

carnaval", moviendo sus grandes ojos negros bajo el extraño sombrero,

decorado con borlas para cortina. Y, recordemos esas fotografías para

hacer propaganda, tomadas desde abajo, mostrando sólo su mandíbula

sobresaliente contra el trasí'ondo del cielo. Era el hombre maravilla, una

roca inamovible —¡símbolo de una voluntad para la cual no había

obstáculos!

jQué voluntad! Sin embargo, las confidencias de algunos de sus

compañeros nos muestran a un hombre indeciso. Este "hombre

formidable" que "invadiría todo" con fuerza elemental (como dijo el

cardenal Ratti, futuro Pío XI), no pudo rechazar lo que el cardenal

jesuíta Gasparri, secretario de estado, le propuso en nombre del Vaticano.


La Gestapo y la Compañía de Jesús 183


Unas cuantas reuniones secretas persuadieron al revolucionario a

alistarse bajo las normas del Santo Padre, para desarrollar la brillante

carrera que todos conocemos. El conocido ex ministro Cario Sforza

escribió:

"Algún día, cuando el tiempo haya atenuado la amargura y el odio, se

reconocerá —esperamos— que la orgía de crueldades sangrientas que

convirtieron a Italia en prisión por 20 años, y en ruinas durante la

guerra de 1940-1945, se originó en un caso histórico casi único: la

desproporción absoluta entre la leyenda artificialmente creada

alrededor de un nombre, y las verdaderas capacidades del hombre

insignificante que poseía ese nombre, un individuo a quien la cultura no

le puso obstáculos".122

Esta fórmula perfecta se aplica tanto a Hitler como a Mussolini: la

misma desproporción entre la leyenda y las capacidades; la misma

carencia de "cultura" en los dos aventureros mediocres con pasados

casi idénticos. La única explicación de sus carreras relámpago es su

habilidad para arengar a las masas, un talento que los lanzó a la

publicidad.

Hoy la imagen del Fuhrer en las pantallas de Alemania causa risa,

demostrando que esa leyenda se creó artificialmente.

Pero, ¿no fue por su obvia inferioridad que esos "hombres

providenciales" fueron escogidos para elevarlos al poder? En realidad,

esa misma carencia de cualidades personales se ve en todos los que el

papado escogió como sus defensores.

En Italia y Alemania había verdaderos gobernantes, líderes

auténticos, capaces de empuñar el timón y gobernar, sin recurrir al

"místico" delirante. Pero, eran demasiado brillantes en lo intelectual y

no muy maleables. El Vaticano —en especial el "papa negro", von

Ledochowski— no hubiera podido sujetarlos "como bastón de mando

en su mano", de acuerdo con la apasionada fórmula, obligándolos a

servir para sus propósitos a todo costo, hasta enfrentar la catástrofe.

Ya vimos que los emisarios de la Santa Sede, prometiéndole poder al

revolucionario Mussolini, lo manejaron a su gusto como cuando se da

vuelta a un guante.

El inflexible Hitler resultó igual de maleable. El plan original de

Ledochowski era crear una federación de naciones católicas en el


122. Conde Cario Sforza, "L'Italie telle queje Tai vue"

(París: Grasset, 1946), p. 158.


184 La Historia Secreta de los Jesuítas


centro y este de Europa, con el predominio de Baviera y Austria

(gobernadas por el jesuíta Seipel). A Baviera se le separó de la

república alemana de Weimar —y, como por casualidad, el agitador

Hitler, de origen austríaco, fue entonces un separatista bávaro.

Sin embargo, la posibilidad de organizar la federación y colocar a un

Hapsburgo a la cabeza fue disminuyendo. Mientras, el monseñor

Pacelli, el nuncio que fue de Munich a Berlín, cada vez estaba más

consciente de la debilidad de la república alemana por el escaso apoyo

de los aliados. Entonces, nació en el Vaticano la esperanza de tomar el

control de Alemania en general, modificándose el plan de acuerdo a la

necesidad:

"Tenía que impedirse la hegemonía de la Prusia protestante y, puesto

que el Reich debía dominar a Europa —para eliminar el federalismo de

los alemanes—, debían reconstituir un Reich en el que los católicos

fueran los amos".!23

Eso fue suficiente. Cambiando por completo junto con sus "camisas

marrones", Hitler —que hasta entonces había sido separatista bávaro—,

de la noche a la mañana se convirtió en el inspirado Apóstol del Gran

Reich.


123. "Pius XI y Hitíer", en "Mercare de France" (15 de enero de 1934).